AUTOR DEL BLOG DE LA UNIVERSIDAD DE DOGOMKA

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El cielo me ha fascinado desde que tuve uso de razón. A los 13 años de edad realicé un trabajo sobre el Sistema Solar en la escuela y gané un premio, mi tía Paqui me obsequió con mi primer libro de astronomía, escrito por José Comás Solá, estudiando este libro, nació mi vocación por la astronomía. Cada noche salía al campo para identificar y conocer las estrellas, solía llevar conmigo unos binoculares y pasaba largas horas viendo el firmamento. Mi madre me regaló mi primer telescopio. Me formé como matemático y estudié complementos de astronomía posicional y astrofísica teórica, colaboré escribiendo artículos tanto en inglés como en español para tres revistas: «Sky and Telescope» (EE.UU.); «The Astronomer» (R.U.) y «Tribuna de Astronomía» (España) entre 1982 y 1988. Actualmente tengo 62 años y he realizado un posgrado sobre Historia de la Ciencia, su filosofía y lógica en la UNED y estoy prejubilado.

sábado, 3 de enero de 2026

[1] LAS CONSTELACIONES DEL CAN MAYOR Y CAN MENOR como nunca la has visto: MITOS Y LEYENDAS

Can Mayor y Can Menor


Desde tiempos remotos, en la prehistoria, el perro ha demostrado ser un fiel compañero del hombre, es inevitable, por tanto, que la tradición astrológica los tuviese en cuenta a la hora de configurar las constelaciones. Es por lo que hay una constelación dedicada a un gran perro (Can Major) y otra dedicada a un pequeño perro (Can Minor) en el cielo invernal y muy próximas a Orión.

Can Mayor (Canis Maior)

Mitología clásica



En la tradición grecorromana, Can Mayor es el perro de caza que lleva consigo Orión, el gran cazador. Existen varias versiones: en unas, es simplemente uno de sus perros de caza; en otras, se le identifica con Lélaps, un perro mítico destinado a capturar siempre a su presa. Esta condición de cazador infalible refuerza la asociación simbólica entre la constelación, la persecución y la potencia instintiva. 

El protagonismo absoluto de la constelación recae en Sirio, “la estrella del perro” (Seirios, “abrasador” o “ardiente”), cuyo brillo excepcional hizo que fuese percibida desde la Antigüedad como una presencia casi peligrosa en el cielo. Los sabios griegos consideraban que la conjunción del Sol con Sirio se reforzaba el calor de nuestra estrella hasta secar la tierra, son los días de la Canícula”.

En el cielo, el Can Mayor persigue a la liebre que se encuentra bajo Orión.

Simbolismo

Can Mayor encarna la fuerza primaria, el impulso vital y la energía desbordante, a veces benéfica y a veces destructiva. El perro no es aquí solo un compañero fiel, sino una criatura poderosa, asociada al calor extremo, la violencia del verano y las pasiones exacerbadas.

Esta dimensión simbólica se cristaliza en la idea de los “días caniculares”, el periodo más caluroso del año, que comienza con la salida helíaca de Sirio. Durante estos días se creía que aumentaban las enfermedades, la locura y los conflictos, pero también la fertilidad y la fuerza vital de la naturaleza.

Historia y tradición cultural

En el Antiguo Egipto, Sirio (Sopdet para los egipcios, Sothis para los griegos) tenía un valor extraordinario: su salida heliaca coincidía con la crecida anual del Nilo, fundamento de la vida agrícola. Así, Can Mayor quedó vinculado no solo al calor, sino al renacimiento, la regeneración y el orden cósmico. Sirio estaba asociado a Isis, diosa de la vida y la resurrección.

En el mundo grecorromano, en cambio, predominó una visión más ambivalente: Sirio traía tanto luz como calamidad. Esta dualidad convirtió a Can Mayor en símbolo de una energía cósmica excesiva, que debe ser dominada o encauzada.

Can Menor (Canis Minor)

Mitología clásica

El can menor aparece sobre la figura del unicornio, al sur está la antigua constelación de la máquina tipográfica, hoy inexistente, el can mayor figura a la derecha y abajo del unicornio (Monoceros).


Can Menor es el segundo perro de Orión, más pequeño y discreto. En algunas tradiciones se identifica con Mera, el perro del viticultor Icario, cuya muerte injusta provocó la desesperación de su hija Erígone. Zeus habría colocado al perro en el cielo como constelación, reforzando su carácter de testigo fiel del sufrimiento humano.

Su estrella principal, Proción (“quien antecede al perro”), sale antes que Sirio, como anunciando su llegada. Esto ya sugiere un simbolismo de anticipación y advertencia.

Simbolismo

Frente a la energía desbordante de Can Mayor, Can Menor representa una fidelidad silenciosa, una vigilancia constante pero menos agresiva. Es el perro atento, el que presiente antes que actúa.

Proción se asocia a la prudencia, a la inteligencia práctica y a la alerta temprana. No quema como Sirio, sino que avisa. En términos simbólicos, Can Menor encarna la razón instintiva, el equilibrio entre emoción y control.

Historia y tradición cultural

Can Menor tuvo siempre un papel secundario en la astronomía antigua, pero no por ello irrelevante. Su discreción reforzó su carácter simbólico: no es la constelación del exceso, sino de la moderación.

En la tradición helenística y medieval, Proción fue considerada una estrella de naturaleza mixta (Mercurio–Marte), asociada a la astucia, la capacidad de anticipación y, en ocasiones, a la inquietud mental.


Simbolismo conjunto: los dos perros celestes


Estos no son los únicos perros que hay en el cielo, la pequeña constelación de los Lebreles (Canes Venatici) situada bajo el carro de la Osa Mayor indica la existencia de otros dos perros de caza o lebreles.

Can Mayor y Can Menor forman una pareja simbólica profundamente coherente:

  • Can Mayor / Sirio: fuerza, fuego, exceso, vida y destrucción.

  • Can Menor / Proción: advertencia, mesura, fidelidad reflexiva.

Ambos siguen a Orión, figura del héroe trágico, lo que refuerza la lectura de los perros como instintos que acompañan al ser humano: uno impetuoso y peligroso, otro atento y protector.

En conjunto, representan una visión antigua pero muy sofisticada de la condición humana: la necesidad de dominar la energía vital sin apagarla, de escuchar tanto al impulso como a la advertencia.

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