AUTOR DEL BLOG DE LA UNIVERSIDAD DE DOGOMKA

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El cielo me ha fascinado desde que tuve uso de razón. A los 13 años de edad realicé un trabajo sobre el Sistema Solar en la escuela y gané un premio, mi tía Paqui me obsequió con mi primer libro de astronomía, escrito por José Comás Solá, estudiando este libro, nació mi vocación por la astronomía. Cada noche salía al campo para identificar y conocer las estrellas, solía llevar conmigo unos binoculares y pasaba largas horas viendo el firmamento. Mi madre me regaló mi primer telescopio. Me formé como matemático y estudié complementos de astronomía posicional y astrofísica teórica, colaboré escribiendo artículos tanto en inglés como en español para tres revistas: «Sky and Telescope» (EE.UU.); «The Astronomer» (R.U.) y «Tribuna de Astronomía» (España) entre 1982 y 1988. Actualmente tengo 62 años y he realizado un posgrado sobre Historia de la Ciencia, su filosofía y lógica en la UNED y estoy prejubilado.

domingo, 26 de octubre de 2025

[6] EL FINAL DE UNA ERA: LAS PROFUNDAS PREOCUPACIONES DE LA VIDA COTIDIANA. Carlos Castaneda está siendo transformado por el infinito.

CARLOS CASTANEDA SE ENFRENTA AL FIN DE UNA ERA. UNA METAMORFOSIS PROVOCADA POR FUERZAS DEL INFINITO QUE PULVERIZARÁN SU PERSONA.


1. SOBRE EL EJERCICIO DE RECAPITULACIÓN

Fui a Sonora a ver a don Juan. Tenía que hablar con él acerca de un acontecimiento de enorme gravedad que me acosaba en aquel momento. Necesitaba su consejo. 

Cuando llegué a su casa, apenas lo saludé. Me senté y comencé a decirle de buenas a primeras lo que me pasaba. 

-Cálmate, cálmate -dijo don Juan-. Nada puede ser tan grave. 

-¿Qué es lo que me está pasando, don Juan? -le pregunté. 

Era una pregunta retórica de mi parte. 

-Son los efectos del infinito -contestó-. Algo le pasó a la forma en que percibes, el día que me conociste. Tu sensación de nerviosismo se debe a la realización subliminal de que se te ha acabado el tiempo. Tienes conciencia de ello, pero no estás deliberadamente consciente. Sientes la ausencia de tiempo y es lo que te hace impaciente. Lo sé porque me pasó a mí y a todos los chamanes de mi linaje. En un momento dado, una era entera de mi vida, o de sus vidas, terminó. Ahora te toca a ti. Simplemente se te ha acabado el tiempo. 

Exigió entonces un recuento total de todo lo que me había pasado. Me dijo que tenía que ser completo, sin omisión de ningún detalle. No buscaba bosquejos. Quería que le presentara el impacto total de lo que me estaba molestando. -Vamos a hacer esta conversación, como dicen en tu mundo, al pie de la letra -me dijo-. Vamos a entrar en el reino de las conversaciones formales. 

Don Juan explicó que los chamanes del México antiguo habían concebido la idea de conversaciones formales versus conversaciones informales, y utilizaban ambas como medios para enseñar y guiar a sus discípulos. Las conversaciones formales consistían para ellos, en resúmenes que hacían de vez en cuando de todo lo que les habían enseñado o dicho a sus discípulos. 

Las conversaciones informales eran elucidaciones diarias en las cuales las cosas se explicaban con referencia sólo al fenómeno que se examinaba en ese momento. -Los chamanes no se guardan nada para sí -continuó-. El vaciarse de esta manera es una maniobra chamanística. Los conduce a abandonar la fortaleza del yo. 


1. COMENTARIO SOBRE LA RECAPITULACIÓN

En la naturaleza física de las cosas, hay situaciones o fenómenos que hacen inestable un estado y llegado a un umbral, se produce un efecto que propicia el cambio hacia un nuevo estado.

Hablando de consciencia, algo que escapa a los científicos, desde los filósofos analíticos hasta los expertos en neurobiología.

La consciencia se basa en la percepción, pero ya sabemos, por las enseñazas de don Juan, que hay más capacidad de percepción más allá se los sentidos habituales, hay una acción de «ver la energía tal y como fluye en el universo» que es realizada a través de fibras y multifibras que parten desde puntos concretos de nuestra arquitectura energética, el ser humano no es sólo el cuerpo físico que observamos, es un ente energético autoconsciente y dinámico.

Cuando don Juan dice: «Se te ha acabado el tiempo» significa que el estado energético habitual de Carlos ya no es estable, como consecuencia de los ejercicios chamánicos ya realizados durante meses si no, años. 

Hay una sobrecarga y la estructura se vuelve inestable, en consecuencia, es necesario trabajar el ejercicio de la recapitulación, que don Juan, aquí identifica como «una conversación formal».

El ejercicio de recapitulación consiste en partir desde un punto histórico concreto e ir reviviendo con todo lujo de detalles las experiencias del pasado (por nimias que sean y de manera exhaustiva), lo ideal es comenzar desde el ahora y llegar hasta el origen de nos.

Esto es algo realmente complejo e inabordable, por mi parte, yo lo he realizado de manera parcial, me he ayudado a partir de diarios, pero no lo he realizado como normativamente recomienda don Juan.

La vida continúa y ese punto del que hay que partir siempre se está moviendo, por ello, comenzar, siempre se comienza de un punto cada vez más lejano del origen de nuestras experiencias vitales.

La recapitulación tiene una gran recompensa: por un lado, limpiamos nuestra estructura energética al completo, nos quitamos esas energías ajenas de otras personas o entes que tenemos en sus diversos grados (trazas, anclajes, cristalizaciones, estructuras geométricas) y las disolvemos, de esa manera, recibimos automáticamente y mediante intercambio con el infinito las energías que nos han sido robadas, reintegrándolas en nuestro ser, gracias a esa recaptación energéticas se abren nuevas posibilidades para nuestras capacidades humanas desconocidas como la percepción amplia (el ver la energía subyacente y realidad) y nos preparamos para actuar sobre nuestro campo energético, convirtiéndonos en seres dinámicos.

Es importante que tengan en cuenta que el proceso de recapitulación tiene los siguentes puntos a realizar:

1. Tomado un recuerdo concreto, nos giramos la cabeza suavemente hacia la izquierda y recreamos el escenario. Tomamos aire en profundidad mientras completamos el recuerdo.

2. Giramos la cabeza, suavemente, hacia la derecha y expulsamos el aire en su totalidad, disolviendo el recuerdo para borrarlo.

3. Continuamos con el siguiente recuerdo, inmediatamente anterior a éste.


2. IDENTIDAD Y ESPEJOS

Empecé mi relato, diciéndole a don Juan que las circunstancias de mi vida jamás me habían permitido ser introspectivo. Cuanto más me remontaba en mi pasado, más recordaba que mi vida cotidiana había estado llena de problemas pragmáticos que exigían una resolución inmediata. 

Recuerdo que mi tío predilecto me dijo que estaba horrorizado al darse cuenta de que nunca había yo recibido un regalo de Navidad o de cumpleaños. Yo había ido a vivir a casa de la familia de mi padre poco antes de que mi tío me dijera eso. Me habló en tono compasivo de lo injusto de mi situación. Hasta se disculpó, aunque él no tenía nada que ver con el asunto. 

-Es horripilante, chico -dijo moviendo la cabeza-. Quiero que sepas que te apoyo cien por ciento cuando llegue el momento de las reparaciones. Insistió una y otra vez que tenía que perdonar a los que me habían hecho esos desagravios. Por lo que él me decía, supuse que quería que me enfrentara a mi padre con el hallazgo, y que lo acusara de indolencia y descuido, y luego, claro, que lo perdonara. 

Lo que él no había notado era que yo no me sentía para nada agraviado. Lo que él me pedía exigía una naturaleza introspectiva que me hiciera responder a los malestares provenientes del abuso psicológico, una vez que me los hubieran señalado. Le aseguré a mi tío que iba a pensarlo, pero no en ese momento, porque en ese instante mi novia estaba en la sala esperándome y haciéndome señas desesperadas de que me apresurara. Nunca tuve oportunidad de pensarlo, pero mi tío debe de haber hablado con mi padre, porque recibí un regalo de él, un paquete bien envuelto, con listón y todo, y una tarjetita que decía: «Lo siento”. 

Con gran curiosidad, rompí ávidamente la envoltura. Había una caja de cartón, y dentro, un juguete precioso, un barquito con una llave de cuerda atada al tubo de vapor. Era un juguete para jugar en la tina a la hora del baño. Mi padre había olvidado por completo que yo ya tenía quince años y que era un hombre hecho y derecho. Como había llegado a la edad de la madurez todavía incapaz de verdadera introspección, me era novedoso, años después, encontrarme en medio de una agitación emotiva muy extraña que parecía incrementar con el paso del tiempo. 

Lo dejé a un lado, atribuyéndolo a los procesos naturales de la mente o del cuerpo, que entran en acción de vez en cuando sin ninguna razón aparente, o quizá como resultado de los procesos bioquímicos del cuerpo mismo. No le di importancia. Sin embargo, la agitación seguía creciendo y la presión fue tal que me forzó a creer que había llegado a un momento de mi vida en la que necesitaba un cambio drástico. Había algo en mí que exigía un nuevo arreglo. Esta urgencia de hacer cambios era conocida. La había experimentado antes, pero había estado apagado durante mucho tiempo. 

Estaba comprometido con el estudio de la antropología, y este compromiso era tan fuerte que la idea de no estudiar antropología nunca formó parte de los cambios drásticos que me proponía. Lo primero que me vino a la cabeza era que necesitaba cambiar de universidad, irme lejos de Los Ángeles. Antes de hacer un cambio de esa magnitud, quería ponerlo a prueba. Me inscribí en un programa de verano de una universidad en otra ciudad. El curso de mayor importancia para mí, era uno de antropología dictado por la máxima autoridad sobre los indios de la región andina. 

Estaba yo con la idea de que si enfocaba mis estudios sobre un área que me fuera accesible emocionalmente, tendría mejor oportunidad de hacer mi trabajo de campo antropológico al momento debido. Concebí que mi conocimiento de América del Sur iba a otorgarme mayor acceso a cualquier sociedad indígena de esa región. 

Al inscribirme, conseguí simultáneamente un trabajo como asistente de investigación con un psiquiatra, el hermano mayor de uno de mis amigos. Él quería hacer un análisis de contenido basado en extractos de algunas grabaciones con jóvenes, preguntas y respuestas sobre problemas de exceso de estudio, expectativas no logradas, falta de comprensión en el ambiente del hogar, amores frustrados, etc. 

Las grabaciones tenían más de cinco años y se iban a destruir, pero antes, se les asignaron a cada carrete de cintas cifras al azar, y siguiendo una tabla, el psiquiatra y sus asistentes recogían carretes y examinaban los extractos que podían ser analizados. 

Durante el primer día de clase en la nueva universidad, el profesor de antropología habló sobre sus credenciales y preparación académica, y deslumbró a los estudiantes con el ámbito de su conocimiento y sus publicaciones. 

Era un hombre alto, delgado, de unos cuarenta años de edad, de furtivos ojos azules. Lo que más me llamó la atención de su apariencia era que sus ojos se veían enormes detrás de los lentes de aumento para el astigmatismo, y que cada uno de sus ojos daba la impresión de ir en dirección opuesta del otro al mover la cabeza y al hablar. Sabía que no podía ser verdad; sin embargo, era una visión bastante desconcertante. Iba muy bien vestido, sobre todo para un antropólogo, que en aquel tiempo eran conocidos por su forma de vestir informal. 

Los estudiantes describían a los arqueólogos, por ejemplo, como criaturas perdidas en fechado de carbono-14 que nunca se bañaban. Sin embargo, por razones que ignoraba, lo que en verdad lo hacía diferente no era su apariencia física ni su erudición, sino su modo de hablar. Pronunciaba cada palabra con una claridad sin par, haciendo énfasis en ciertas palabras al alargarlas. Tenía una entonación marcadamente extranjera, pero sabía yo que era una afectación. Pronunciaba ciertas frases como un inglés, y otras como un predicador fundamentalista. A pesar de su tremenda pomposidad, me fascinó desde un principio. Su importancia personal era tan obvia, que dejaba de ser problema pasados los primeros cinco minutos de clase, las cuales siempre eran muestras rimbombantes de conocimiento, basadas en las aserciones más descaradas de sí mismo. Su dominio sobre el foro era estupendo. Todos los estudiantes con los que hablé le tenían la más grande admiración a este extraordinario hombre. Sinceramente, pensé que todo iba muy bien y que el cambio a otra universidad y a otra ciudad iba ser fácil e inocuo, pero totalmente positivo. 

Me gustó mi nuevo ambiente. En el trabajo, me entregué totalmente a escuchar las grabaciones; a tal extremo, que me metía a escondidas en la oficina para escuchar, no los extractos, sino las grabaciones enteras. Lo que al principio me fascinó sin medida, era el hecho de que me oía a mí mismo en cada grabación. Al correr de las semanas y al haber escuchado más grabaciones, mi fascinación se convirtió en horror. Cada oración que se decía, incluso las preguntas del psiquiatra, era mía. Esas personas hablaban desde mis entrañas. La repugnancia que experimentaba era algo nuevo para mí. Nunca había imaginado que yo podía ser repetido interminablemente en cada hombre o mujer que oía hablar en esas grabaciones. 

El sentido de individualidad que se me había inculcado desde el momento de nacer, se desmoronó sin esperanza alguna bajo el impacto de este descubrimiento colosal. Empecé entonces el proceso odioso de tratar de restaurarme a mí mismo. Inconscientemente, hice un torpe intento de introspección; traté de salir de mi estado hablando a solas interminablemente. Repasé mentalmente todas las racionalizaciones posibles que apoyaran mi sentimiento de unicidad, y luego me hablé en voz alta acerca de ellas. Hasta experimenté algo bastante revolucionario; me despertaba a mí mismo hablando en voz alta en mis sueños, discutiendo mi valor y mi unicidad. 

2. COMENTARIO SOBRE IDENTIDAD Y ESPEJOS

Cuando Carlos Castaneda comienza a escuchar las grabaciones donde se han entrevistado a indios de la zona para hacer un estudio del estado en el que viven y sus características, Carlos se autoidentifica no con uno, ni con dos, sino con todos, sean hombres o mujeres, hay respuestas repetidas una y otra vez, hay una identidad global reflejada por múltiples espejos.

Aquí, estamos ante una mente única, que no es nuestra, se trata de la mente básica que el foráneo nos esculpe a la fuerza en los primeros tiempos de nuestra infancia.

Este sentimiento lo sobrecoge y da como resultado la natural reacción que todo ser humano sufre ante los foráneos, ganas de vomitar, malestar, temblor, ansias, etc. El reconocimiento de la naturaleza foránea nos vuelve completamente fóbicos y reaccionamos como el que reacciona a una toxina.

3. UN AFFAIR SEXUAL

Luego, un día horripilante, sufrí otro golpe mortal. Durante la madrugada, me despertó un insistente golpe en la puerta. No era un toque tímido, gentil, sino lo que mis amigos llamaban un «golpe Gestapo». La puerta estaba por caerse. Salté de la cama y espié por la ranura. La persona que tocaba era mi jefe, el psiquiatra. Como yo era amigo de su hermano menor, se había creado una vía de comunicación con él. Se había vuelto mi amigo sin más ni más, y allí estaba, en mi umbral. Encendí las luces y abrí la puerta. -Por favor, pase -dije-. ¿Qué pasó? Eran las tres de la mañana y, por su aspecto lívido y sus ojos hundidos, sabía que algo andaba mal. Entró y se sentó. Su orgullo y deleite, la cabellera de largo pelo negro, le caía sobre la cara. No hizo ningún esfuerzo por peinarse, como siempre lo hacía. Me gustaba mucho porque era la versión mayor de mi amigo en Los Ángeles, con sus cejas negras y gruesas, sus ojos penetrantes color castaño, su mandíbula cuadrada y sus labios gruesos. Su labio superior parecía tener un pliegue doble por dentro y a veces, cuando sonreía, parecía tener un doble labio superior. Siempre hablaba de la forma de su nariz, que describía como nariz impertinente y agresiva. Yo lo veía como alguien que tenía muchísima confianza en sí mismo. Según él, esas cualidades eran lo importante en su profesión. -¡Qué pasó! -repitió en tono de burla, el doble labio superior temblándole incontrolablemente-. 

Cualquiera puede ver que esta noche me pasó todo. Se sentó en una silla. Parecía estar mareado, desorientado, buscando palabras. Se levantó y se fue al sofá, casi cayendo sobre él. -No sólo me cargo la responsabilidad de mis pacientes -siguió-, la de mi beca de investigación, la de mi mujer y mis hijos, sino que ahora se me viene encima otro maldito problema, y lo que me jode es que es por mi propia culpa, por mi estupidez en poner mi confianza en una puta de mierda. 

«Escúchame bien, Carlos -continuó-, no hay nada más horrendo, repugnante, asqueroso, carajo, que la insensibilidad de las mujeres. ¡Yo no odio a las mujeres, tú bien lo sabes! Pero en este momento, me parece que todos los coños son eso, simplemente coños. Hipócritas y viles. No sabía qué decir. Lo que me estaba diciendo no se podía ni afirmar ni contradecir. De cualquier manera, no me hubiera atrevido a contradecirlo. No tenía las armas. Estaba muy cansado. Quería volverme a dormir, pero él seguía hablando como si de ello le dependiera la vida. 

-Conoces a Teresa Manning, ¿no? -me preguntó de una manera agresiva y acusatoria. Por un instante, creí que me acusaba de andar en líos con su hermosa y joven estudiante-secretaria. Sin darme tiempo para responder, siguió hablando. 

-Teresa Manning es un culo. ¡Es una babosa! Una idiota desconsiderada que no tiene otra meta en la vida que cogerse a alguien que tenga un poco de fama o notoriedad. Yo la creía inteligente y sensible. Yo creía que tenía algo, alguna comprensión, alguna empatía, algo que uno quisiera compartir o mantener como algo precioso sólo para sí. No sé, pero ésa es la imagen que ella creó para mí, cuando en realidad es obscena y degenerada, y hasta pudiera añadir, irremediablemente grosera. 

Mientras continuaba hablando, una extraña visión empezó a formarse. Evidentemente el psiquiatra acababa de sufrir una mala experiencia con su secretaria. 

-Desde el día que vino a trabajar conmigo -siguió-, sabía que tenía una fuerte atracción sexual por mí, pero nunca se atrevió a decir nada. Se quedaba todo en insinuaciones y miradas. ¡Pero carajo! Esta tarde me cansé de todas las indirectas y las insinuaciones y me fui al grano. Me acerqué a su escritorio y le dije: «Yo sé lo que quieres y tú sabes lo que quiero”. Se enredó en un recuento elaborado de cuán agresivamente le había dicho que lo esperara en su apartamento frente a la universidad a las 11.30 p.m., y que él no cambiaba sus rutinas para nadie, que leía y trabajaba y bebía su vino hasta la una, y a esa hora se retiraba a su cuarto. Tenía un apartamento en la ciudad además de su casa en las afueras, en la cual vivía con su mujer y sus hijos.  -Tenía yo tal confianza en que este asunto iba a salir de maravilla, ser algo verdaderamente memorable -dijo con un hondo suspiro. Su voz adquirió el tono de alguien que está relatando algo íntimo-. Hasta le di la llave del apartamento -siguió y se le quebró la voz. »Muy sumisamente, llegó a las once y media -continuó-. Entró sola, con su propia llave, y como sombrita se metió en el cuarto. Eso me excitó terriblemente. Sabía que no me iba a dar la lata. Ella sabía el papel que le correspondía. A lo mejor se durmió sobre la cama. O se quedó mirando la tele. Yo me metí en mi trabajo y no me importó un pedo lo que hacía. Sabía que la tenía presa. »Pero al momento que entré en la alcoba -continuó, la voz tensa y contraída como si estuviera mortalmente ofendido-, Teresa saltó sobre mí como un animal y trató de agarrarme el pene. Ni me dio tiempo de dejar a un lado la botella y las dos copas que llevaba. Tuve suficiente cordura de dejar mis dos copas de cristal Baccarat sobre el piso sin romperlas. La botella saltó por el cuarto al agarrarme ella los cojones como si fueran piedras. Quería golpearla. Hasta lancé un grito de dolor, pero eso no la detuvo. Empezó a reír insensatamente porque creyó que yo me hacía el sexy y el gracioso. Lo dijo como para calmarme. Moviendo la cabeza con rabia contenida, dijo que la mujer estaba tan endemoniadamente ávida y era tan egoísta que ni siquiera tomó en cuenta que un hombre necesita un momento de reposo, necesita sentirse a gusto, en casa, en un ambiente agradable. 

En vez de demostrar la consideración y comprensión que su papel exigía, Teresa Manning le sacó los órganos sexuales del pantalón con la mano experta de alguien que lo ha hecho cientos de veces. 

-El resultado de toda esta mierda -dijo- fue que mi sensualidad huyó horrorizada. Me castró emotivamente. Mi cuerpo aborreció a esa puta mujer instantáneamente. Sin embargo, mi lujuria impidió que la echara a la calle. Dijo que entonces decidió que en vez de perder la partida a causa de su impotencia miserablemente, como sabía que le iba a pasar, tendría sexo oral con ella y la haría tener un orgasmo, estaría a su merced; pero su cuerpo había rechazado a esa vieja tan completamente que no pudo hacerlo. -

Esa mujer para mí ya no tiene nada de hermosa -dijo-, es más bien fea. Cuando está vestida, la ropa le esconde la gordura de las caderas. Hasta se ve bien. Pero cuando está desnuda es un costal de carne fláccida blanca. Lo esbelto que presenta cuando está vestida es una mentira. No existe. El veneno le salía al psiquiatra de formas que nunca me hubiera imaginado. Temblaba de rabia. Quería desesperadamente aparentar que tenía dominio sobre sí, pero fumaba un cigarrillo tras otro. Dijo que el sexo oral fue aún más horrendo y repugnante, y que estaba a punto de vomitar, cuando la puta le dio una patada en la panza, lo echó de su propia cama, y luego lo llamó puto impotente. A estas alturas de la narración, los ojos del psiquiatra ardían de odio. Le temblaba la boca. Estaba pálido. -Tengo que usar tu baño -dijo-. Quiero bañarme. Apesto. Créeme, traigo olor a puta. 

Estaba hecho un mar de llanto y yo hubiera dado todo por no estar allí. Quizás por mi fatiga, o por el tono mesmérico de su voz, o por la insensatez de la situación, pero todo creaba la ilusión de que lo que escuchaba no era la voz del psiquiatra, sino la de uno de los machos suplicantes de sus grabaciones, quejándose de problemas menores que se vuelven asuntos gigantescos al hablar obsesivamente de ellos. Mi martirio terminó como a las nueve de la mañana. Era hora de que me fuera a mi clase y hora para que él se fuera a ver a su propio psiquiatra. 

Me fui a clase lleno de una ardiente ansiedad y una enorme sensación de inutilidad e incomodidad. Allí, me dieron el golpe final, el golpe que causó el desmoronamiento de mi intento de llevar a cabo un cambio drástico. Ninguna parte de mi volición tuvo que ver con el desmoronamiento, que ocurrió no sólo como si hubiera sido proyectado, sino como si su progresión hubiera sido acelerada por una mano desconocida. El profesor de antropología empezó su discurso sobre un grupo de indios de la altiplanicie del Perú y de Bolivia, los aymará. Los llamaba los «ey-MEH-ra», alargando el nombre como si su pronunciación fuera la única acertada que existiera. Dijo que la elaboración de la chicha, que él pronunciaba «CHAI-cha», una bebida alcohólica elaborada de maíz fermentado, ocurría en el reino de una secta de sacerdotisas que eran consideradas semidiosas por los aymará. Dijo en tono de revelación, que aquellas mujeres tenían a su cargo el transformar el maíz cocinado en una pasta lista para la fermentación masticando y escupiéndolo, añadiendo de esta manera una enzima que se encuentra en la saliva humana. 

La clase entera gritó de horror contenido al oír la referencia a la saliva humana. El profesor parecía estar encantado. Daba risitas de alegría. Era la risa de un niño malicioso. Continuó diciendo que las mujeres eran masticadoras expertas y se refirió a ellas como las «masticadoras de chai-cha». 

Miró a la primera fila del aula donde se encontraba la mayoría de las jóvenes, y dio su golpe de gracia. -Tuve el pr-r-r-r-rivilegio -dijo con esa entonación extraña, casi extranjera- de que me invitaran a dormir con una de las masticadoras de chai-cha. El arte de masticar la pasta de chai-cha les desarrolla los músculos de la garganta y de las mejillas a tal extremo que pueden hacer maravillas. Miró al asombrado foro, haciendo una larga pausa, con interjecciones de risitas. -Estoy seguro de que comprenden a lo que me refiero -dijo-, y se puso histérico de risa. 

La clase se enloqueció con las insinuaciones del profesor. La charla fue interrumpida por no menos de cinco minutos de risa y un bombardeo de preguntas que el profesor se negó a contestar, causando más risas. Me sentí tan comprimido por la presión de las grabaciones, el relato del psiquiatra y las masticadoras de chai-cha del profesor, que de un solo arrebato dejé mi trabajo, dejé la universidad y me regresé a Los Ángeles.

-Lo que me pasó con el psiquiatra y con el profesor de antropología -le dije a don Juan-, me ha hundido en un estado emotivo desconocido. Lo único que se me ocurre es llamarlo introspección. Me he estado hablando a mí mismo sin parar. 

-Tu enfermedad es de algo muy sencillo -dijo don Juan sacudiéndose de risa. Aparentemente, mi situación le encantaba. Era un gusto que yo no compartía, porque no le veía la gracia. -Tu mundo se termina -dijo-. Es el final de una era para ti. ¿Crees que el mundo que has conocido toda tu vida te va a dejar, pacíficamente, sin más? ¡No! Va a estar revolcándose debajo de ti y dándote de golpazos con la cola.


3. COMENTARIO SOBRE AFFAIR SEXUAL

Toda vez que uno realiza la recapitulación, los eventos y experiencias vividos de manera consciente e incluso inconscientes, se vuelven amargamente extraños, porque uno busca un cierto alivio en la melancolía, en el bienestar de un tiempo ya vivido y memorable, pero que no es en realidad que una serie de experiencias profundamente repugnantes y vacías, carentes de sentido en nuestra actual consciencia.

Ciertamente la recapitulación modifica nuestra estructura energética al completo y nuestro ser, nuestra identidad, nuestra consciencia, queda a su vez, profundamente modificadas.

Eso es lo que don Juan define como «Tu mundo se termina» 

Sin embargo, si la recapitulación es incompleta, tiene sesgos o está mal hecha, no produce estos efectos tan dramáticos que Castaneda comenta, hay que pasar por esta experiencia para estar seguros de haber superado un estado. 

 

sábado, 4 de octubre de 2025

LOS NOMBRES DE LAS ESTRELLAS


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BUSCANDO NOMBRES DE ESTRELLAS DESESPERADAMENTE

Desde muy niño siempre sentí una profunda fascinación por la contemplación de los cielos, sea de día o de noche, el cielo siempre ha sido mi lugar de predilección.

Si es de día, las nubes y sus caprichosas formas, su evolución, el sol, los fenómenos meteorológicos, causaban en mí muchas emociones desde la admiración de la belleza cromática hasta sentir terror ante relámpagos, rayos y tormentas aparatosas. De joven, tuve la suerte de poder quedarme con una de las habitaciones de la casa de mis padres cuya ventana daba al este, así, dormía desde mi cama mirando el gran ventanal al que descorría cortinas y persianas, lejos estaba en el horizonte el Cerro de San Juan y nada más, el cielo, cubierto de estrellas, así mientras me quedaba dormido las veía,  a veces  despertaba en mitad de la noche, algo que me sucedía con frecuencia, y alzaba la vista para contemplar cómo iba evolucionando el cielo nocturno, veía como las constelaciones se iban desplazando hacia arriba a medida que pasan las horas o hasta ver aparecer la luna en alguno de sus cuartos o el Lucero del Alba (Venus) y los primeros rayos del Sol, pues me despertaba con el amanecer y el canto de los gallos de mi vecina Carmen. Fueron mis años de juventud, tenía entre 13 y 18 años de edad. 

Pero la magia terminó cuando el ayuntamiento decidió instalar lámparas en la calle a la que da mi ventana.  Esa lámpara junto a mi ventana me impedía contemplar las estrellas, sólamente podía ver la Luna y algún que otro planeta, o estrella de primera magnitud, que escasean mucho. Además, cada verano me veía obligado a cerrar las ventanas a pesar del calor, pues los insectos se colaban, a medida que avanzaron los años, todo se volvió cada vez peor y observar el cielo era una especie de misión imposible y así decayó mi afición, tengo mi telescopio guardado y hace años que no lo saco.

Cada vez hay más luces artificiales, no sólo en las ciudades, sino en los pueblos, en los caminos, las carreteras, anuncios publicitarios en mitad de la nada, centros comerciales espantosamente luminosos y desde entonces he sentido que deliberadamente, me han robado el cielo, tanto es así, que viviendo en un pueblo en plena Sierra Nevada, el cielo está profundamente contaminado por la luz artificial y me tengo que conformar con mirar a las estrellas más brillantes hasta la tercera magnitud, el telescopio ya ni lo uso, pues el fondo aparece blanquecino, no hay una oscuridad que haga resaltar a las estrellas y el uso principal es para ver los planetas o la Luna.

Mi padre, marinero de profesión, pudo responderme a algunas preguntas que tenía sobre el cielo y así aprendí a reconocer el Carro de la Osa Mayor, la estrella Polar, las orientaciones, las fases de la Luna o qué son los rayos y truenos, las nubes, el arco iris y por qué llueve o nieva. Los vientos y sus nombres, los colores del cielo y su relación con el mar. Gracias a esos paseos nocturnos a los que mi padre me tenía acostumbrado tras cada cena,  él y yo caminábamos juntos por las calles escasamente iluminadas que permitían contemplar el firmamento y nuestras conversaciones fueron maravillosas, apenas tenía entre 7 y 11 años de edad, los veranos eran maravillosos pues el paseo nocturno se prolongaba hasta la hora de ir a dormir.

Nació en mi, mi adhesión al cielo y a la naturaleza, pues durante el día y si no tenía colegio o ninguna obligación que realizar, disfrutaba contemplando las ardillas, musarañas, lagartos, salamandras, sapos, ranas, luciérnagas, libélulas, pájaros de toda clase, mis preferidos, los robins (petirrojo), urogallos, alondras ¡y hasta alguna que otra gaviota!, ciertamente fue mi infacia una infancia feliz y las estrellas siempre han sido mis amigas,  pues siempre están noche tras noche, esperando a que las saludemos. Llegué incluso a mirar a las estrellas para buscarlas entre nubes y verlas surgir por algún hueco en mitad de una tormenta.

Recuerdo que allá por la década de 1970 casi nadie conocía el nombre de una sola estrella, mi padre, marino de profesión me inició a reconocerlas y me señaló a la estrella Polar, que más que un nombre, es un título, pues la estrella Polar lo es hoy en día, pero dentro de varios miles de años, otras estrellas serán las polares así como en tiempos de los egipcios, la estrella Thubán, la alfa del Dragón fue la estrella polar de ellos.

Le pregunté... «Pero si las estrella [polar] tiene un título, es como ser Rey, Marqués, Conde o cualquier otro título, cuando alguien quiere identificarla, tiene que tener un nombre..., como por ejemplo Juan, Miguel, Pablo...»

Mi padre contestó: «Todas las estrellas náuticas tienen un nombre propio y la estrella polar, en realidad se llama CINOSURA, pero nadie la llama así»

Cuando tenía 14 años de edad, visitando la Casa de la Cultura de Málaga, encontré un magnífico volumen sobre ASTRONOMÍA NAUTICA y pude descubrir una lista de los nombres de 57 estrellas brillantes, de primera magnitud que tienen informados el ángulo sidéreo y su declinación, las coordenadas celestes para ayudar al uso del sextante y así conocer la latitud y rumbo de la nave, que adjunto en el margen derecho del texto.

Nombre    Ángulo sidéreo   Declinación  
Acamar316°S 40°
Achernar336°S 57°
Acrux174°S 63°
Adhara256°S 29°
Aldebarán291°N 16°
Alioth167°N 56°
Alkaid153°N 49°
Al Nair28°S 47°
Alnilam76°S 1°
Alphard218°S 9°
Alphecca126°N 27°
Alpheratz358°N 29°
Altair63°N 9°
Ankaa354°S 42°
Antares113°S 26°
Arcturus146°N 19°
Atria108°S 69°
Avior234°S 60°
Bellatrix279°N 6°
Betelgeuse271°N 7°
Canopus264°S 52°
Capella281°N 46°
Deneb50°N 45°
Denébola183°N 15°
Diphda349°S 18°
Dubhe194°N 62°
Elnath278°N 29°
Etamin91°N 51°
Enif34°N 10°
Fomalhaut16°S 30°
Gacrux173°S 57°
Gienah176°S 17°
Hadar149°S 60°
Hamal329°N 23°
Kaus Australis84°S 34°
Kochab137°N 74°
Markab14°N 15°
Menkar314°N 4°
Menkent148°S 36°
Miaplacidus221°S 70°
Mirfak309°N 50°
Nunki77°S 26°
Peacock54°S 57°
Pollux244°N 28°
Procyon245°N 5°
Rasalhague97°N 12°
Regulus208°N 12°
Rigel282°S 8°
Rigil Kentaurus140°S 60°
Sabik103°S 16°
Schedar350°N 56°
Shaula97°S 37°
Sirius259°S 17°
Spica159°S 11°
Suhail223°S 43°
Vega81°N 39°
Zubenelgenubi138°S 16°
En los colegios, hoy en día, suelen  ha-blar sobre algunas estrellas enseñando su nombre tradicional, tal es el caso de SIRIO, ANTARES, ALDEBARÁN, ARTURO, ALTAIR /altaír/, DENEB, CAPELLA /kapél.la/, CANOPUS,      ACHERNAR     /ákernar/, BETELGEUSE, PROCIÓN, CÁSTOR, PÓLLUX /pólux/, RÉGULO, VEGA O FOMALHÁUT /fomaláut/, que son las más populares y brillantes del cielo.

Es bueno ir a algún museo de la ciencia o planetario   para   aprender   mucho  más sobre   las  estrellas  y  sus  nombres,  sus mitos y sus tradiciones, esta  es  la  razón de ser  de  este  blog  de  la  UNIVERSIDAD DE   DOGOMKA  ,  aunque  haya   incluido muchos otros temas que nada tienen que ver con la astronomía.

Las estrellas más brillantes del cielo no llegan al centenar, tuve la paciencia de compilar una lista de estrellas tomadas de libros náuticos del Catálogo estelar del Observatorio de San Fernando en Cádiz y compilé 103 estrellas donde les puse la denominación Bayer, su nombre propio, magnitud aparente, si es doble (o múltiple) o es variable y su clase espectral, tenía 15 años y estaba fascinado por conocer todas las estrellas una a una, cada día, miraba al cielo y trataba de localizar aquellas cuyo nombre pude llegar a conocer a través de la biblioteca a la que iba, cada sábado por la mañana.

Mis amistades no veían con buenos ojos esta afición y me tomaban por un demente, nunca encontré gente a mi alrededor que tuviese curiosidad o desease conocer lo que yo poco a poco y por mi cuenta fui conociendo, al menos, hasta que alcancé los 18 años de edad, cambié de amistades y conocí nuevos amigos que sí respetaban mi afición y con los que solía ir de noche al campo para mostrarle las constelaciones, los nombres de las estrellas, hablarle de los mitos celestes y todo cuanto sabía por ese entonces, encontrando admiración y querencia, por primera vez en mi vida.


Mis padres tampoco entendieron mi fascinación por el firmamento y siempre vieron una pérdida de tiempo en esta actividad que cada noche, observaba desde la ventana de mi dormitorio o desde el porche, al parecer, sentían algo de pudor, pues los vecinos hablaban de que siempre me veían con unos prismáticos mirando al cielo por la noche, entonces, en esos años de la década de los ochenta, se popularizó mucho lo del fenómeno OVNI y creían que yo andaba a la caza y captura de naves alienígenas, no del todo cierto ni tampoco, completamente falso, la consecuencia fue la reputación, algo que nunca valoré en exceso.

Una vez, André Gide, un escritor francés dijo: «Quienquiera que se inicie en lo desconocido debe aceptar aventurarse solo» y así fue como comprendí que en mi aventura del saber no iba a tener a un acompañante.

Pero la vida ha cambiado mucho desde entonces, la astronomía se hizo popular allá por los noventa y surgieron muchas asociaciones de aficionados y hoy no es tan raro encontrarse con alguien mirando a través de un telescopio desde una terraza o azotea o incluso alguien que ha construido un observatorio casero en su azotea.

LOS CATÁLOGOS DE ESTRELLAS

Desde la antigüedad se han realizado catálogos y mapas estelares. La Uranografía es la ciencia de la cartografía celeste, el Almagesto de Ptolomeo (s. II)  y las Tablas Alfonsíes (s. XIII) fueron la base de los primeros catálogos-átlas estelares de la cultura europea, la civilización árabe enriqueció profundamente esta información aportando la mayoría de los nombres de las estrellas, que han pasado del árabe al griego, latín y a las lenguas europeas.

Paralelamente, existen otras uranografías, como la china, la india, la babilono-caldea o la inca, entre otras muchas culturas de todos los tiempos y de todo el mundo.

Sin embargo, la tradición occidental, muy enriquecida con la influencia de oriente a través de la cultura griega clásica que sirvió de nexo para unificar tradiciones estelares de Mesopotamia y Próximo Oriente, para ser heredadas por romanos, árabes y cristianos europeos, han conformado la cultura astronómica que hoy está en vigor y es aceptada internacionalmente, sin renunciar a las culturas y tradiciones locales como las chinas e indias, principalmente.

Muchos nombres de estrellas se han perdido por completo y se desconocen, hay desde el siglo XIX un afán por recuperar este conocimiento ancestral y Richard Hinckley Allen (1838-1908) fue pionero en este estudio de la uranografía histórica, publicando su libro de referencia: Star Names, their lore and meaning (los nombres de las estrellas, tradición y significado) en 1899, a pesar de no ser un erudito, tan sólo era un aficionado a las estrellas como yo y todos ustedes, él se interesó por este tema y dedicó gran parte de su vida a leer en las bibliotecas, contactar con eruditos en la materia (folclorístas, filólogos, antropólogos, historiadores, geógrafos,...) que le brindaron su ayuda y tomando como fuente secundaria los diversos apuntes, los organizó y los expuso constelación por constelación, informando de las diversas etimologías de los nombres de las más importantes estrellas, tanto de la tradición occidental, fundamentada en la árabe, como en la china, hindú y de otros pueblos y culturas, dejando una obra que para mí, en lo personal, es todo un clásico y que en este blog de la UNIVERSIDAD DE DOGOMKA, pongo información partiendo de este manual que traduzco desde el inglés al español.

Lo bueno de leer en este blog, es que mi exposición es sucinta y clara y te ahorras muchas horas en consultar libros e interpretar los datos según la fuente que utilices, incluyendo además mi propia experiencia y saber en la materia y sobre todo, poner a disposición de los hablantes de español este conocimiento, objetivo y científico, que es difícil de encontrar, al menos, de manera fidedigna.

DENOMINACIÓN BAYER

Johann Bayer (1572-1625), abogado alemán y uranógrafo, diseñó un átlas celeste muy célebre llamado Uranometria y publicado en 1603. Su título completo es:  «Uranometria: omnium asterismorum continens schemata, nova methodo delineata, aereis laminis expressa» (Uranometría, todas las constelaciones están contenidas en las cartas con una nuevo método de delineación y grabadas sobre láminas de cobre).

Bayer en este átlas, además de ofrecer un trabajo de calidad, realizó una compilación completa de toda la bóveda celeste estableciendo una nomenclatura para nombrar a las estrellas.

Los nombres tradicionales de las estrellas eran escasos, apenas llegaban a unas decenas y había mucha confusión en ellos, muchos nombres se repiten y para cada estrella había varios de nombres incluso, otras estrellas importantes, su nombre tradicional se desconocía (y aún hoy en día, se desconocen, llegándose a tomar de la tradición china, como por el ejemplo el caso de la estrella CIH la Gamma de Casiopea, nombre chino procedente de Tsih y que su nombre tradicional clásico es desconocido -se perdió en el tiempo y en esos papeles que fueron destruidos como tantas cosas fueron destruidas- por los católicos.

Cada estrella era catalogada en función del brillo, desde la más brillante, a la que se le daba la primera categoría, o magnitud 1.ª, desde tiempos de Ptolomeo (s. II) en la Grecia helenística, se había establecido seis jerarquías para catalogar las estrellas por su brillo desde 1 hasta 6, de más brillante a más débil para la observación a simple vista.

Bayer en cada constelación ordenó las estrellas por su brillo y tomó las letras minúsculas del alfabeto griego para irla nombrando desde la mas brillante: Alfa, beta, gamma, delta, ... hasta la más débiles: fi, ji, psi, omega, pero esto no fue una regla bien respetada.

A continuación y en latín, el idioma académico oficial de la modernidad, indicaban la pertenencia a la constelación: «de, de la, del» y para eso, al nombre de la constelación en latín y caso nominativo, lo ponía en caso genitivo.

Así, Alfa de la constelación de los Lebreles conocida como Corazón de Carlos, en latín se decía y se dice: Alpha Canum Venaticorum (COR CAROLI), siendo la mayoría de las estrellas, carentes de sus nombres tradicionales, esta nomenclatura fue realmente válida y al terminar el alfabeto, utilizó las letras minúsculas del alfabeto latino para continuar con las mayúsculas. De esta nomenclatura sólo nos  ha llegado la primera elección, el resto del modelo fue olvidado e incluso vetado, las letras del alfabeto latino ya no se usan en los catálogos de estrellas desde mediados del siglo XX.

LETRA MINÚSCULA DEL ALFABETO GRIEGO + GENITIVO LATINO DEL NOMBRE DE LA CONSTELACIÓN

   
Detalle del torso de ORIÓN de la Uranometría de Bayer, constelación ptolemaica lleva asignada cada  estrella una letra griega minúscula (para las más brillantes), letras latinas en minúscula y en mayúscula, a cada una de esta estrellas hay que añadirles ORIONIS (latín, genitivo) para indicar su pertenencia a la constelación de ORION (latín, nominativo).

Así, que es necesario ir aprendiendo el alfabeto griego y los nombres en latín de las 88 constelaciones tanto en los casos nominativo como genitivo, esto es un maravilloso ejercicio para trabajar la memoria, que las tecnologías al darnos tantas facilidades, nos están volviendo perezosos y acabamos por perder la capacidad de memorizar. En Memrise he realizado cursos relacionados con el tema de la uranografía histórica, realizar estos ejercicios ayudan a convertirse en un experto.

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Debido a que muchas mediciones de las magnitudes visuales de las estrellas eran inexactas e incluso incorrectas y por otro lado, hay estrellas que han variado su brillo a lo largo de los siglos, aunque manteniendo esta nomenclatura, no es fiable conforme a su principio de asignar a la estrella más brillante las primeras letras del alfabeto, encontrando muchos errores de nominación, pero aún así, se siguen aprendiendo los nombres tal y como en 1603 se pusieron en ese catálogo de estrellas.

Uranometria fue uno de los átlas celestes  más influyentes publicado en Augsburgo, Alemania. Contenía placas de cobre para cada una de las 48 constelaciones ptolemaicas, más una placa para las 12 nuevas constelaciones australes que se habían creado unos años antes a partir de observaciones realizadas durante la primera expedición comercial holandesa a las Indias Orientales. Esta fue la primera aparición de estas constelaciones australes en un atlas. Uranometria fue tan popular que se reimprimió ocho veces entre 1624 y 1689.

La principal fuente de Bayer sobre posiciones y magnitudes estelares para las constelaciones ptolemaicas fue el catálogo de Tycho Brahe de 777 estrellas publicado en 1602, ampliado por el catálogo del Almagesto y observaciones propias. En la primera edición de Uranometria, en el reverso de cada placa estaba impresa una tabla de estrellas de cada constelación. Fue en estas listas donde aparecieron las famosas letras griegas y romanas que identificaban las estrellas más brillantes. Ahora se las conoce como letras Bayer. (De hecho, la idea de escribir las estrellas no era del todo original, ya que el astrónomo italiano Alessandro Piccolomini (1508-1579) ya lo había realizado a través de su publicación sobre las estrellas fijas (De le stelle fisse) de 1540, pero el respeto que causó en todo el mundo la obra de Bayer le hizo prevalecer por encima de otras publicaciones, adoptándose su nomenclatura y que cuatrocientos años más tarde, se siga utilizando popularmente, aunque a nivel científico suelen usar ya otras nomenclaturas más específicas y procedentes de catálogos especializados de estrellas en detrimento de la tradición cultural astronómica.


Detalle de las nuevas constelaciones australes desconocidas por Ptolomeo y todos los europeos hasta bien entrado el siglo XVI, las estrellas están desprovistas de letras, pues Bayer no quiso realizar esta tarea al no disponer de suficientes datos tanto en magnitud como posición, dejándolo para los astrónomos que viajasen al hemisferio sur. En este dibujo puede observarse las constelaciones (de arriba a abajo y de izquierda a derecha) de: Grulla (GRUS), Indio (INDUS), PAVO,  Ave fénix (PHOENIX), Tucán (TUCANA) y la Hidra macho (HYDRUS), señala las Nubes de Magallanes (Nubecula maior y Nubecula minor) y la brillante estrella ACHERNAR (α Eridani), el delta de la desembocadura del Río Eridano que nace al pie del cazador Orión, en la carta lo escribe como ACARNAR.

Bayer no asignó letras a ninguna estrella de las nuevas constelaciones no ptolemaicas, siendo en 1845 realizada esta compilación a través del  Catálogo de la Asociación Británica por Francis Baily para las constelaciones boreales, así como a través de Coelum Australe Stelliferum de 1763 realizado por Nicolas Louis de Lacaille para las constelaciones australes, completada por Benjamin Could en su obra Uranometria Argentina de 1877.

Aunque el comienzo de la compilación del catálogo que realizó Bayer tuvo como objetivo denominar las estrellas en orden de brillo y orden alfabético, finalmente encontramos un pequeño caos, y la nominación fue alterada de una constelación a otra.

Sirvan algunos ejemplos, en la Osa Mayor las siete estrellas del Gran Carro estaban etiquetadas en orden de ascensión recta. En Géminis, las tres estrellas más brillantes estaban etiquetadas por declinación, de norte a sur; mientras que en Cygnus la secuencia de letras de las estrellas más brillantes sigue la forma general del asterismo. En muchas otras constelaciones, y particularmente entre las estrellas más débiles, no existe ningún patrón conocido para la distribución de las letras.

Como resultado de este proceso un tanto azaroso, en 16 constelaciones, la alfa de cada una de ellas no es la más brillante del grupo, como es el caso de las constelaciones de Cáncer (Cangrejo), Capricornio (La cabra de agua), Ballena, Cuervo, Copa, Delfín, Dragón, Gemelos (Géminis), Hércules, Balanza (Libra), Orión (El cazador), Pegaso, Piscis (Los peces), Flecha, Sagitario y Triángulo.

En las constelaciones más grandes, una vez agotadas las 24 letras griegas del alfa a la omega, Bayer recurrió a las letras romanas, empezando por la a mayúscula seguida de la b, c, d minúscula, etc. 

Hércules, con 48 estrellas, era la única constelación en la que llegó hasta la z. (Se omitieron las letras j y v, pero se incluyó o). No todas las estrellas trazadas en los mapas figuraban en el catálogo de Bayer, por lo que numerosas estrellas débiles en los mapas permanecieron sin nominar.

El catálogo de Bayer contiene un total de 1.164 estrellas nominadas. Hay estrellas que históricamente han sido compartidas por dos constelaciones contiguas y que aparecen en el Almagesto de Ptolomeo.

ALPHERATZ    se nominó como α andrómeda y δ pegasi

EL NATH           se nombró como β tauri y γ aurigae

Y las estrellas η bootis y ψ herculis son una misma

La autoridad de Bayer se mantuvo firme durante más de 300 años hasta que la Unión Astronómica Internacional en 1930 puso orden en el caos celeste, al menos desde el punto de vista de la nomenclatura estelar, los límites entre constelaciones y el establecimiento de un cánon para las constelaciones, así Delta Pegasi, Gamma Aurigae o Psi Herculis dejaron de existir definitivamente, también se encontraron otras duplicidades, el historiador Morton Wagman de los EE.UU. señaló que  Xi Arietis y Psi Ceti son una misma estrella y Kappa Ceti y Gamma Tauri, también. Así, desaparecieron las denominaciones de Psi Ceti  y Gamma Tauri en favor de las primeras.

Bayer también puso una misma letra a dos o más estrellas como fue el caso de la doble visual alfa capricorni, ambas denominadas como duplex, se denominaron igual. El escudo de Orión formado por seis estrellas eran las pi oriónidas, o la antigua constelación del telescopio de Herschel, hoy desaparecida e integrada en Cochero, son las psis en Auriga (la desaparecida constelación del Telescopio de Herschel), posteriormente, los astrónomos le asignaron un superíndice numérico para asignarlas de manera individual, asi encontramos π¹ , π²  , π ³ como ejemplo en el escudo de Orión.

Por otro lado, los errores de catálogo son numerosos y se trató de enmendar con la nueva impresión del Explicatio Characterum aeneis Uranometrias en 1624, pero los errores tipográficos se fueron reproduciendo en las sucesivas ediciones, por copiar y no comprobar.

El siglo XIX fue escenario de la confección de grandes catálogos de estrellas con sus posiciones y magnitudes, destacando el gran catálogo Bonner Durchmusterung (BD) confeccionado entre 1852 y 1862 efectuados por Argelander, Schönfeld y Krüger, en su primera parte, computando 324.198 estrellas del hemisferio boreal hasta parte del austral cercana al ecuador a -2º de declinación y en una segunda parte que continuó Schönfeld hasta la declinación -23º computando 133.659 estrellas más, posteriormente, este gran proyecto fue completado entre 1886 y 1914 en otras dos fases para el hemisferio austral a través del Observatorio de  Córdoba (Argentina) en una colaboración germano-argentina, bajo la coordinación de Krüger, quedando computadas 613.953 estrellas en la Córdoba Durchmusterung (CD)  totalizando 1.071.810 estrellas hasta la décima magnitud, aunque el BD no realizó totalmente el trabajo, llegando en muchos casos a valores de la 9.ª magnitud, quedando muchas estrellas entre la novena y décima magnitud sin catalogar. Con la introducción de la escala de magnitudes de Pogson, tuvo que recalibrarse las magnitudes consignadas en los catálogos, elaborando Müller y Kempf, del Observatorio de Potsdam, el Potsdamer Durchmusterung concluido en 1906. Bajo la dirección de Pickering fue elaborado entre 1879 y 1907 el catálogo de Harvard Revised Photometry (HR) para 9.110 estrellas. En 1887 en un congreso internacional celebrado en París se acordó mediante la participación de 18 observatorios de todo el mundo, la confección del primer átlas fotográfico del cielo cuya elaboración fue realizada en algo más de 50 años donde se llegaron a fotografiar más de 5 millones de estrellas y otro tanto de galaxias y nebulosas. Se descubrieron algunas propiedades fotométricas, por un lado, las estrellas que presentan un ligero color hacia el rojo, apenas impresionan la placa fotográfica y las que presentan un ligero color hacia el azul, la sobreimpresionan, presentándose más brillantes que como son vistas a través del ojo. Las placas fotográficas tienen una sensibilidad espectral que aumenta hacia la región azul-violeta del espectro visible, disminuyendo en la región opuesta anaranjada-roja, sensibilidad que difiere de la del ojo humano que posee una sensibilidad espectral más proporcionada y menos pronunciada entre colores, dato a tener en cuenta a la hora de tabular las estrellas fotografiadas e indicar su magnitud, en este caso, fotográfica y no visual.

En este blog, a través de la serie de CONSTELACIONES, como «La constelación de X como nunca la has visto», que aunque no está completa y posiblemente no tenga tanto tiempo -de vida- como para completarlas, buscaré la manera de ir consignando temporada a temporada, al menos, las más importantes y destacables de cada estación. En esta serie hago una enumeración y descripción de las estrellas denominadas por Bayer, desde la alfa hasta la omega (siempre que existan). 

Para buscar las constelaciones publicadas, en el margen izquierdo, deslízate inferiormente hasta encontrar cada serie. Generalmente, una constelación puede abarcar entre 5 y 10 entradas, que aparecen agrupadas y anexionadas.

Puedes proponer constelaciones no tratadas, para ello, comenta.







lunes, 29 de septiembre de 2025

CLASIFICACIÓN ESTELAR 

DE HARVARD-YERKES

 

En los artículos sobre la descripción de las constelaciones, comienzo a realizar descripciones de estrellas de cada constelación y uno de los datos que aporto es el tipo de estrella (o clase espectral), en esta entrada trato de aclarar en que consiste procurando presentar una imagen básica y sucinta para que pueda ser entendida por todos. 

En 1859, R.W. Bunsen y G.R. Kirchhoff presentaron las bases para interpretar la composición química de un objeto analizando su luz a través de un espectroscopio y en 1865 nace la astrofísica al acoplar al telescopio provisto de placa fotográfica, el espectroscopio, siendo el Sol, la primera estrella estudiada. El brillo de las estrellas y su medición en magnitudes indujo a creer en que era posible conocer las distancias a las estrellas si todas son iguales, pero las estrellas son muy diferentes entre sí según Herschel, la fotometría apareció gracias a que Pierre Bourguer en el siglo XVIII ideó una fuente luminosa variable para poder ser compararla con la luz de la estrella observada y medir con exactitud su magnitud visual aparente. En 1836 Steinheil dedujo que las magnitudes se corresponden al logaritmo del brillo y en 1856 Pogson propuso la escala de magnitudes, donde 5 magnitudes corresponden a una diferencia de brillo de 100, en 1857 Zöllner desarrolló el astrofotómetro permitiendo la creación de catálogos fotométricos precisos redefiniendo el concepto de magnitud estelar, En el siglo XIX aparecerieron los grandes catálogos estelares como el Bonner Durchmusterung (BD) y el Córdoba Durchmusterung (CD), el Potsdamer Durchmusterung fue concluido en 1906 y desde 1887 se realiza el primer gran átlas fotográfico del cielo, un trabajo que se prolongó por más de 50 años con la colaboración de los más importantes observatorios del mundo, fotografiándose más de 6 millones de estrellas, galaxias y nebulosas. Con la fotografía se descubrió la magnitud fotográfica más sensible a la región azul del espectro visible y la comparación con la visual es el denominado índice de color. Entre 1879 y 1907 bajo la dirección de Pickering fue elaborado el catálogo Harvard Revised Photometry (HR) y en 1890 la Universidad de Harvard publica el primer catálogo de espectros estelares a partir del legado de Draper. Los primeros modelos evolutivos aparecieron a finales del s. XIX, en 1872 se creía que las estrellas recién constituidas lo hacían como estrellas azules y paulatinamente se enfrían hasta convertirse en rojas, En 1874 Vogel diseñó una clasificación estelar evolucionistas ordenadas por sus temperaturas superficiales, y Secchi en 1877 comparó los espectros de 4.000 estrellas, concluyendo cuatro clases de estrellas: blanco-azuladas, amarillas, anaranjadas y rojas, confirmando el modelo de Vogel. 2 En la década de los 1880, Ritter elaboró las bases de la astrofísica estelar aunque su modelo evolutivo fue contrario al vigente, sostuvo que las estrellas nacen como rojas y van aumentando su temperatura a lo largo del tiempo hasta alcanzar un máximo como estrella azul para posteriormente ir apagándose como estrella roja. Lockyer partiendo de la hipótesis meteórica como origen de la formación estelar, la condensación de material eleva la temperatura al punto de volatilizar los átomos para descomponerlos en subpartículas más elementales, adelantándose a su tiempo con esta concepción del átomo, la estrella alcanza su máxima temperatura para iniciar un lento enfriamiento y contracción, establece un modelo evolutivo con forma de campana invertida, las estrellas jóvenes se sitúan en la parte izquierda y las más viejas en la parte derecha de la gráfica. Monck al comparar movimientos propios con tipos espectrales estima las luminosidades relativas, descubriendo en 1892 que las estrellas amarillas son menos luminosas que las rojas, en contra de lo que se creía y además que hay dos clases de estrellas amarillas, unas de débil luminosidad y cercanas (enanas amarillas) y otras de gran luminosidad y lejanas (gigantes amarillas) que no podía deducirse aún del estudio de los espectros, sin embargo, a principios del siglo XX, Maury observó que las franjas de los espectros para un mismo tipo de estrella, las hay finas o anchas, los espectros de finas líneas corresponden con un modelo teórico de una estrella de baja gravedad, al contrario de los espectros de anchas líneas, que tiene una alta gravedad, así concluye con la existencia de estrellas gigantes y enanas. A partir del catálogo de Draper, Williamina P. Fleming basándose en la intensidad de las líneas de Balmer del hidrógeno y las líneas H y K del calcio, clasifica a las estrellas en 13 tipos, nombrándolas desde la A hasta la N, exceptuando la J para evitar confusión con la I. Cannon mediante la clasificación de Draper-Fleming ordena la secuencia alfabética de los tipos en función de la temperatura estelar obteniendo 8 tipos fundamentales: O, B, A, F, G, K, M, N dentro de cada uno de ellos añadía un dígito numérico de 0 a 9 para caracterizar el grado de variabilidad dentro de un mismo tipo, también conservó otros tipos menores como P, Q, R, S de Fleming, esta clasificación entró en vigor a partir del nuevo catálogo de Henry Draper (HD) entre 1918 y 1924 y publicado en 9 volúmenes.

Ejnar Hertzprung detectó estrellas enanas y gigantes para los últimos tipos espectrales G, K, M ; así concluye que existen dos ramas evolutivas: 1. Rama de las gigantes (minoritaria) 2. Rama de las enanas (principal) Y la clasificación estelar se completa informando a qué tipo de estrellas pertenece un mismo espectro, distinguiéndose por luminosidad se formaron ocho tipos: Ia, Ib, II, III, IV, V, VI y VII. La clasificación de Harvard fue complementada con la de Yerkes, la actualmente en vigor clasificación Harvard-Yerkes, que ha incorporado nuevos tipos como las estrellas Wolf-Rayet, WR, las más calientes de todas con más de 50.000º K, otros subtipos menores del tipo M, como las estrellas de carbono: C y S, o las enanas marrones frías como: L, T, Y. El modelo clasificatorio y evolutivo de las estrellas fue finalmente establecido gracias al descubrimiento del Diagrama de Hertzprung-Rusell (Diagrama H-R) que tiene una importancia tan crucial para la astrofísica estelar como la Tabla Periódica de los Elementos para la química. En 1913, Henry Norris Russell coincidió con Hertzprung al confeccionar un diagrama luminosidad/tipo espectral (o magnitud absoluta/temperatura) donde al situar una amplia muestra de estrellas analizadas encuentra cuatro regiones específicas dentro de la tabla, por un lado, la amplia mayoría de las estrellas se posicionan en la diagonal secundaria denominada secuencia principal, las estrellas gigantes se encuentran en dos regiones de la parte superior, a la izquierda, las supergigantes y a la derecha, las gigantes y en el extremo inferior izquierdo y central se sitúan las enanas blancas. Se confirma que las estrellas más frías (tipos G, K y M) las pueden haber gigantes o enanas. Tratando estadísticamente esta información, el camino evolutivo que sigue una estrella depende de su masa inicial al formarse, las estrellas de mayor masa pasan por la mayoría de estadios y las de menor masa, se incorporan en un punto intermedio de la secuencia principal en función de su temperatura y color iniciales. El diagrama H-R determina la edad de un grupo de estrellas, aplicado sobre cúmulos estelares, sean abiertos o globulares, la distribución de estas en el diagrama aporta una información fidedigna sobre la edad de las estrellas que lo componen y la evolución que han tenido a lo largo de su existencia.

Durante el siglo XX y parte del XXI, se han ido descubriendo nuevos tipos estelares completando la original, así tenemos las estrellas muy calientes de más de 50.000 K, las estrellas Wolf-Rayet y su notación es WR ; (W) ; (O), otros tipos de estrellas (enanas marrones) muy frías y a medio camino entre planeta o estrella son L, T, Y y dentro del rango de las M, están las estrellas de carbono de los tipos C y S.





Yerkes aportó además una clasificación complementaria para las estrellas en función de su luminosidad, en consecuencia, en función de su masa y volumen, estableciendo los tipos:

Tipo Ia   Supergigantes muy luminosas

Tipo Ib   Supergigantes menos luminosas

Tipo II   Gigantes luminosas

Tipo III  Gigante

Tipo IV  Subgigantes

Tipo V   Enanas tipo Sol (estrellas de la secuencia principal)

Tipo VI  [SD=sub-dwarf]  Sub-enanas blancas

Tipo VII [D = dwarf]   Enanas blancas

Posteriormente, a finales del siglo XX, se establece un tipo correspondiente a estrellas hipergigantes a las que se les asigna: 0 o Ia+

Tipo 0 o Ia+ Estrellas hipergigantes

La clasificación Harvard-Yerkes se basa en la siguiente codificación:

A9NNN

A=Tipo espectral: algunas letras del alfabeto latino en mayúscula.

9 = Subtipo espectral: dígito de 0 a 9

NNN(a) = Clase de luminosidad: Números romanos y en algún caso acompañado de una letra minúscula a o b (Clasificación de Yerkes)


EJEMPLO DE CLASIFICACIÓN DE ESTRELLAS Y SU EXPLICACIÓN

EJEMPLO 1 : El Sol es de la clase G2V

G= Estrella amarilla de secuencia, temperatura 5.800º K (aprox.)

2 = Subtipo espectral, está muy cerca de la típica estrella G

V = Clase de luminosidad 5.ª correspondiente a las estrellas enanas de la secuencia principal

EJEMPLO 2 Alpheratz o Sirrah es de la clase  B8IVp(Hg-Mn)

B= Estrella blanco-azulada gigante de temperatura 13.000º K (aprox.)

8 = Subtipo espectral, está muy cerca de la típica estrella blanca A, por eso, su color es más blanco que azulado, correspondiente al tipo B.

IV = Clase de luminosidad 4.ª correspondiente a las estrellas subgigantes, de varias masas solares, en concreto, Alpheratz tiene 5 masas solares y un volumen mucho mayor que el Sol.

Aquí se añade una característica especial:

p (Hg-Mn) = Presenta rayas abundantes e intensas de mercurio y manganeso


 CLASES ESPECTRALES DE LAS ESTRELLAS

 (ordenados de menor a mayor temperatura superficial)

Tipo Y o subenanas marrones muy frías con temperatura ambiente, en torno a los 300º K (temperatura del cuerpo humano) irradian con un máximo en el infrarrojo y en su espectro se aprecia la presencia de amoniaco. 



Ejemplo de estrella Tipo Y: Wise 1828 con una temperatura superficial de 25º C (298º C).



Tipo T o enanas marrones frías con temperaturas entre 250º y 1.000º K irradian con un máximo en el infrarrojo y en su espectro se aprecia la presencia de metano.



Tipo L o enanas marrones, que son más frias que las de tipo M, temperaturas entre 1.300º y 2.000º K irradian con un máximo en el infrarrojo, aparecen metales alcalinos como litio o sodio y moléculas como fluoruros metálicos.





Tipo C estrellas de carbono por su gran abundancia, son de color rojo intenso y su temperatura varía entre 2.400º y 3.200º K en el rango de temperatura de las de tipo M. Ejemplo: RS Cygni.



Tipo S estrellas de carbono, de mayor abundancia que las de tipo C, circonio y óxido de vanadio, son de color rojo granate y su temperatura varía entre 2.400º y 3.500º K en el rango de temperatura de las de tipo M. 

Ejemplo: π1 Gruis (la estrella más rojiza que se conoce).




Tipo M, son las estrellas más frías: 2.000 a 3.500º K, de color rojizo, tienen una alta metalicidad y óxido de titanio. 

Estrellas tipo: Betelgeuse, Próxima centauri, Menkar y Antares.




Tipo K con temperaturas entre 3.100 y 4.800º K, de color anaranjado, destacan las rayas del calcio, su alta metalicidad y óxido de titanio.

Estrellas tipo: Aldebarán, Albireo A.





Tipo G con temperaturas entre 4.800º y 6.000º K, de color amarillento, aparecen las rayas del hidrógeno (serie de Balmer), metalicidad, y algunas moléculas sencillas. 

Estrellas tipo: Capella, Sol.




Tipo F 
con temperaturas entre 6.000º y 7.000º K, de color blanco, encontramos hidrógeno, hierro, estroncio, magnesio y titanio. 

Estrellas tipo: Polaris, Mirfak.




Tipo A con temperaturas entre 7.000º y 10.000º K, de color blanco con tonos azulados, aparecen las rayas del calcio II y helio I, destacando fundamentalmente el hidrógeno. 

Estrellas tipo: Sirio, Vega, Deneb, Altair.







Tipo B con temperaturas entre 10.000º y 20.000º K, de color azul, destacan hidrógeno y helio, metales ionizados. 

Estrellas tipo: Rigel, Régulo y Spica.




Tipo O con temperaturas entre 20.000º y 40.000º K, de color azul, aparecen las rayas de helio II, nitrógeno, carbono y oxígeno. 

Estrellas tipo: Alnitak, Meissa, AE Aurigae, σ Orionis, μ Columbae.



Tipo WR o estrellas Wolf-Rayet, alcanzan temperaturas superiores a los 50.000º K,  color azul-violáceo, irradian con un máximo en el ultravioleta, aparecen helio, nitrógeno, carbono y oxígeno altamente ionizados, no hay presencia de rayas del hidrógeno. 

Estrellas tipo: γ Velorum, θ Muscae, CD Crucis.