AUTOR DEL BLOG DE LA UNIVERSIDAD DE DOGOMKA

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El cielo me ha fascinado desde que tuve uso de razón. A los 13 años de edad realicé un trabajo sobre el Sistema Solar en la escuela y gané un premio, mi tía Paqui me obsequió con mi primer libro de astronomía, escrito por José Comás Solá, estudiando este libro, nació mi vocación por la astronomía. Cada noche salía al campo para identificar y conocer las estrellas, solía llevar conmigo unos binoculares y pasaba largas horas viendo el firmamento. Mi madre me regaló mi primer telescopio. Me formé como matemático y estudié complementos de astronomía posicional y astrofísica teórica, colaboré escribiendo artículos tanto en inglés como en español para tres revistas: «Sky and Telescope» (EE.UU.); «The Astronomer» (R.U.) y «Tribuna de Astronomía» (España) entre 1982 y 1988. Actualmente tengo 62 años y he realizado un posgrado sobre Historia de la Ciencia, su filosofía y lógica en la UNED y estoy prejubilado.

sábado, 4 de octubre de 2025

LOS NOMBRES DE LAS ESTRELLAS


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BUSCANDO NOMBRES DE ESTRELLAS DESESPERADAMENTE

Desde muy niño siempre sentí una profunda fascinación por la contemplación de los cielos, sea de día o de noche, el cielo siempre ha sido mi lugar de predilección.

Si es de día, las nubes y sus caprichosas formas, su evolución, el sol, los fenómenos meteorológicos, causaban en mí muchas emociones desde la admiración de la belleza cromática hasta sentir terror ante relámpagos, rayos y tormentas aparatosas. De joven, tuve la suerte de poder quedarme con una de las habitaciones de la casa de mis padres cuya ventana daba al este, así, dormía desde mi cama mirando el gran ventanal al que descorría cortinas y persianas, lejos estaba en el horizonte el Cerro de San Juan y nada más, el cielo, cubierto de estrellas, así mientras me quedaba dormido las veía,  a veces  despertaba en mitad de la noche, algo que me sucedía con frecuencia, y alzaba la vista para contemplar cómo iba evolucionando el cielo nocturno, veía como las constelaciones se iban desplazando hacia arriba a medida que pasan las horas o hasta ver aparecer la luna en alguno de sus cuartos o el Lucero del Alba (Venus) y los primeros rayos del Sol, pues me despertaba con el amanecer y el canto de los gallos de mi vecina Carmen. Fueron mis años de juventud, tenía entre 13 y 18 años de edad. 

Pero la magia terminó cuando el ayuntamiento decidió instalar lámparas en la calle a la que da mi ventana.  Esa lámpara junto a mi ventana me impedía contemplar las estrellas, sólamente podía ver la Luna y algún que otro planeta, o estrella de primera magnitud, que escasean mucho. Además, cada verano me veía obligado a cerrar las ventanas a pesar del calor, pues los insectos se colaban, a medida que avanzaron los años, todo se volvió cada vez peor y observar el cielo era una especie de misión imposible y así decayó mi afición, tengo mi telescopio guardado y hace años que no lo saco.

Cada vez hay más luces artificiales, no sólo en las ciudades, sino en los pueblos, en los caminos, las carreteras, anuncios publicitarios en mitad de la nada, centros comerciales espantosamente luminosos y desde entonces he sentido que deliberadamente, me han robado el cielo, tanto es así, que viviendo en un pueblo en plena Sierra Nevada, el cielo está profundamente contaminado por la luz artificial y me tengo que conformar con mirar a las estrellas más brillantes hasta la tercera magnitud, el telescopio ya ni lo uso, pues el fondo aparece blanquecino, no hay una oscuridad que haga resaltar a las estrellas y el uso principal es para ver los planetas o la Luna.

Mi padre, marinero de profesión, pudo responderme a algunas preguntas que tenía sobre el cielo y así aprendí a reconocer el Carro de la Osa Mayor, la estrella Polar, las orientaciones, las fases de la Luna o qué son los rayos y truenos, las nubes, el arco iris y por qué llueve o nieva. Los vientos y sus nombres, los colores del cielo y su relación con el mar. Gracias a esos paseos nocturnos a los que mi padre me tenía acostumbrado tras cada cena,  él y yo caminábamos juntos por las calles escasamente iluminadas que permitían contemplar el firmamento y nuestras conversaciones fueron maravillosas, apenas tenía entre 7 y 11 años de edad, los veranos eran maravillosos pues el paseo nocturno se prolongaba hasta la hora de ir a dormir.

Nació en mi, mi adhesión al cielo y a la naturaleza, pues durante el día y si no tenía colegio o ninguna obligación que realizar, disfrutaba contemplando las ardillas, musarañas, lagartos, salamandras, sapos, ranas, luciérnagas, libélulas, pájaros de toda clase, mis preferidos, los robins (petirrojo), urogallos, alondras ¡y hasta alguna que otra gaviota!, ciertamente fue mi infacia una infancia feliz y las estrellas siempre han sido mis amigas,  pues siempre están noche tras noche, esperando a que las saludemos. Llegué incluso a mirar a las estrellas para buscarlas entre nubes y verlas surgir por algún hueco en mitad de una tormenta.

Recuerdo que allá por la década de 1970 casi nadie conocía el nombre de una sola estrella, mi padre, marino de profesión me inició a reconocerlas y me señaló a la estrella Polar, que más que un nombre, es un título, pues la estrella Polar lo es hoy en día, pero dentro de varios miles de años, otras estrellas serán las polares así como en tiempos de los egipcios, la estrella Thubán, la alfa del Dragón fue la estrella polar de ellos.

Le pregunté... «Pero si las estrella [polar] tiene un título, es como ser Rey, Marqués, Conde o cualquier otro título, cuando alguien quiere identificarla, tiene que tener un nombre..., como por ejemplo Juan, Miguel, Pablo...»

Mi padre contestó: «Todas las estrellas náuticas tienen un nombre propio y la estrella polar, en realidad se llama CINOSURA, pero nadie la llama así»

Cuando tenía 14 años de edad, visitando la Casa de la Cultura de Málaga, encontré un magnífico volumen sobre ASTRONOMÍA NAUTICA y pude descubrir una lista de los nombres de 57 estrellas brillantes, de primera magnitud que tienen informados el ángulo sidéreo y su declinación, las coordenadas celestes para ayudar al uso del sextante y así conocer la latitud y rumbo de la nave, que adjunto en el margen derecho del texto.

Nombre    Ángulo sidéreo   Declinación  
Acamar316°S 40°
Achernar336°S 57°
Acrux174°S 63°
Adhara256°S 29°
Aldebarán291°N 16°
Alioth167°N 56°
Alkaid153°N 49°
Al Nair28°S 47°
Alnilam76°S 1°
Alphard218°S 9°
Alphecca126°N 27°
Alpheratz358°N 29°
Altair63°N 9°
Ankaa354°S 42°
Antares113°S 26°
Arcturus146°N 19°
Atria108°S 69°
Avior234°S 60°
Bellatrix279°N 6°
Betelgeuse271°N 7°
Canopus264°S 52°
Capella281°N 46°
Deneb50°N 45°
Denébola183°N 15°
Diphda349°S 18°
Dubhe194°N 62°
Elnath278°N 29°
Etamin91°N 51°
Enif34°N 10°
Fomalhaut16°S 30°
Gacrux173°S 57°
Gienah176°S 17°
Hadar149°S 60°
Hamal329°N 23°
Kaus Australis84°S 34°
Kochab137°N 74°
Markab14°N 15°
Menkar314°N 4°
Menkent148°S 36°
Miaplacidus221°S 70°
Mirfak309°N 50°
Nunki77°S 26°
Peacock54°S 57°
Pollux244°N 28°
Procyon245°N 5°
Rasalhague97°N 12°
Regulus208°N 12°
Rigel282°S 8°
Rigil Kentaurus140°S 60°
Sabik103°S 16°
Schedar350°N 56°
Shaula97°S 37°
Sirius259°S 17°
Spica159°S 11°
Suhail223°S 43°
Vega81°N 39°
Zubenelgenubi138°S 16°
En los colegios, hoy en día, suelen  ha-blar sobre algunas estrellas enseñando su nombre tradicional, tal es el caso de SIRIO, ANTARES, ALDEBARÁN, ARTURO, ALTAIR /altaír/, DENEB, CAPELLA /kapél.la/, CANOPUS,      ACHERNAR     /ákernar/, BETELGEUSE, PROCIÓN, CÁSTOR, PÓLLUX /pólux/, RÉGULO, VEGA O FOMALHÁUT /fomaláut/, que son las más populares y brillantes del cielo.

Es bueno ir a algún museo de la ciencia o planetario   para   aprender   mucho  más sobre   las  estrellas  y  sus  nombres,  sus mitos y sus tradiciones, esta  es  la  razón de ser  de  este  blog  de  la  UNIVERSIDAD DE   DOGOMKA  ,  aunque  haya   incluido muchos otros temas que nada tienen que ver con la astronomía.

Las estrellas más brillantes del cielo no llegan al centenar, tuve la paciencia de compilar una lista de estrellas tomadas de libros náuticos del Catálogo estelar del Observatorio de San Fernando en Cádiz y compilé 103 estrellas donde les puse la denominación Bayer, su nombre propio, magnitud aparente, si es doble (o múltiple) o es variable y su clase espectral, tenía 15 años y estaba fascinado por conocer todas las estrellas una a una, cada día, miraba al cielo y trataba de localizar aquellas cuyo nombre pude llegar a conocer a través de la biblioteca a la que iba, cada sábado por la mañana.

Mis amistades no veían con buenos ojos esta afición y me tomaban por un demente, nunca encontré gente a mi alrededor que tuviese curiosidad o desease conocer lo que yo poco a poco y por mi cuenta fui conociendo, al menos, hasta que alcancé los 18 años de edad, cambié de amistades y conocí nuevos amigos que sí respetaban mi afición y con los que solía ir de noche al campo para mostrarle las constelaciones, los nombres de las estrellas, hablarle de los mitos celestes y todo cuanto sabía por ese entonces, encontrando admiración y querencia, por primera vez en mi vida.


Mis padres tampoco entendieron mi fascinación por el firmamento y siempre vieron una pérdida de tiempo en esta actividad que cada noche, observaba desde la ventana de mi dormitorio o desde el porche, al parecer, sentían algo de pudor, pues los vecinos hablaban de que siempre me veían con unos prismáticos mirando al cielo por la noche, entonces, en esos años de la década de los ochenta, se popularizó mucho lo del fenómeno OVNI y creían que yo andaba a la caza y captura de naves alienígenas, no del todo cierto ni tampoco, completamente falso, la consecuencia fue la reputación, algo que nunca valoré en exceso.

Una vez, André Gide, un escritor francés dijo: «Quienquiera que se inicie en lo desconocido debe aceptar aventurarse solo» y así fue como comprendí que en mi aventura del saber no iba a tener a un acompañante.

Pero la vida ha cambiado mucho desde entonces, la astronomía se hizo popular allá por los noventa y surgieron muchas asociaciones de aficionados y hoy no es tan raro encontrarse con alguien mirando a través de un telescopio desde una terraza o azotea o incluso alguien que ha construido un observatorio casero en su azotea.

LOS CATÁLOGOS DE ESTRELLAS

Desde la antigüedad se han realizado catálogos y mapas estelares. La Uranografía es la ciencia de la cartografía celeste, el Almagesto de Ptolomeo (s. II)  y las Tablas Alfonsíes (s. XIII) fueron la base de los primeros catálogos-átlas estelares de la cultura europea, la civilización árabe enriqueció profundamente esta información aportando la mayoría de los nombres de las estrellas, que han pasado del árabe al griego, latín y a las lenguas europeas.

Paralelamente, existen otras uranografías, como la china, la india, la babilono-caldea o la inca, entre otras muchas culturas de todos los tiempos y de todo el mundo.

Sin embargo, la tradición occidental, muy enriquecida con la influencia de oriente a través de la cultura griega clásica que sirvió de nexo para unificar tradiciones estelares de Mesopotamia y Próximo Oriente, para ser heredadas por romanos, árabes y cristianos europeos, han conformado la cultura astronómica que hoy está en vigor y es aceptada internacionalmente, sin renunciar a las culturas y tradiciones locales como las chinas e indias, principalmente.

Muchos nombres de estrellas se han perdido por completo y se desconocen, hay desde el siglo XIX un afán por recuperar este conocimiento ancestral y Richard Hinckley Allen (1838-1908) fue pionero en este estudio de la uranografía histórica, publicando su libro de referencia: Star Names, their lore and meaning (los nombres de las estrellas, tradición y significado) en 1899, a pesar de no ser un erudito, tan sólo era un aficionado a las estrellas como yo y todos ustedes, él se interesó por este tema y dedicó gran parte de su vida a leer en las bibliotecas, contactar con eruditos en la materia (folclorístas, filólogos, antropólogos, historiadores, geógrafos,...) que le brindaron su ayuda y tomando como fuente secundaria los diversos apuntes, los organizó y los expuso constelación por constelación, informando de las diversas etimologías de los nombres de las más importantes estrellas, tanto de la tradición occidental, fundamentada en la árabe, como en la china, hindú y de otros pueblos y culturas, dejando una obra que para mí, en lo personal, es todo un clásico y que en este blog de la UNIVERSIDAD DE DOGOMKA, pongo información partiendo de este manual que traduzco desde el inglés al español.

Lo bueno de leer en este blog, es que mi exposición es sucinta y clara y te ahorras muchas horas en consultar libros e interpretar los datos según la fuente que utilices, incluyendo además mi propia experiencia y saber en la materia y sobre todo, poner a disposición de los hablantes de español este conocimiento, objetivo y científico, que es difícil de encontrar, al menos, de manera fidedigna.

DENOMINACIÓN BAYER

Johann Bayer (1572-1625), abogado alemán y uranógrafo, diseñó un átlas celeste muy célebre llamado Uranometria y publicado en 1603. Su título completo es:  «Uranometria: omnium asterismorum continens schemata, nova methodo delineata, aereis laminis expressa» (Uranometría, todas las constelaciones están contenidas en las cartas con una nuevo método de delineación y grabadas sobre láminas de cobre).

Bayer en este átlas, además de ofrecer un trabajo de calidad, realizó una compilación completa de toda la bóveda celeste estableciendo una nomenclatura para nombrar a las estrellas.

Los nombres tradicionales de las estrellas eran escasos, apenas llegaban a unas decenas y había mucha confusión en ellos, muchos nombres se repiten y para cada estrella había varios de nombres incluso, otras estrellas importantes, su nombre tradicional se desconocía (y aún hoy en día, se desconocen, llegándose a tomar de la tradición china, como por el ejemplo el caso de la estrella CIH la Gamma de Casiopea, nombre chino procedente de Tsih y que su nombre tradicional clásico es desconocido -se perdió en el tiempo y en esos papeles que fueron destruidos como tantas cosas fueron destruidas- por los católicos.

Cada estrella era catalogada en función del brillo, desde la más brillante, a la que se le daba la primera categoría, o magnitud 1.ª, desde tiempos de Ptolomeo (s. II) en la Grecia helenística, se había establecido seis jerarquías para catalogar las estrellas por su brillo desde 1 hasta 6, de más brillante a más débil para la observación a simple vista.

Bayer en cada constelación ordenó las estrellas por su brillo y tomó las letras minúsculas del alfabeto griego para irla nombrando desde la mas brillante: Alfa, beta, gamma, delta, ... hasta la más débiles: fi, ji, psi, omega, pero esto no fue una regla bien respetada.

A continuación y en latín, el idioma académico oficial de la modernidad, indicaban la pertenencia a la constelación: «de, de la, del» y para eso, al nombre de la constelación en latín y caso nominativo, lo ponía en caso genitivo.

Así, Alfa de la constelación de los Lebreles conocida como Corazón de Carlos, en latín se decía y se dice: Alpha Canum Venaticorum (COR CAROLI), siendo la mayoría de las estrellas, carentes de sus nombres tradicionales, esta nomenclatura fue realmente válida y al terminar el alfabeto, utilizó las letras minúsculas del alfabeto latino para continuar con las mayúsculas. De esta nomenclatura sólo nos  ha llegado la primera elección, el resto del modelo fue olvidado e incluso vetado, las letras del alfabeto latino ya no se usan en los catálogos de estrellas desde mediados del siglo XX.

LETRA MINÚSCULA DEL ALFABETO GRIEGO + GENITIVO LATINO DEL NOMBRE DE LA CONSTELACIÓN

   
Detalle del torso de ORIÓN de la Uranometría de Bayer, constelación ptolemaica lleva asignada cada  estrella una letra griega minúscula (para las más brillantes), letras latinas en minúscula y en mayúscula, a cada una de esta estrellas hay que añadirles ORIONIS (latín, genitivo) para indicar su pertenencia a la constelación de ORION (latín, nominativo).

Así, que es necesario ir aprendiendo el alfabeto griego y los nombres en latín de las 88 constelaciones tanto en los casos nominativo como genitivo, esto es un maravilloso ejercicio para trabajar la memoria, que las tecnologías al darnos tantas facilidades, nos están volviendo perezosos y acabamos por perder la capacidad de memorizar. En Memrise he realizado cursos relacionados con el tema de la uranografía histórica, realizar estos ejercicios ayudan a convertirse en un experto.

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Debido a que muchas mediciones de las magnitudes visuales de las estrellas eran inexactas e incluso incorrectas y por otro lado, hay estrellas que han variado su brillo a lo largo de los siglos, aunque manteniendo esta nomenclatura, no es fiable conforme a su principio de asignar a la estrella más brillante las primeras letras del alfabeto, encontrando muchos errores de nominación, pero aún así, se siguen aprendiendo los nombres tal y como en 1603 se pusieron en ese catálogo de estrellas.

Uranometria fue uno de los átlas celestes  más influyentes publicado en Augsburgo, Alemania. Contenía placas de cobre para cada una de las 48 constelaciones ptolemaicas, más una placa para las 12 nuevas constelaciones australes que se habían creado unos años antes a partir de observaciones realizadas durante la primera expedición comercial holandesa a las Indias Orientales. Esta fue la primera aparición de estas constelaciones australes en un atlas. Uranometria fue tan popular que se reimprimió ocho veces entre 1624 y 1689.

La principal fuente de Bayer sobre posiciones y magnitudes estelares para las constelaciones ptolemaicas fue el catálogo de Tycho Brahe de 777 estrellas publicado en 1602, ampliado por el catálogo del Almagesto y observaciones propias. En la primera edición de Uranometria, en el reverso de cada placa estaba impresa una tabla de estrellas de cada constelación. Fue en estas listas donde aparecieron las famosas letras griegas y romanas que identificaban las estrellas más brillantes. Ahora se las conoce como letras Bayer. (De hecho, la idea de escribir las estrellas no era del todo original, ya que el astrónomo italiano Alessandro Piccolomini (1508-1579) ya lo había realizado a través de su publicación sobre las estrellas fijas (De le stelle fisse) de 1540, pero el respeto que causó en todo el mundo la obra de Bayer le hizo prevalecer por encima de otras publicaciones, adoptándose su nomenclatura y que cuatrocientos años más tarde, se siga utilizando popularmente, aunque a nivel científico suelen usar ya otras nomenclaturas más específicas y procedentes de catálogos especializados de estrellas en detrimento de la tradición cultural astronómica.


Detalle de las nuevas constelaciones australes desconocidas por Ptolomeo y todos los europeos hasta bien entrado el siglo XVI, las estrellas están desprovistas de letras, pues Bayer no quiso realizar esta tarea al no disponer de suficientes datos tanto en magnitud como posición, dejándolo para los astrónomos que viajasen al hemisferio sur. En este dibujo puede observarse las constelaciones (de arriba a abajo y de izquierda a derecha) de: Grulla (GRUS), Indio (INDUS), PAVO,  Ave fénix (PHOENIX), Tucán (TUCANA) y la Hidra macho (HYDRUS), señala las Nubes de Magallanes (Nubecula maior y Nubecula minor) y la brillante estrella ACHERNAR (α Eridani), el delta de la desembocadura del Río Eridano que nace al pie del cazador Orión, en la carta lo escribe como ACARNAR.

Bayer no asignó letras a ninguna estrella de las nuevas constelaciones no ptolemaicas, siendo en 1845 realizada esta compilación a través del  Catálogo de la Asociación Británica por Francis Baily para las constelaciones boreales, así como a través de Coelum Australe Stelliferum de 1763 realizado por Nicolas Louis de Lacaille para las constelaciones australes, completada por Benjamin Could en su obra Uranometria Argentina de 1877.

Aunque el comienzo de la compilación del catálogo que realizó Bayer tuvo como objetivo denominar las estrellas en orden de brillo y orden alfabético, finalmente encontramos un pequeño caos, y la nominación fue alterada de una constelación a otra.

Sirvan algunos ejemplos, en la Osa Mayor las siete estrellas del Gran Carro estaban etiquetadas en orden de ascensión recta. En Géminis, las tres estrellas más brillantes estaban etiquetadas por declinación, de norte a sur; mientras que en Cygnus la secuencia de letras de las estrellas más brillantes sigue la forma general del asterismo. En muchas otras constelaciones, y particularmente entre las estrellas más débiles, no existe ningún patrón conocido para la distribución de las letras.

Como resultado de este proceso un tanto azaroso, en 16 constelaciones, la alfa de cada una de ellas no es la más brillante del grupo, como es el caso de las constelaciones de Cáncer (Cangrejo), Capricornio (La cabra de agua), Ballena, Cuervo, Copa, Delfín, Dragón, Gemelos (Géminis), Hércules, Balanza (Libra), Orión (El cazador), Pegaso, Piscis (Los peces), Flecha, Sagitario y Triángulo.

En las constelaciones más grandes, una vez agotadas las 24 letras griegas del alfa a la omega, Bayer recurrió a las letras romanas, empezando por la a mayúscula seguida de la b, c, d minúscula, etc. 

Hércules, con 48 estrellas, era la única constelación en la que llegó hasta la z. (Se omitieron las letras j y v, pero se incluyó o). No todas las estrellas trazadas en los mapas figuraban en el catálogo de Bayer, por lo que numerosas estrellas débiles en los mapas permanecieron sin nominar.

El catálogo de Bayer contiene un total de 1.164 estrellas nominadas. Hay estrellas que históricamente han sido compartidas por dos constelaciones contiguas y que aparecen en el Almagesto de Ptolomeo.

ALPHERATZ    se nominó como α andrómeda y δ pegasi

EL NATH           se nombró como β tauri y γ aurigae

Y las estrellas η bootis y ψ herculis son una misma

La autoridad de Bayer se mantuvo firme durante más de 300 años hasta que la Unión Astronómica Internacional en 1930 puso orden en el caos celeste, al menos desde el punto de vista de la nomenclatura estelar, los límites entre constelaciones y el establecimiento de un cánon para las constelaciones, así Delta Pegasi, Gamma Aurigae o Psi Herculis dejaron de existir definitivamente, también se encontraron otras duplicidades, el historiador Morton Wagman de los EE.UU. señaló que  Xi Arietis y Psi Ceti son una misma estrella y Kappa Ceti y Gamma Tauri, también. Así, desaparecieron las denominaciones de Psi Ceti  y Gamma Tauri en favor de las primeras.

Bayer también puso una misma letra a dos o más estrellas como fue el caso de la doble visual alfa capricorni, ambas denominadas como duplex, se denominaron igual. El escudo de Orión formado por seis estrellas eran las pi oriónidas, o la antigua constelación del telescopio de Herschel, hoy desaparecida e integrada en Cochero, son las psis en Auriga (la desaparecida constelación del Telescopio de Herschel), posteriormente, los astrónomos le asignaron un superíndice numérico para asignarlas de manera individual, asi encontramos π¹ , π²  , π ³ como ejemplo en el escudo de Orión.

Por otro lado, los errores de catálogo son numerosos y se trató de enmendar con la nueva impresión del Explicatio Characterum aeneis Uranometrias en 1624, pero los errores tipográficos se fueron reproduciendo en las sucesivas ediciones, por copiar y no comprobar.

El siglo XIX fue escenario de la confección de grandes catálogos de estrellas con sus posiciones y magnitudes, destacando el gran catálogo Bonner Durchmusterung (BD) confeccionado entre 1852 y 1862 efectuados por Argelander, Schönfeld y Krüger, en su primera parte, computando 324.198 estrellas del hemisferio boreal hasta parte del austral cercana al ecuador a -2º de declinación y en una segunda parte que continuó Schönfeld hasta la declinación -23º computando 133.659 estrellas más, posteriormente, este gran proyecto fue completado entre 1886 y 1914 en otras dos fases para el hemisferio austral a través del Observatorio de  Córdoba (Argentina) en una colaboración germano-argentina, bajo la coordinación de Krüger, quedando computadas 613.953 estrellas en la Córdoba Durchmusterung (CD)  totalizando 1.071.810 estrellas hasta la décima magnitud, aunque el BD no realizó totalmente el trabajo, llegando en muchos casos a valores de la 9.ª magnitud, quedando muchas estrellas entre la novena y décima magnitud sin catalogar. Con la introducción de la escala de magnitudes de Pogson, tuvo que recalibrarse las magnitudes consignadas en los catálogos, elaborando Müller y Kempf, del Observatorio de Potsdam, el Potsdamer Durchmusterung concluido en 1906. Bajo la dirección de Pickering fue elaborado entre 1879 y 1907 el catálogo de Harvard Revised Photometry (HR) para 9.110 estrellas. En 1887 en un congreso internacional celebrado en París se acordó mediante la participación de 18 observatorios de todo el mundo, la confección del primer átlas fotográfico del cielo cuya elaboración fue realizada en algo más de 50 años donde se llegaron a fotografiar más de 5 millones de estrellas y otro tanto de galaxias y nebulosas. Se descubrieron algunas propiedades fotométricas, por un lado, las estrellas que presentan un ligero color hacia el rojo, apenas impresionan la placa fotográfica y las que presentan un ligero color hacia el azul, la sobreimpresionan, presentándose más brillantes que como son vistas a través del ojo. Las placas fotográficas tienen una sensibilidad espectral que aumenta hacia la región azul-violeta del espectro visible, disminuyendo en la región opuesta anaranjada-roja, sensibilidad que difiere de la del ojo humano que posee una sensibilidad espectral más proporcionada y menos pronunciada entre colores, dato a tener en cuenta a la hora de tabular las estrellas fotografiadas e indicar su magnitud, en este caso, fotográfica y no visual.

En este blog, a través de la serie de CONSTELACIONES, como «La constelación de X como nunca la has visto», que aunque no está completa y posiblemente no tenga tanto tiempo -de vida- como para completarlas, buscaré la manera de ir consignando temporada a temporada, al menos, las más importantes y destacables de cada estación. En esta serie hago una enumeración y descripción de las estrellas denominadas por Bayer, desde la alfa hasta la omega (siempre que existan). 

Para buscar las constelaciones publicadas, en el margen izquierdo, deslízate inferiormente hasta encontrar cada serie. Generalmente, una constelación puede abarcar entre 5 y 10 entradas, que aparecen agrupadas y anexionadas.

Puedes proponer constelaciones no tratadas, para ello, comenta.







lunes, 29 de septiembre de 2025

CLASIFICACIÓN ESTELAR 

DE HARVARD-YERKES

 

En los artículos sobre la descripción de las constelaciones, comienzo a realizar descripciones de estrellas de cada constelación y uno de los datos que aporto es el tipo de estrella (o clase espectral), en esta entrada trato de aclarar en que consiste procurando presentar una imagen básica y sucinta para que pueda ser entendida por todos. 

En 1859, R.W. Bunsen y G.R. Kirchhoff presentaron las bases para interpretar la composición química de un objeto analizando su luz a través de un espectroscopio y en 1865 nace la astrofísica al acoplar al telescopio provisto de placa fotográfica, el espectroscopio, siendo el Sol, la primera estrella estudiada. El brillo de las estrellas y su medición en magnitudes indujo a creer en que era posible conocer las distancias a las estrellas si todas son iguales, pero las estrellas son muy diferentes entre sí según Herschel, la fotometría apareció gracias a que Pierre Bourguer en el siglo XVIII ideó una fuente luminosa variable para poder ser compararla con la luz de la estrella observada y medir con exactitud su magnitud visual aparente. En 1836 Steinheil dedujo que las magnitudes se corresponden al logaritmo del brillo y en 1856 Pogson propuso la escala de magnitudes, donde 5 magnitudes corresponden a una diferencia de brillo de 100, en 1857 Zöllner desarrolló el astrofotómetro permitiendo la creación de catálogos fotométricos precisos redefiniendo el concepto de magnitud estelar, En el siglo XIX aparecerieron los grandes catálogos estelares como el Bonner Durchmusterung (BD) y el Córdoba Durchmusterung (CD), el Potsdamer Durchmusterung fue concluido en 1906 y desde 1887 se realiza el primer gran átlas fotográfico del cielo, un trabajo que se prolongó por más de 50 años con la colaboración de los más importantes observatorios del mundo, fotografiándose más de 6 millones de estrellas, galaxias y nebulosas. Con la fotografía se descubrió la magnitud fotográfica más sensible a la región azul del espectro visible y la comparación con la visual es el denominado índice de color. Entre 1879 y 1907 bajo la dirección de Pickering fue elaborado el catálogo Harvard Revised Photometry (HR) y en 1890 la Universidad de Harvard publica el primer catálogo de espectros estelares a partir del legado de Draper. Los primeros modelos evolutivos aparecieron a finales del s. XIX, en 1872 se creía que las estrellas recién constituidas lo hacían como estrellas azules y paulatinamente se enfrían hasta convertirse en rojas, En 1874 Vogel diseñó una clasificación estelar evolucionistas ordenadas por sus temperaturas superficiales, y Secchi en 1877 comparó los espectros de 4.000 estrellas, concluyendo cuatro clases de estrellas: blanco-azuladas, amarillas, anaranjadas y rojas, confirmando el modelo de Vogel. 2 En la década de los 1880, Ritter elaboró las bases de la astrofísica estelar aunque su modelo evolutivo fue contrario al vigente, sostuvo que las estrellas nacen como rojas y van aumentando su temperatura a lo largo del tiempo hasta alcanzar un máximo como estrella azul para posteriormente ir apagándose como estrella roja. Lockyer partiendo de la hipótesis meteórica como origen de la formación estelar, la condensación de material eleva la temperatura al punto de volatilizar los átomos para descomponerlos en subpartículas más elementales, adelantándose a su tiempo con esta concepción del átomo, la estrella alcanza su máxima temperatura para iniciar un lento enfriamiento y contracción, establece un modelo evolutivo con forma de campana invertida, las estrellas jóvenes se sitúan en la parte izquierda y las más viejas en la parte derecha de la gráfica. Monck al comparar movimientos propios con tipos espectrales estima las luminosidades relativas, descubriendo en 1892 que las estrellas amarillas son menos luminosas que las rojas, en contra de lo que se creía y además que hay dos clases de estrellas amarillas, unas de débil luminosidad y cercanas (enanas amarillas) y otras de gran luminosidad y lejanas (gigantes amarillas) que no podía deducirse aún del estudio de los espectros, sin embargo, a principios del siglo XX, Maury observó que las franjas de los espectros para un mismo tipo de estrella, las hay finas o anchas, los espectros de finas líneas corresponden con un modelo teórico de una estrella de baja gravedad, al contrario de los espectros de anchas líneas, que tiene una alta gravedad, así concluye con la existencia de estrellas gigantes y enanas. A partir del catálogo de Draper, Williamina P. Fleming basándose en la intensidad de las líneas de Balmer del hidrógeno y las líneas H y K del calcio, clasifica a las estrellas en 13 tipos, nombrándolas desde la A hasta la N, exceptuando la J para evitar confusión con la I. Cannon mediante la clasificación de Draper-Fleming ordena la secuencia alfabética de los tipos en función de la temperatura estelar obteniendo 8 tipos fundamentales: O, B, A, F, G, K, M, N dentro de cada uno de ellos añadía un dígito numérico de 0 a 9 para caracterizar el grado de variabilidad dentro de un mismo tipo, también conservó otros tipos menores como P, Q, R, S de Fleming, esta clasificación entró en vigor a partir del nuevo catálogo de Henry Draper (HD) entre 1918 y 1924 y publicado en 9 volúmenes.

Ejnar Hertzprung detectó estrellas enanas y gigantes para los últimos tipos espectrales G, K, M ; así concluye que existen dos ramas evolutivas: 1. Rama de las gigantes (minoritaria) 2. Rama de las enanas (principal) Y la clasificación estelar se completa informando a qué tipo de estrellas pertenece un mismo espectro, distinguiéndose por luminosidad se formaron ocho tipos: Ia, Ib, II, III, IV, V, VI y VII. La clasificación de Harvard fue complementada con la de Yerkes, la actualmente en vigor clasificación Harvard-Yerkes, que ha incorporado nuevos tipos como las estrellas Wolf-Rayet, WR, las más calientes de todas con más de 50.000º K, otros subtipos menores del tipo M, como las estrellas de carbono: C y S, o las enanas marrones frías como: L, T, Y. El modelo clasificatorio y evolutivo de las estrellas fue finalmente establecido gracias al descubrimiento del Diagrama de Hertzprung-Rusell (Diagrama H-R) que tiene una importancia tan crucial para la astrofísica estelar como la Tabla Periódica de los Elementos para la química. En 1913, Henry Norris Russell coincidió con Hertzprung al confeccionar un diagrama luminosidad/tipo espectral (o magnitud absoluta/temperatura) donde al situar una amplia muestra de estrellas analizadas encuentra cuatro regiones específicas dentro de la tabla, por un lado, la amplia mayoría de las estrellas se posicionan en la diagonal secundaria denominada secuencia principal, las estrellas gigantes se encuentran en dos regiones de la parte superior, a la izquierda, las supergigantes y a la derecha, las gigantes y en el extremo inferior izquierdo y central se sitúan las enanas blancas. Se confirma que las estrellas más frías (tipos G, K y M) las pueden haber gigantes o enanas. Tratando estadísticamente esta información, el camino evolutivo que sigue una estrella depende de su masa inicial al formarse, las estrellas de mayor masa pasan por la mayoría de estadios y las de menor masa, se incorporan en un punto intermedio de la secuencia principal en función de su temperatura y color iniciales. El diagrama H-R determina la edad de un grupo de estrellas, aplicado sobre cúmulos estelares, sean abiertos o globulares, la distribución de estas en el diagrama aporta una información fidedigna sobre la edad de las estrellas que lo componen y la evolución que han tenido a lo largo de su existencia.

Durante el siglo XX y parte del XXI, se han ido descubriendo nuevos tipos estelares completando la original, así tenemos las estrellas muy calientes de más de 50.000 K, las estrellas Wolf-Rayet y su notación es WR ; (W) ; (O), otros tipos de estrellas (enanas marrones) muy frías y a medio camino entre planeta o estrella son L, T, Y y dentro del rango de las M, están las estrellas de carbono de los tipos C y S.





Yerkes aportó además una clasificación complementaria para las estrellas en función de su luminosidad, en consecuencia, en función de su masa y volumen, estableciendo los tipos:

Tipo Ia   Supergigantes muy luminosas

Tipo Ib   Supergigantes menos luminosas

Tipo II   Gigantes luminosas

Tipo III  Gigante

Tipo IV  Subgigantes

Tipo V   Enanas tipo Sol (estrellas de la secuencia principal)

Tipo VI  [SD=sub-dwarf]  Sub-enanas blancas

Tipo VII [D = dwarf]   Enanas blancas

Posteriormente, a finales del siglo XX, se establece un tipo correspondiente a estrellas hipergigantes a las que se les asigna: 0 o Ia+

Tipo 0 o Ia+ Estrellas hipergigantes

La clasificación Harvard-Yerkes se basa en la siguiente codificación:

A9NNN

A=Tipo espectral: algunas letras del alfabeto latino en mayúscula.

9 = Subtipo espectral: dígito de 0 a 9

NNN(a) = Clase de luminosidad: Números romanos y en algún caso acompañado de una letra minúscula a o b (Clasificación de Yerkes)


EJEMPLO DE CLASIFICACIÓN DE ESTRELLAS Y SU EXPLICACIÓN

EJEMPLO 1 : El Sol es de la clase G2V

G= Estrella amarilla de secuencia, temperatura 5.800º K (aprox.)

2 = Subtipo espectral, está muy cerca de la típica estrella G

V = Clase de luminosidad 5.ª correspondiente a las estrellas enanas de la secuencia principal

EJEMPLO 2 Alpheratz o Sirrah es de la clase  B8IVp(Hg-Mn)

B= Estrella blanco-azulada gigante de temperatura 13.000º K (aprox.)

8 = Subtipo espectral, está muy cerca de la típica estrella blanca A, por eso, su color es más blanco que azulado, correspondiente al tipo B.

IV = Clase de luminosidad 4.ª correspondiente a las estrellas subgigantes, de varias masas solares, en concreto, Alpheratz tiene 5 masas solares y un volumen mucho mayor que el Sol.

Aquí se añade una característica especial:

p (Hg-Mn) = Presenta rayas abundantes e intensas de mercurio y manganeso


 CLASES ESPECTRALES DE LAS ESTRELLAS

 (ordenados de menor a mayor temperatura superficial)

Tipo Y o subenanas marrones muy frías con temperatura ambiente, en torno a los 300º K (temperatura del cuerpo humano) irradian con un máximo en el infrarrojo y en su espectro se aprecia la presencia de amoniaco. 



Ejemplo de estrella Tipo Y: Wise 1828 con una temperatura superficial de 25º C (298º C).



Tipo T o enanas marrones frías con temperaturas entre 250º y 1.000º K irradian con un máximo en el infrarrojo y en su espectro se aprecia la presencia de metano.



Tipo L o enanas marrones, que son más frias que las de tipo M, temperaturas entre 1.300º y 2.000º K irradian con un máximo en el infrarrojo, aparecen metales alcalinos como litio o sodio y moléculas como fluoruros metálicos.





Tipo C estrellas de carbono por su gran abundancia, son de color rojo intenso y su temperatura varía entre 2.400º y 3.200º K en el rango de temperatura de las de tipo M. Ejemplo: RS Cygni.



Tipo S estrellas de carbono, de mayor abundancia que las de tipo C, circonio y óxido de vanadio, son de color rojo granate y su temperatura varía entre 2.400º y 3.500º K en el rango de temperatura de las de tipo M. 

Ejemplo: π1 Gruis (la estrella más rojiza que se conoce).




Tipo M, son las estrellas más frías: 2.000 a 3.500º K, de color rojizo, tienen una alta metalicidad y óxido de titanio. 

Estrellas tipo: Betelgeuse, Próxima centauri, Menkar y Antares.




Tipo K con temperaturas entre 3.100 y 4.800º K, de color anaranjado, destacan las rayas del calcio, su alta metalicidad y óxido de titanio.

Estrellas tipo: Aldebarán, Albireo A.





Tipo G con temperaturas entre 4.800º y 6.000º K, de color amarillento, aparecen las rayas del hidrógeno (serie de Balmer), metalicidad, y algunas moléculas sencillas. 

Estrellas tipo: Capella, Sol.




Tipo F 
con temperaturas entre 6.000º y 7.000º K, de color blanco, encontramos hidrógeno, hierro, estroncio, magnesio y titanio. 

Estrellas tipo: Polaris, Mirfak.




Tipo A con temperaturas entre 7.000º y 10.000º K, de color blanco con tonos azulados, aparecen las rayas del calcio II y helio I, destacando fundamentalmente el hidrógeno. 

Estrellas tipo: Sirio, Vega, Deneb, Altair.







Tipo B con temperaturas entre 10.000º y 20.000º K, de color azul, destacan hidrógeno y helio, metales ionizados. 

Estrellas tipo: Rigel, Régulo y Spica.




Tipo O con temperaturas entre 20.000º y 40.000º K, de color azul, aparecen las rayas de helio II, nitrógeno, carbono y oxígeno. 

Estrellas tipo: Alnitak, Meissa, AE Aurigae, σ Orionis, μ Columbae.



Tipo WR o estrellas Wolf-Rayet, alcanzan temperaturas superiores a los 50.000º K,  color azul-violáceo, irradian con un máximo en el ultravioleta, aparecen helio, nitrógeno, carbono y oxígeno altamente ionizados, no hay presencia de rayas del hidrógeno. 

Estrellas tipo: γ Velorum, θ Muscae, CD Crucis.


domingo, 28 de septiembre de 2025

[5] ¿QUIÉN ERA JUAN MATUS, EN REALIDAD?

Extracto del libro «El lado activo del infinito» de Carlos Castaneda comentado por José Antonio Galán Baho.

La parte de la historia de mi encuentro con don Juan (que él no quería escuchar) tenía que ver con los sentimientos e impresiones que sentí al entrar, a su casa; el contradictorio choque entre mis expectativas y la realidad de la situación, y el efecto que un racimo de las ideas más extravagantes que jamás he tenido, causó en mí. -

Eso es más bien una confesión que una narración de sucesos -me dijo una vez, cuando intenté contárselo. -No puede estar más errado, don Juan -empecé, pero me detuve. Algo en su mirada me dijo que él tenía razón. Lo que yo dijera parecería halago, adulación. Lo que pasó durante nuestro primer verdadero encuentro, sin embargo, fue de una importancia trascendental para mí, un suceso de consecuencias finales. 

Durante mi primer encuentro con don Juan, en la estación de autobuses de Nogales, Arizona, algo de una naturaleza extraordinaria me sucedió, pero estaba camuflado por mis preocupaciones con la presentación del yo. Quería causarle una fuerte impresión a don Juan, y al intentarlo, había enfocado toda mi atención en el acto de «venderme», por decirlo así. 

Sólo después de haber transcurrido varios meses  comenzaron a surgir un residuo extraño de sucesos olvidados. Un día, de la nada y sin que yo lo provocara o lo dirigiera, me acordé de algo con una claridad extraordinaria, algo que me había pasado completamente por alto durante mi encuentro mismo entre don Juan y yo. Cuando me frenó al querer decirle mi nombre, me había escudriñado y su mirada había penetrado en mis ojos, dejándome paralizado. Había infinitamente más que yo le podía decir acerca de mí. Podría haber expuesto durante horas y con gran detalle mi conocimiento y valor, si no hubiera sido que su mirada me dejó seco.[1]

En vista de esta nueva realización, me puse a considerar de nuevo todo lo que me había ocurrido en aquella ocasión. Mi conclusión inevitable fue que había experimentado la interrupción de cierto flujo misterioso que me mantenía, un flujo que jamás antes había sido interrumpido, por lo menos no en la manera en que lo hizo don Juan. [2] Cuando intenté describir a mis amigos lo que había experimentado físicamente, un extraño sudor empezó a cubrirme el cuerpo entero; el mismo sudor que había sentido cuando don Juan me dio esa mirada; en ese momento, no solamente había sido incapaz de pronunciar una sola palabra, sino también de tener un solo pensamiento. Por algún tiempo después, me quedé enfocado sobre la sensación física de la interrupción, para la cual no encontraba yo ninguna explicación racional. Argumenté, durante un tiempo, que don Juan me había hipnotizado, pero mi memoria me decía que él no me había dado ninguna orden hipnótica ni había hecho ningún movimiento que pudiera haber atrapado mi atención. De hecho, simplemente me había mirado. Era la intensidad de aquella mirada lo que la hizo aparecer como si me hubiera escudriñado durante largo rato.[1] Su mirada me había obsesionado y me había dejado descompuesto físicamente a un nivel profundo. Cuando finalmente tuve a don Juan de nuevo delante de mí, lo primero que percibí era que no se parecía para nada a lo que me había imaginado durante todo el tiempo que traté de encontrarlo. Había fabricado una imagen del hombre que había conocido en la estación de autobuses, imagen que perfeccionaba todos los días al aparentemente recordar más y más detalles. En mi mente, era un viejo todavía fuerte y ágil, pero casi delicado. El hombre delante de mí era muscular y decisivo. Caminaba con agilidad, pero no era de paso fino. Sus pasos era firmes aunque ligeros. Irradiaba vitalidad y propósito. El recuerdo que compuse no estaba en armonía con la cosa real. Creí que tenía pelo corto y blanco y una tez bastante morena. El pelo lo tenía más largo y no tan blanco como me lo imaginaba. La tez tampoco la tenía tan oscura. Podría haber jurado que sus facciones eran agudas como las de un ave, a causa de su edad. Pero no era así. Tenía la cara llena, casi redonda. De un vistazo, la característica más sobresaliente del hombre que me estaba mirando eran sus ojos oscuros, que brillaban con una luz peculiar, danzante. Algo se me había pasado completamente por alto en mi primera evaluación de él, y era que su apariencia entera era la de un atleta. Tenía espaldas anchas, el estómago plano; su postura estaba firmemente plantada sobre el suelo. No había debilidad en sus rodillas ni temblores en sus brazos. Había imaginado un ligero temblor en la cabeza y los brazos, como si estuviera nervioso o inestable. También imaginé que medía alrededor de un metro setenta, diez centímetros menos que su estatura real. Don Juan no manifestó ninguna sorpresa al verme. Quería decirle cuán difícil había sido encontrarlo. Quería que me felicitara por mis esfuerzos titánicos, pero simplemente se rió de mí en tono de broma. -Tus esfuerzos no me importan -dijo-. Lo que me importa es que encontraste dónde vivo. Siéntate, siéntate - dijo atrayéndome, señalando una de las cajas de carga que estaban bajo su ramada y dándome una palmada en la espalda; pero no era una palmada amistosa. Era como si me hubiera golpeado en la espalda, aunque nunca me tocó. Su cuasi-palmada creó una sensación extraña e inestable que apareció de pronto y desapareció antes de que pudiera captar lo que era. Lo que quedó en mí fue un extraña tranquilidad. Sentí bienestar. Mi mente estaba clara. No tenía ni expectativas ni deseos. Mi acostumbrada nerviosidad y mis manos sudadas, las señales de mi existencia, desaparecieron de pronto. -Ahora vas a comprender todo lo que te voy a decir [3] -me dijo don Juan mirándome a los ojos como lo había hecho en la estación de autobuses. Usualmente hubiera hallado su pronunciamiento superficial, quizá retórico, pero cuando lo dijo no pude sino asegurarle repetida y sinceramente que iba a comprender todo lo que me dijera. Me miró de nuevo a los ojos con una intensidad feroz. -Soy Juan Matus -dijo, sentándose en otra caja a unos metros de mí-. Ése es mi nombre y lo articulo porque con él estoy haciendo un puente para que cruces adonde yo estoy. Se me quedó mirando un instante antes de volver a hablar. -Soy chamán -siguió-. Pertenezco a un linaje de chamanes que ha durado veintisiete generaciones. Soy el nagual de mi generación. Me explicó que el líder de un grupo de chamanes como él se llamaba «nagual», y que éste era un término genérico que se aplicaba a un chamán de cada generación que tenía una configuración energética específica que lo apartaba de los demás [4]. No en términos de superioridad o inferioridad, o nada por el estilo, sino en términos de la capacidad de ser responsable. -Sólo el nagual -dijo- tiene la capacidad energética de ser responsable del destino de sus cohortes. Cada uno de sus cohortes sabe esto y accede. El nagual puede ser hombre o mujer. En el tiempo de los chamanes que fueron los fundadores de mi linaje, las mujeres eran, por regla general, las naguales. Su pragmatismo natural, producto de su feminidad, condujo a mi linaje hacia pozos de practicalidades de los que casi no pudieron salir. Entonces, los hombres asumieron la dirección y condujeron a mi linaje hacia pozos de imbecilidades de los cuales apenas estamos saliendo ahora. «Desde el tiempo del nagual Luján, que vivió hace unos doscientos años -siguió-, ha habido un nexo conjunto de esfuerzo, compartido por un hombre y una mujer». El hombre nagual trae sobriedad; la mujer nagual trae innovación.[5] Quería preguntarle en ese momento si había una mujer en su vida que fuera la mujer nagual, pero la profundidad de mi concentración no me permitió formular la pregunta. En cambio, él la formuló por mí

-¿Hay una mujer nagual en mi vida? -preguntó-. No, no la hay. Soy un brujo solitario. Sin embargo, tengo mis cohortes. En este momento, no andan por aquí. Un pensamiento emergió en mi mente con un vigor incontenible. En aquel instante me acordé de lo que algunas personas en Yuma me habían dicho, que don Juan andaba con un grupo de mexicanos que parecían estar muy bien entrenados en maniobras de brujería. 

-Ser chamán -continuó don Juan- no significa practicar hechizos, o tratar de afectar a la gente, o ser poseído por los demonios. El ser chamán significa alcanzar un nivel de consciencia que da acceso a cosas inconcebibles. El término «brujería» no tiene la capacidad de expresar lo que hacen los chamanes, ni tampoco el término «chamanismo». 

Las acciones de los chamanes existen exclusivamente en el reino de lo abstracto, de lo impersonal. Los chamanes luchan para alcanzar una meta que nada tiene que ver con la búsqueda del hombre común. Los chamanes aspiran a llegar al infinito, y a ser conscientes de ello. Don Juan continuó, diciendo que la tarea de los chamanes era enfrentarse al infinito, y que se sumergen en él diariamente, tal como un pescador se sumerge en el mar. Era una tarea tan enorme que los chamanes tenían que pronunciar sus nombres antes de entrar en ello. Me recordó que en Nogales había pronunciado su nombre antes de que se llevara a cabo interacción alguna entre nosotros. Había afirmado, de esa manera, su individualidad ante el infinito [6]. Comprendí con una claridad sin igual lo que me explicaba. Ni siquiera tenía que pedir aclaraciones. La agudeza de pensamiento debería haberme sorprendido, pero no fue así. Supe en aquel momento que siempre había sido claro de pensamiento, que sólo me hacía el tonto para el beneficio de otro. -Sin que supieras nada -continuó-, te inicié en una búsqueda tradicional. Tú eres el hombre a quien buscaba. Mi búsqueda terminó cuando te encontré, y la tuya cuando me encontraste ahora [7]. Don Juan me explicó que como nagual de su generación estaba buscando a un individuo que tuviera una configuración energética específica, adecuada para asegurar la continuidad de su linaje. Dijo que, en cierto momento, el nagual de cada generación durante veintisiete generaciones sucesivas, había entrado en la experiencia más desgarradora de su vida; la búsqueda de sucesión. Mirándome directamente a los ojos, dijo que lo que hacía que seres humanos se convirtieran en chamanes era su capacidad de percibir la energía tal como fluye en el universo, y que cuando los chamanes perciben a un ser humano de esta manera, ven una bola luminosa, o una figura luminosa en forma de huevo. Su postura era que los seres humanos no sólo son capaces de ver energía directamente como fluye en el universo, sino que en verdad la ven, pero no están deliberadamente concientes de verla [8]. Hizo inmediatamente la distinción más crucial para los chamanes, la que hay entre el estado general de ser consciente y el estado particular de ser deliberadamente consciente de algo. Categorizó a todos los seres humanos como poseedores de conciencia de manera general, que les permite ver energía directamente, y categorizó a los chamanes como los únicos seres humanos que son deliberadamente conscientes de ver energía directamente. En seguida, definió «conciencia» como energía y «energía» como un flujo constante, una vibración luminosa que nunca está quieta sino siempre en movimiento por impulso propio

Afirmó que cuando se ve a un ser humano se percibe como una aglomeración de campos energéticos unidos por la fuerza más misteriosa del universo: una fuerza vibratoria aglutinante y unificadora que mantiene juntos a los campos energéticos en una unidad cohesiva [9]. Explicó además que el nagual era un chamán específico de cada generación, a quien los otros chamanes podían ver, no como una sola bola luminosa, sino como una unidad de dos esferas de luminosidad fundidas la una sobre la otra. -Esta característica de ser doble -continuó-, le permite al nagual llevar a cabo maniobras que son bastante difíciles para un chamán ordinario. 

Por ejemplo, el nagual es conocedor de la fuerza que nos mantiene como una unidad cohesiva. El nagual puede fijar su atención total por una fracción de un segundo sobre esa fuerza y paralizar a otra persona. Te hice eso en la estación de autobuses porque quería detener tu bombardeo de yo, yo, yo, yo, yo, yo, yo. Quería que me encontraras y te dejaras de mierdas. 

»Mantenían los chamanes de mi linaje -continuó don Juan-, que la presencia de un ser doble, un nagual, basta para aclararnos las cosas. Lo que es raro es que la presencia del nagual aclara las cosas de manera velada. Me ocurrió a mí cuando conocí al nagual Julián, mi maestro. Su presencia me confundió durante años, porque cada vez que estaba cerca de él pensaba claramente, pero cuando él se alejaba, volvía yo a ser el mismo idiota que siempre había sido. 

»Tuve el privilegio -siguió don Juan- de conocer y tratar con dos naguales. Por seis años, a pedido del nagual Elías, el maestro del nagual Julián, fui a vivir con él. Él es el que me crió, por decirlo así. Un privilegio de lo más inusual. Tenía un lugar en la primera fila para observar lo que es realmente un nagual. El nagual Elías y el nagual Julián eran dos hombres de temperamentos tremendamente diferentes. 

El nagual Elías era más callado y estaba perdido en la oscuridad de su silencio. El nagual Julián era rimbombante, un hablador compulsivo. Parecía que vivía para llamar la atención a las mujeres. Había más mujeres en su vida que lo que uno quisiera pensar. A la vez, los dos se parecían asombrosamente en que no tenían nada adentro. Estaban vacíos. El nagual Elías era una colección de asombrosos cuentos hechizantes de regiones desconocidas. El nagual Julián era una colección de historias que tenía a todos muertos de carcajadas. Cuando trataba de dar con el hombre en ellos, el verdadero hombre, como podía con mi padre; con el hombre en toda la gente que conocía, no encontraba nada. En vez de tener a una persona real dentro de ellos, había un montón de cuentos acerca de gentes desconocidas. Cada hombre tenía su gracia, pero el resultado final era igual: el vacío, un vacío que no reflejaba el mundo, sino el infinito.

Don Juan siguió explicando que en el momento en que uno cruza el peculiar umbral del infinito, sea deliberadamente o como en mi caso, inconscientemente, todo lo que le pasa a uno desde ese momento, ya no está exclusivamente en el dominio de uno, sino que entra en el reino del infinito. 

-Cuando nos conocimos en Arizona, los dos cruzamos un peculiar umbral [10] -continuó-. Y ese umbral no fue decidido ni por ti ni por mí; sino por el infinito mismo. El infinito es todo lo que nos rodea. -Dijo esto haciendo un gesto amplio con los brazos-. Los chamanes de mi linaje lo llaman el infinito, el espíritu, el oscuro mar de la conciencia, y dicen que es algo que existe allí afuera y que rige sobre nuestras vidas. Podía realmente comprender todo lo que me estaba diciendo, y sin embargo, no sabía de qué demonios estaba hablando. Le pregunté si cruzar el umbral había sido un suceso accidental, resultado de circunstancias impredecibles regidas por el azar. Contestó que sus pasos y los míos fueron guiados por el infinito, y que circunstancias que parecían ser regidas por el azar fueron en esencia guiadas por el lado activo del infinito. Lo llamó intento. -Lo que nos reunió a ti y a mí -siguió-, fue el intento del infinito. Es imposible determinar lo que es este intento del infinito, sin embargo está allí, tan palpable como tú y yo. 

Los chamanes dicen que es un temblor en el aire. La ventaja de los chamanes es el saber que existe el temblor en el aire y asentir a él sin más. Para los chamanes no hay cavilaciones, preguntas, especulaciones. Saben que todo lo que tienen es la posibilidad de unirse con el intento del infinito, y lo hacen. Nada podría haber sido más claro que esos pronunciamientos. 

En cuanto a mí, la verdad de lo que me decía era tan auto-evidente que no me permitía pensar cómo tales aseveraciones absurdas podían parecer tan racionales. Sabía que todo lo que decía don Juan no sólo era una perogrullada, sino que podía comprobarlo al referirme a mi propio ser. Yo sabía acerca de todo lo que hablaba. Tenía la sensación de haber vivido cada vuelta de su descripción. Allí terminó nuestra conversación. 

Algo pareció desinflarse dentro de mí. Fue en aquel instante cuando se me ocurrió que estaba perdiendo la cabeza. Había sido cegado por pronunciamientos estrafalarios y había perdido todo sentido concebible de la objetividad. A consecuencia, me fui de la casa de don Juan muy apresuradamente, sintiéndome amenazado hasta el corazón por un enemigo invisible [11]. Don Juan me acompañó a mi coche, totalmente a sabiendas de lo que pasaba dentro de mí. -No te preocupes -me dijo, poniéndome la mano sobre el hombro-. No te estás volviendo loco. Lo que sentiste fue un ligero toque del infinito. Con el paso del tiempo, pude comprobar lo que don Juan había dicho de sus dos maestros. Don Juan Matus era exactamente como esos dos hombres a los que había descrito. Hasta diría que era una unión extraordinaria de los dos; por un lado, extremadamente callado e introspectivo; por otro, extremadamente abierto y ocurrente. El pronunciamiento más acertado de lo que es un nagual, y que articuló ese día en que lo encontré, es que el nagual está vacío, y que ese vacío no refleja el mundo sino que refleja el infinito. Nada puede haber sido más acertado que esto con referencia a don Juan Matus. Su vacío reflejaba el infinito. No existía alboroto en él, ni aseveraciones sobre el yo. No había ni una pizca de necesidad de enojos o remordimientos. Era suyo el vacío del guerrero-viajero, avezado al punto que no da nada por supuesto. Un guerrero-viajero que nunca subestima o sobreestima nada. Un luchador callado y disciplinado, cuya elegancia es tan extrema que nadie, no importa cuánto se esfuerce por ver, encontrará la costura donde se une toda esa complejidad. 

 COMENTARIO

Durante varios capítulos de este libro, Carlos Castaneda se aproxima a tratar de comprender y exponer qué tan trascendente fue su encuentro por primera vez con don Juan.

Y es que lo acontecido aquí, fue un hecho energético de gran trascendencia tanto para don Juan como para Carlos.

El infinito es una inmensidad donde la consciencia se manifiesta energéticamente. En la energía cabe la existencia de información, así que estos tres aspectos de una misma realidad son los causantes del intento.

Don Juan buscaba al nuevo nagual que lo sucediera cuando él y su partida ya no estuviesen en esta tierra.

Carlos buscaba encontrarse con el infinito, sin saberlo y sin ser consciente de ello, porque su especial naturaleza lo hacía estar predestinado.

Don Juan percibió una estructura energética de tres picos, como una especie de unión en apalizada, de tres globos de luz agolpados como si fuesen salchichas, encontró una estructura seudonagualista, no es la del nagual típico, que tiene cuatro picos y se observa como dos globos superpuestos, pero es arduo encontrar a alguien con estas características.

[1] Carlos fue parado en seco, para ello, don Juan utilizó un multihaz de fibras energéticas que partiendo de su ombligo, fueron al encuentro de la estructura energética de Carlos, lo escudriñó y averiguó que aunque no era un auténtico nagual, tenía potencialidad para llegar a serlo, entonces colocó sus trazas en el cuerpo interno de Carlos, para que éste lo añorase y lo buscase, e incluso lo encontrase, gracias a que una de las trazas funciona como un radio faro, es decir, es un objeto que lanza ráfagas de ondas que son interceptadas, en este caso, por don Juan y éste le puede ir guiando enviándole paquetes de ondas para determinar lugar y tiempo en la ubicación. Aquí, don Juan le calló la boca impidiéndole decir su nombre, porque si lo hace, el sistema sigue caminando y rompe la percepción de don Juan (conforme a lo descrito en el siguiente apartado).

[2] Cuando se percibe la energía tal y como es realmente, usamos el multihaz de fibras K procedentes del ombligo, también sirve de manera auxiliar otros multihaces de energía, que tenemos en las palmas de las manos (I/D), rodillas (E/F), ojos (A/B), entrecejo (C) y casco del cráneo (D). Cuando uno vé, no puede observar, el conglomerado de ondas energéticas, colores, figuras, transcurren a una velocidad tremenda y es extremadamente caótico, entonces, es necesario pararlo todo, como sacar una fotografía e ir fotograma a fotograma, eso produce un efecto sobre el observado que va desde un vacío en el estómago, una pequeña taquicardia, sudoración y otros estados fisiológicos de alarma, pues el ser, se siente amenazado.

[3] El efecto de la palmadita es cambiar la posición del punto de encaje (polo) que permita cambiar el estado de consciencia, desde el estado ordinaro al estado especial acrecentado. Cuando uno está en un estado ordinario de consciencia, aquí domina el parloteo y la tontería del foráneo, con el cambio de posición del polo (generalmente se hunde y se desplaza hacia la izquierda unos cuantos centímetros) se procura que la persona tenga una consciencia limpia, no perturbada por el foráneo y las enseñanzas que obtenga, serán aprendidas realmente y sin distracción, además, la capacidad de comprensión será tan efectiva que el aprendiz captará la esencia de las maniobras a realizar.

[4] La configuración energética del nagual se percibe como dos globos, superpuestos, uno encima de otro, posee cuatro polos o picos.

[5] El viaje hacia el infinito del que tanto habla don Juan, es la maniobra de escapar de la muerte para salir de este plano físico hacia otros planos de consciencia. Esto se realiza de manera colectiva mediante grupos de personas que tienen funciones y características muy definidas y especializadas. Desde la generación del nagual Julián, allá por el siglo XIX, hay un hombre chamán y una mujer chamán. Al parecer el género da una serie de características especiales que son importantes para los actos energéticos a realizar.

[6] Afirmar individualidad ante el infinito es mantener la individualidad y ello se realiza pronunciando el nombre de uno, puede ser un nombre convencional, el que recibimos al nacer o un nombre creado por nosotros mismos. Si no afirmamos la individualidad, el infinito hará con nosotros lo mismo que hace con los demás, desolvernos en el oscuro mar de la consciencia.

[7] El encuentro entre don Juan y Carlos es un hecho energético trascendental para la vida de ambos, don Juan encuentra a su sucesor y Carlos, a su maestro.

[8] Una característica de chamán es su capacidad para ser vidente, poseer el sistema cognitivo-energético adecuado para ver la energía tal y como transcurre por el universo, cuando don Juan encontró a Carlos, supo que él podía ver, pero no era consciente de lo que veía ni qué veía, por lo que sería su primera tarea de aprendizaje.

[9] El intento es esa energía que nos mantiene como ser, que nos hace ser quién somos, un conjunto de objetos energéticos que interaccionan entre sí, formando una unidad de consciencia y acción. El intento es acción pura.

[10] El infinito planea situaciones que en apariencia son insustanciales, pero tienen un poder inmenso por su carácter de predestinación, aquí, se formula un estado de equilibrio energético como consecuencia de una fuerte reacción desencadenada entre dos consciencias individuales.

[11] Estos estados fisiológicos aquí descritos suceden cada vez que el punto de encaje regresa a su lugar habitual, es decir, cambiamos nuestra consciencia desde un estado especial acrecentado al estado habitual donde el foráneo campa a sus anchas.