AUTOR DEL BLOG DE LA UNIVERSIDAD DE DOGOMKA

Mi foto
El cielo me ha fascinado desde que tuve uso de razón. A los 13 años de edad realicé un trabajo sobre el Sistema Solar en la escuela y gané un premio, mi tía Paqui me obsequió con mi primer libro de astronomía, escrito por José Comás Solá, estudiando este libro, nació mi vocación por la astronomía. Cada noche salía al campo para identificar y conocer las estrellas, solía llevar conmigo unos binoculares y pasaba largas horas viendo el firmamento. Mi madre me regaló mi primer telescopio. Me formé como matemático y estudié complementos de astronomía posicional y astrofísica teórica, colaboré escribiendo artículos tanto en inglés como en español para tres revistas: «Sky and Telescope» (EE.UU.); «The Astronomer» (R.U.) y «Tribuna de Astronomía» (España) entre 1982 y 1988. Actualmente tengo 62 años y he realizado un posgrado sobre Historia de la Ciencia, su filosofía y lógica en la UNED y estoy prejubilado.

martes, 1 de septiembre de 2026

[2] LAS CONSTELACIONES DE CISNE Y LIRA como nunca la has visto: LOS MITOS DE LA CONSTELACIÓN DE LA LIRA

El origen divino: La travesura de Hermes y el pacto con Apolo



El mito de la constelación de la Lira comienza mucho antes de Orfeo, vinculándose directamente con el ingenio de los dioses del Olimpo. El protagonista de su creación es Hermes, el dios mensajero, de los ladrones y del comercio. En Roma, conocido como Mercurio.
  • El robo del ganado: Apenas unas horas después de haber nacido en una cueva del monte Cilene, el infante Hermes escapó de su cuna y decidió robar cincuenta vacas sagradas que pertenecían a su hermano Apolo, el dios del sol, la profecía y las artes. Para no dejar huellas, Hermes calzó a los animales con sandalias de corteza de roble caído (corcho) combinado con ramas de mirto y tamarisco, calzado que él también utilizó y los condujo hacia atrás, de esta manera evitó hacer ruido y dejar huellas.
  • La invención del instrumento: De regreso a su cueva, el ingenioso dios encontró una tortuga terrestre cerca de la entrada. Hermes mató al animal, vació el caparazón y tensó sobre la cavidad, siete cuerdas hechas con tripas de las vacas que acababa de sacrificar (el número siete honraba a las Pléyades, las siete hijas de Atlas, entre las cuales se encontraba su madre, Maya). Al pulsar las cuerdas, descubrió que emitían un sonido celestial jamás escuchado en la Tierra.
  • El intercambio mitológico: Cuando Apolo descubrió el robo gracias a sus dotes de adivinación, enfureció y rastreó a Hermes hasta su cueva. Sin embargo, antes de que pudiera castigarlo, Hermes comenzó a tocar la lira recién inventada. El sonido era tan dulce, armónico y conmovedor que Apolo, dios de la música, quedó tan completamente hechizado que olvida el enfado, Apolo propuso un trato: a cambio del ganado robado y del control sobre el pastoreo, Hermes le entregaría la lira de forma permanente. Desde ese día, la lira se convirtió en el atributo principal de Apolo.

La era de Orfeo: El nacimiento del músico supremo
Apolo transmitió este maravilloso instru-mento a Orfeo, su hijo (en otras versiones, Orfeo es hijo del rey tracio Eagro) y de la musa Calíope, la protectora de la poesía épica y la elocuencia. Bajo la tutela de sus padres, Orfeo no solo dominó la lira, sino que expandió todas sus capacidades musicales a niveles casi divinos.
[ Hermes ] (Crea la lira a partir de una tortuga)
▼ (Intercambio por ganado)
[ Apolo ]
▼ (Regalo de padre a hijo)
[ Orfeo ] ──
(Amansa la naturaleza e influye en el Inframundo)
  • El poder sobre la materia: La música de Orfeo poseía propiedades mágicas que desafiaban las leyes de la física y de la naturaleza. Cuando tocaba la lira y cantaba, los animales salvajes salían de sus guaridas para sentarse pacíficamente a sus pies; los árboles arrancaban sus raíces del suelo para acercarse y darle sombra; las rocas se ablandaban y los ríos alteraban su curso natural para no interrumpir el eco de sus melodías.
  • La expedición de los Argonautas: Orfeo puso su arte al servicio de los héroes de Grecia al unirse a la expedición de Jasón en busca del Vellocino de Oro. Su lira fue el arma defensiva más eficaz de la tripulación a bordo de la nave Argo:
    • Calmar las tempestades: Cuando las olas amenazaban con destruir el barco, el ritmo de su lira apaciguaba el mar agitado.
    • Vencer a las Sirenas: Al navegar cerca de la isla de las Sirenas, cuyos cantos hipnóticos atraían a los marineros hacia una muerte segura en los arrecifes, Orfeo tomó su lira e interpretó una melodía tan fuerte, bella y pura que ahogó las voces de los monstruos, salvando a toda la tripulación (excepto a Butes, que saltó al agua antes de tiempo).
    • Dormir al dragón: En la Cólquide, la música rítmica de su lira ayudó a adormecer al monstruo insomne que custodiaba el Vellocino de Oro.

El descenso al Hades: Amor, pérdida y desobediencia
El núcleo trágico de la constelación se forja con el romance entre Orfeo y la ninfa Eurídice. Su felicidad fue efímera; poco después de la boda, Eurídice fue perseguida por el pastor Aristeo, quien intentó violarla. Mientras huía a través de un prado, la joven pisó accidentalmente una víbora venenosa oculta en la hierba. La mordedura fue mortal, y su alma descendió de inmediato al reino tenebroso del Inframundo.
[Muerte de Eurídice] ➔ [Descenso al Hades] ➔ 
[Pacto con los Dioses] ➔ [La Mirada Fatal] ➔ [Pérdida Eterna]
  • La invasión del reino de los muertos: Destrozado por el dolor, Orfeo tomó la osada decisión de descender vivo al Hades a través de la entrada de Ténaro. Su único escudo y llave de acceso fue su lira de siete cuerdas.
  • El ablandamiento del Inframundo: A medida que Orfeo avanzaba por las sombras entonando cantos de desolación, la geografía del Inframundo se detuvo:
    • El barquero Caronte lloró y accedió a cruzarlo gratis por el río Estigia.
    • El temible perro de tres cabezas, Cerbero, agachó las orejas y lo dejó pasar pacíficamente.
    • Los castigos eternos del Tártaro se suspendieron temporalmente: Tántalo olvidó su sed, la rueda de Ixión dejó de girar, las Danaides pausaron su tarea de llenar el barril sin fondo y Sísifo se sentó sobre su roca a escuchar el llanto musical.
  • La audiencia ante los Reyes: Finalmente, llegó ante los tronos de Hades y Perséfone. Orfeo arrodilló su cuerpo y pulsó las cuerdas de su lira, cantando sobre cómo el amor lo había llevado hasta allí y suplicando que le devolvieran el hilo de la vida de Eurídice. Perséfone lloró lágrimas de hierro y el mismísimo Hades, conocido por su corazón implacable, se conmovió.
  • El tabú impuesto: Los gobernantes concedieron la petición, pero con una estricta condición de carácter ritual: Orfeo debía caminar de regreso hacia el mundo de los vivos guiando a Eurídice, quien marcharía detrás de él. Bajo ningún concepto Orfeo debía girar la cabeza para mirarla antes de que los rayos del sol de la superficie los hubieran bañado por completo a ambos.
  • El giro fatal: El viaje de retorno fue largo, silencioso y empinado. Orfeo caminaba conteniendo el aliento, escuchando apenas los sutiles pasos flotantes del espectro de su esposa. Cuando el músico divisó la salida y la luz del día acarició su rostro, la impaciencia, el miedo a haber sido engañado por los dioses y la desesperada necesidad de verificar que ella realmente lo seguía lo dominaron. Giró la cabeza. Eurídice todavía se encontraba en la penumbra del túnel; sus ojos se encontraron un milisegundo antes de que ella fuera arrastrada con violencia hacia atrás por las fuerzas del abismo, desvaneciéndose como el humo en el aire mientras pronunciaba un último e inaudible «Adiós».

Muerte de Orfeo y el Catasterismo
Orfeo intentó regresar al Inframundo por segunda vez, pero esta vez Caronte le negó el paso con firmeza. Pasó siete días ayunando a la orilla del río, y luego se retiró a las frías montañas de Tracia.
El rechazo del músico

Sumido en una profunda depresión, Orfeo abandonó el culto a todos los dioses olímpicos excepto a su benefactor, Apolo (a quien identificaba con el Sol). Asimismo, rechazó la compañía de las mujeres de Tracia y prohibió el amor femenino en sus círculos.

La furia de las Ménades

Durante una celebración nocturna de los misterios de Dioniso (Baco), un grupo de mujeres tracias conocidas como las Ménades o Bacantes, enfurecidas por el desprecio de Orfeo y su rechazo a sus rituales, se abalanzaron sobre él en un estado de frenesí místico.

El descuartizamiento

Las Ménades lo atacaron con piedras y flechas, pero inicialmente los proyectiles caían al suelo desarmados por la belleza de la música que emanaba de su lira. Finalmente, las mujeres gritaron con tanta fuerza que ahogaron el sonido del instrumento, logrando despedazar el cuerpo de Orfeo y arrojando sus miembros al entorno.

El milagro del río Evros

Las asesinas arrojaron la cabeza degollada de Orfeo y su amada lira a las aguas del río Evros. Mientras flotaban corriente abajo hacia el mar Egeo, la lengua muerta de Orfeo seguía murmurando el nombre de Eurídice, y las cuerdas de la lira vibraban solas, emitiendo una melodía fúnebre que hacía llorar a las rocas de las orillas. Los restos llegaron hasta la isla de Lesbos, donde los ciudadanos enterraron la cabeza en una cueva (que se convirtió en un oráculo) y guardaron el instrumento en un templo.

El ascenso celestial

Al enterarse de la tragedia, el dios del Olimpo
Zeus (o el propio Apolo, según la versión) decidió que un objeto de arte tan sublime y cargado de historia no podía desaparecer del mundo. Envió a un águila (asociada a la constelación vecina de Aquila) para recuperar la lira. Zeus la elevó al firmamento y ejecutó el catasterismo, convirtiéndola en la constelación de la Lira para que la humanidad recordara siempre el trágico amor de Orfeo, el poder unificador de la música y las duras consecuencias de desobedecer los mandatos de los dioses.
Hoy en día, la estrella más brillante de esta constelación es Vega, la quinta estrella más luminosa de todo el cielo nocturno y una de las esquinas del famoso asterismo del Triángulo de Verano, sirviendo como el ojo brillante que corona el antiguo instrumento musical tracio. Vega es la estrella que domina los cielos estivales desde el cénit.

No hay comentarios: