AUTOR DEL BLOG DE LA UNIVERSIDAD DE DOGOMKA

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El cielo me ha fascinado desde que tuve uso de razón. A los 13 años de edad realicé un trabajo sobre el Sistema Solar en la escuela y gané un premio, mi tía Paqui me obsequió con mi primer libro de astronomía, escrito por José Comás Solá, estudiando este libro, nació mi vocación por la astronomía. Cada noche salía al campo para identificar y conocer las estrellas, solía llevar conmigo unos binoculares y pasaba largas horas viendo el firmamento. Mi madre me regaló mi primer telescopio. Me formé como matemático y estudié complementos de astronomía posicional y astrofísica teórica, colaboré escribiendo artículos tanto en inglés como en español para tres revistas: «Sky and Telescope» (EE.UU.); «The Astronomer» (R.U.) y «Tribuna de Astronomía» (España) entre 1982 y 1988. Actualmente tengo 62 años y he realizado un posgrado sobre Historia de la Ciencia, su filosofía y lógica en la UNED y estoy prejubilado.

domingo, 23 de noviembre de 2025

[2] Las constelaciones de CAPRICORNIO, ACUARIO y PEZ AUSTRAL como nunca las has visto: Los nombres tradicionales de las estrellas de CAPRICORNIO.

 










En esta entrada voy a ayudaros a identificar las estrellas de Capricornio que poseen un nombre tradicional conocido y que conforman una docena de estrellas. 


ALGEDI es el nombre que reciben un par de estrellas: α¹ y α² capricornii, que aunque aparecen muy juntas en el cielo, pueden observarse mediante binoculares y quedan en el mismo campo, no forman un sistema binario, sino que están ahí dispuestos casualmente, a este tipo de pares se les define como par óptico. Su nombre proviene del árabe (جدي, jady) y significa «Cabra».

Para distinguir una de la otra se usa PRIMA ALGEDI (α¹ Cap.) y SECUNDA ALGEDI (α² Cap.) que a veces es sencillamente nombrada como ALGEDI.

Un caso similar pasa con DABIH, nombre que reciben otro par óptico de estrellas (β¹ y  β² capricornii), para distinguir a una de la otra, se nombran de esta manera: A la más brillante del par se le nombra como DABIH MAJOR (β¹ Cap.) y a la más débil del par, como DABIH MINOR (β² Cap.). DABIH significa en árabe: «el sacrificador» ذابح, dhābiḥ. Y estas estrellas dan la suerte a los que sacrifican las cabras, pues procede del árabe Sa'd adh-dhabih (سعد الذابح), que se traduce como "la estrella de la suerte del degollador" o "el afortunado sacrificador".

NASHIRA (γ Cap.) se encuentra al otro lado del cuerpo de la cabra, concretamente en la cola, pues Capricornio es mitad cabra, mitad pez. Su nombre procede del árabe اَلْسَّعْد اَلْنَّاشِرَة que se lee: Al Sa'd al Nashirah y que significa «La [estrella] portadora de buenas noticias».


DENEB ALGEDI (δ Cap.) se halla junto a NASHIRA, en la cola de pez de Capricornio, justo en el vértice final, de hecho, su nombre procede del árabe: Danab al gedi ذَنَبُ اَلْمَاعِزِ que significa «La cola de la Cabra». Por eso, el nombre de DENEB aparece en estrellas de otras constelaciones, como la alfa del Cisne, para indicar que se encuentra en la cola de la figura, en este caso, en la cola del cisne. O el caso de DENEB KAITOS, para indicar la cola de la ballena.


CASTRA (ε Cap.) se sitúa bajo NASHIRA, en la cola de pez de Capricornio. Su nombre significa «Campamento», debido al asterismo que se forma como paralelogramo de las estrellas δ, γ, κ y ε capricornii; debido a que los campamentos militares romanos forman un paralelogramo (generalmente un rectángulo) con las calles en forma de cuadrícula.


MARAKK o YEN (ζ Cap.) situada en el lado izquierdo e inferior de la figura que es la 
barriga de la cabra, donde su nombre árabe Marakk procede de la expresión Marāqq al-Ğady
مراقّ الجدي  cuyo significado es el «bajo vientre de la cabra», otros lo traducen como «lomo».
En la tradición china se denomina Yen y nombre que coincide con uno de sus antiguos feudos.




ARMUS (CAPRICORNII) (η Cap.) está en el centro de la figura y su nombre significa «El hombro de la cabra», nombre procedente del latín.





DORSUM (CAPRICORNII) (θ Cap.)  situada en la parte central superior del asterismo, su significado del latín es «La espalda de la cabra».




DAIYI / DAI (ι Cap.)  es una estrella cuyo nombre tradicional se desconoce, pero en la astronomía china es denominada Dai Yi, como la primera estrella de Dai, un antiguo estado chino de la época de los estados combatientes (siglo V a.C.)





ALSHAT (ν Cap.)  es una estrella muy próxima a las Algedi. Sobre su nombre tradicional, se sabe que proviene del cielo árabe tradicional donde الشاة al-Šāt es “la Oveja”, que la tradición ha visto como el animal sacrificado por الذابح “el Sacrificador”, probable antiguo epíteto divino vinculado a la istisqā’, una ceremonia de implorar la lluvia que se ha convertido, en el contexto islámico, en una petición hecha a Alá. Algunos autores, como ᶜAbd al-Raḥmān al-Sūfī al-Ṣūfī (964), consideran que esta porción en forma de estrella es parte de la vigésima casa de las manāzil al-qamar o “mansiones lunares”, llamada سعد الذابح Saᶜd al-Ḏābiḥ, “el [astro] Favorable del Sacrificador”, que, en el cielo árabe tradicional, se aplica al par α y β Cap. Christian Ludwig Ideler (1806), en su edición del tratado de al-Qazwīnī (siglo XIII), da la transcripción El-Schâ, que fue adoptada como Al Shat por Richard Allen (1899), de ahí su uso como nombre propio en los catálogos del siglo XX. Este es el caso de Mansur Hanna Judak (1950) o Jack W. Rhoads (1971).





OCULUS (CAPRICORNII) (π Cap.) señala donde se encuentra el ojo de la cabra, en la parte derecha superior del asterismo. Ten en cuenta que la figura es plana y observamos desde la Tierra un solo ojo en la cabra, el otro no lo podemos ver.




BOS (ρ Cap.) se encuentra en la parte derecha superior del asterismo. Su significado procedente del latín es buey, vaca o toro indistintamente.




PAZAN / YUE (ψ Cap.)  es una estrella que se encuentra cerca del vértice inferior, a la derecha y arriba de Baten Algedi (ω Cap.). El nombre de Pazan (Pazhan) procede del persa y significa «cabra montesa salvaje». En la tradición china recibe el nombre de Yue, uno de los antiguos estados chinos combatientes.



BATEN ALGEDI (ω Cap.) cuyo nombre significa «la barriga de la cabra» y se encuentra en el vértice inferior del asterismo de Capricornio.













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[14] LAS ENSEÑANZAS DE DON JUAN. Septiembre de 1964. EL SEGUNDO MITOTE DE CARLOS.




Mi último encuentro con Mescalito fue una serie de cuatro sesiones celebradas en cuatro días consecutivos. Don Juan llamaba "mitote" a esta larga sesión. Era una ceremonia de peyote para "peyoteros" y aprendices. 

Había dos hombres mayores, como de la edad de don Juan, uno de los cuales era el guía, y cinco hombres más jóvenes, contándome a mí. 

La ceremonia tuvo lugar en el estado de Chihuahua, cerca de la frontera con Texas. Consistía en cantar y en ingerir peyote durante toda la noche. En el día las mujeres de servicio, que permanecían fuera de los confines del sitio de la ceremonia, proveían de agua a todos los hombres, y sólo un simulacro de comida ritual se consumía diariamente. 



Sábado, 12 de septiembre de 1964 

Durante la primera noche de la ceremonia, el jueves 3 de septiembre, tomé ocho botones de peyote. No tuvieron efecto sobre mí, o si lo hubo fue muy ligero. Mantuve cerrados los ojos la mayor parte de la noche. Me sentía mucho mejor así. No me dormí, ni estaba cansado. Al final de la sesión, el canto se hizo extraordinario. 

Por un breve momento me sentí exaltado y quise llorar, pero al concluir la canción se desvaneció el sentimiento. Todos nos levantamos y salimos. Las mujeres nos dieron agua. Unos la bebieron, otros hicieron gárgaras. Los hombres no hablaban en absoluto, pero las mujeres charlaban y soltaban risitas de la mañana a la noche. 

La comida ritual se sirvió al mediodía. Era maíz cocido

Al ponerse el sol el viernes 4 de septiembre, empezó la segunda sesión. El guía cantó su canción de peyote y el ciclo de canciones e ingestión de botones de peyote se inició nuevamente. Terminó en la mañana con todos los hombres cantando al unísono, cada quién su propia canción. 

Al salir, no vi tantas mujeres como el día anterior. Alguien me dio agua, pero yo ya no me ocupaba de mi alrededor. Otra vez había ingerido ocho botones, pero el efecto fue distinto. Debió de ser hacia el final de la sesión cuando el canto se aceleró grandemente, con todos cantando a la vez. 

Percibí que algo o alguien fuera de la casa quería entrar. No podía yo saber si el canto era para impedirle entrar o para atraerlo al interior. Yo era el único que no tenía canción. Los demás parecían mirarme inquisitivamente, sobre todo los jóvenes. 

Terminé por sentirme incómodo y cerrar los ojos. Entonces advertí que con los ojos cerrados me era posible percibir mucho mejor lo que pasaba. Esta idea concentró por entero mi atención. Cerraba los ojos y veía a los hombres frente a mi. 

Abría los ojos y la imagen no se alteraba. Las cosas en torno eran exactamente las mismas para mí, estuvieran mis ojos cerrados o abiertos. 

De pronto todo se desvaneció, o se desmoronó, y en su lugar surgió la figura casi humana de Mescalito que yo había visto dos años antes. 


Se hallaba sentado a alguna distancia, de perfil hacia mí. Lo observé fijamente, pero él no me miró; ni una sola vez volvió la cara. Creía estar haciendo algo mal, algo que lo mantenía a distancia. Me levanté y caminé hacia él para preguntarle al respecto. Pero el acto de moverme dispersó la imagen. 

Empezó a palidecer, y las figuras de los hombres con quienes yo estaba se superpusieron a ella, volvía a oír el canto fuerte, frenético. Salí a los matorrales cercanos y anduve un rato. 

Todo resaltaba con mucha claridad. Noté que veía en la oscuridad, pero esta vez importaba muy poco. El punto importante era: ¿por qué me rehuía Mescalito?

Regresé a unirme al grupo, y a punto de entrar en la casa oí un pesado retumbar y sentí un temblor. La tierra se sacudía. Era el mismo ruido que dos años atrás yo había oído en el valle del peyote. 

Corrí de nuevo al matorral. Sabia que Mescalito estaba allí, y que iba a encontrarlo. Pero no estaba. Esperé hasta la mañana, y me uní a los otros poco antes de terminar la sesión. El procedimiento habitual se repitió el tercer día. Yo no me hallaba cansado, pero dormí durante la tarde.

La noche del sábado 5 de septiembre, el viejo entonó su canción de peyote para iniciar el ciclo una vez más. Durante esta sesión masqué un solo botón y no escuché ninguna de las canciones ni presté atención a nada de lo que ocurría. 

Desde el primer momento, todo mi ser se concentró exclusivamente en un punto. Sabía que faltaba algo terriblemente importante para mi bienestar. Mientras los hombres cantaban pedí a Mescalito, en alta voz, enseñarme una canción. 

Mi súplica se confundió con el estentóreo canto de los hombres. De inmediato percibí una canción en mis oídos. Me volví y, sentado de espaldas al grupo, escuché. Oí las palabras y la tonada una y otra vez, y las repetí hasta aprenderme toda la canción. 

Era una canción larga, en español. Entonces la canté al grupo varias veces. Y poco después llegó a mis oídos una nueva canción. Al amanecer, había yo cantado ambas canciones incontables veces. 

Me sentía renovado, fortificado. Después de que nos dieron agua, don Juan me entregó una bolsa y todos salimos a los cerros. Fue un recorrido largo y esforzado hasta una meseta baja. 

Allí vi varias plantas de peyote. Pero por alguna razón no quería mirarlas. Cuando hubimos cruzado la meseta, el grupo se disgregó. Don Juan y yo caminamos de retorno, juntando botones de peyote igual como habíamos hecho la primera vez que lo ayudé. 

Regresamos al atardecer del domingo 6 de septiembre. En la noche, el guía abrió de nuevo el ciclo. Nadie había dicho una palabra, pero yo sabía perfectamente que se trataba de la única reunión. 

Esta vez el viejo cantó una canción nueva. Un saco con botones frescos de peyote se pasó de mano en mano. Era la primera vez que yo probaba un botón fresco. Era pulposo, pero difícil de masticar. Semejaba una fruta dura, verde, y era más acre y más amargo que los botones secos. 

En lo personal, el peyote fresco me pareció infinitamente más vivo. Masqué catorce botones. Los conté con cuidado. No terminé el último, pues oí el conocido retumbar que marcaba la presencia de Mescalito. 

Todo el mundo cantaba con frenesí, y supe que don Juan y todos los demás habían oído realmente el ruido. No quise pensar que su reacción fuera respuesta a una señal dada por alguno de ellos sólo para engañarme. 

En ese momento sentí que me envolvía una gran oleada de sabiduría. Una conjetura con la que llevaba tres años jugando se convirtió en certeza. Había necesitado tres años advertir, o más bien descubrir, que cualquier cosa que esté contenida en el cacto Lophophora williamsii no tenía ninguna necesidad de mí para existir como entidad; existía por sí misma allá afuera, libre. Lo supe entonces. 

Canté febrilmente hasta no poder ya dar voz a las palabras. Sentía como si las canciones estuvieran dentro de mi cuerpo, sacudiéndome en forma incontrolable. Me era preciso salir y hallar a Mescalito; de lo contrario, estallaría. 

Caminé hacia el campo de peyote. Seguía cantando mis canciones. Sabía que eran individualmente mías: la prueba incuestionable de mi peculiaridad. Percibía cada uno de mis pasos. Resonaban sobre la tierra; su eco producía la indescriptible euforia de ser un hombre. 

Cada una de las plantas de peyote en el campo brillaba con una luz azulenca, cintilante. Una planta tenía una luz muy viva. Me senté frente a ella y le canté mis canciones. Mientras las cantaba, Mescalito salió de la planta: la misma figura semihumana que yo había visto antes. Me miraba. Con gran audacia, para una persona de mi temperamento, le canté. Hubo un sonido de flautas o de viento, una vibración musical conocida. 

Mescalito parecía haber dicho, como dos años antes: -¿Qué quieres? Hablé en voz muy alta. Sabia, dije, que algo estaba fuera de lugar en mi vida y en mis acciones, pero no podía descubrir qué era. Le rogué decirme qué andaba mal en mí, y también decirme su nombre para poder llamarlo cuando lo necesitara. Me miró, alargó la boca como una trompeta hasta alcanzar mi oído, y entonces me dijo su nombre.

De pronto vi a mi padre, en pie a mitad del campo de peyote; pero el campo había desaparecido y la escena era mi vieja casa, la casa de mi niñez. Mi padre y yo estábamos de pie junto a una higuera. Abracé a mi padre y, aprisa, empecé a decirle cosas que nunca antes había podido decir. Cada una de mis ideas era concisa, e iba al grano. Era, en realidad, como si no hubiese tiempo y yo tuviera que decir todo de golpe. 

Dije cosas estremecedoras sobre mis sentimientos hacia él, cosas que jamás habría podido pronunciar en circunstancias ordinarias. Mi padre no habló. Solamente me escuchó, y luego fue jalado, o chupado, a otra parte. Me hallaba solo de nuevo. Lloré de remordimiento y de tristeza. 

Crucé el campo de peyote clamando el nombre que Mescalito me había enseñado. Algo surgió de una luz extraña, como estrella, en una planta de peyote. Era un objeto largo y brillante: una barra de luz del tamaño de un hombre. Por un momento iluminó todo el campo con un intenso resplandor amarillento o ámbar; luego encendió el cielo creando una vista portentosa, maravillosa. Pensé que de seguir mirando me quedaría ciego; me cubrí los ojos y oculté la cabeza entre los brazos. 

Tuve la clara noción de que Mescalito me indicaba comer un botón más de peyote. Pensé: "No puedo porque no tengo cuchillo para cortarlo." -Come uno de la tierra -me dijo en la misma extraña forma. Me acosté boca abajo y masqué la parte superior de una planta. Me encendió. Llenó de tibieza e inmediatez cada rincón de mi cuerpo. Todo estaba vivo. Todo tenía detalle exquisito e intrincado, y sin embargo todo era simple. 

Yo estaba en todas partes; podía ver al mismo tiempo hacia arriba y hacia abajo y alrededor. Este sentimiento particular duró lo bastante para que yo lo advirtiera. Luego se tornó en un terror opresivo: terror que no me invadió súbitamente, sino, de alguna manera, efusivamente. 

Al principio, mi maravilloso mundo de silencio fue sacudido por ruidos agudos, pero no me preocupé. Luego los ruidos se hicieron más fuertes, ininterrumpidos, como si estuviesen cerrándose sobre mí. Y gradualmente perdí el sentimiento de flotar en un mundo indiferenciado, indiferente y hermoso. Los ruidos se volvieron pasos gigantescos. 

Algo enorme respiraba y se movía en mi derredor. Creí que estaba cazándome. Corrí a esconderme detrás de un peñasco, y desde allí traté de precisar qué me seguía. En determinado momento repté fuera de mi escondite para mirar y mi perseguidor, fuera el que fuera, me localizó. Era como un sargazo. Se arrojó encima de mí. Pensé que su peso me quebrantaría, pero en vez de ello me encontré dentro de un tubo o una cavidad. 

Vi claramente que el sargazo no había cubierto toda la superficie en torno mío. Quedaba un poco de terreno libre debajo del peñasco. Empecé a reptar por allí. Vi enormes gotas liquidas caer del sargazo. "Supe" que estaba secretando ácido digestivo para disolverme. Una gota cayó sobre mi brazo; traté de limpiar el ácido con tierra y le apliqué saliva mientras continuaba escarbando. 

En cierto momento era yo casi vaporoso. Me empujaban hacia arriba, en dirección de una luz. Pensé que el sargazo me había disuelto. Advertí vagamente una luz -que se abrillantaba; empujaba desde abajo de la tierra hasta que por fin brotó en algo que reconocí como el sol saliendo detrás de las montañas. 

Lentamente empecé a recobrar mis procesos sensoriales habituales. Yacía bocabajo con la barbilla sobre el brazo doblado. La planta de peyote frente a mí empezó a iluminarse de nuevo, y antes de que yo pudiese mover los ojos la luz larga surgió otra vez. Se cirnió sobre mí. Me senté. La luz tocó todo mi cuerpo con fuerza serena, y luego rodó hasta perderse de vista. Corriendo durante todo el camino, llegué al sitio donde se hallaban los demás. Todos regresamos al pueblo. Don Juan y yo nos quedamos otro día con don Roberto, el guía peyotero. Yo dormí el tiempo que estuvimos allí. 

Cuando íbamos a marcharnos, los jóvenes que tomaron parte en el mitote se me acercaron. Me abrazaron uno por uno y rieron tímidamente. Cada uno se presentó. Pasé horas hablando con ellos acerca de todo, menos de las sesiones de peyote. 

Don Juan dijo que era hora de irse. Los jóvenes volvieron a abrazarme. 

-Vuelve -dijo uno de ellos. 

-Ya te estamos esperando -añadió otro. 

Manejé despacio, tratando de ver a los hombres mayores, pero ninguno estaba allí. 


Jueves, 10 de septiembre de 1964 

Hablar a don Juan de una experiencia me forzaba siempre a evocarla paso por paso, como mejor podía. Esta parecía ser la única manera de recordar todo. Hoy le conté los detalles de mi último encuentro con Mescalito. 

Escuchó atentamente mi historia hasta el punto en que Mescalito me dijo su nombre. Don Juan interrumpió allí. 

-Ya vas por cuenta propia -dijo-. El protector te ha aceptado. De aquí en adelante, yo te seré de muy poca ayuda. Ya no tienes que decirme nada sobre tu relación con él. Ya sabes su nombre, y ni su nombre, ni sus tratos contigo, deben mencionarse nunca a ningún ser viviente. 

Insistí en que deseaba narrarle todos los detalles de la experiencia, porque para mí no tenía sentido. Le dije que necesitaba su ayuda para interpretar lo que había visto. Dijo que eso podía hacerlo yo solo, que me convenía más empezar a pensar por mi cuenta. 

Argüí que me interesaba oír sus opiniones porque llegar a formular las mías requeriría demasiado tiempo, y no sabía cómo proceder. Dije: 

-Por ejemplo, las canciones. ¿Qué significan? 

-Eso nada más tú puedes decidirlo -dijo él-

-¿Cómo voy yo a saber lo que significan? 

-Sólo el protector puede decirte eso, igual que sólo él puede enseñarte sus canciones. Si yo te dijera lo que significan, sería lo mismo como si aprendieras las canciones de otra gente.

-¿Qué quiere usted decir con eso, don Juan? 

-Oyendo cantar las canciones del protector, luego se conoce quiénes son los farsantes. Nada más las canciones con alma son suyas y él las enseñó. Las otras son copias de canciones de otros hombres. La gente es a veces así de engañosa. Canta canciones ajenas sin siquiera saber qué dicen. 

Dije que yo había querido preguntar qué propósito tenían las canciones. Repuso que las canciones que yo había aprendido eran para llamar al protector, y que yo debía usarlas siempre, junto con su nombre, para llamarlo. 

Más tarde, probablemente Mescalito me enseñaría otras canciones con otros propósitos, dijo don Juan. Le pregunté entonces si pensaba que el protector me había aceptado plenamente. Rió como si mi pregunta fuera tonta. 

El protector me había aceptado, dijo, y se había asegurado de que yo supiera que me había aceptado mostrándoseme dos veces como una luz, Don Juan parecía muy impresionado por el hecho de que yo había visto dos veces la luz. Recalcó ese aspecto de mi encuentro con Mescalito. Le dije que no podía comprender cómo era posible ser aceptado y, a la vez, aterrorizado por el protector.

Pasó un rato muy largo sin responder. Parecía desconcertado. Por fin dijo: 

-¡Es tan claro! Lo que él quería es tan claro que no veo cómo puedes entender mal. 

-Todo es aún incomprensible para mí, don Juan. 

-Requiere tiempo ver y entender de veras lo que Mescalito quiere decir; hay que pensar en sus lecciones hasta que se aclaren. 


Viernes, 11 de septiembre de 1964 

Insistí nuevamente en que don Juan interpretara mis experiencias visionarias, Dio largas un rato. Luego habló como si ya hubiéramos estado conversando sobre Mescalito. 

-¿Ves cómo es idiota preguntar si es como una persona con quien se puede hablar? -dijo don Juan-. No es como nada que hayas visto nunca. Es como un hombre, pero al mismo tiempo no tiene nada que ver con uno. Es difícil explicarle eso a la gente que no sabe nada de él y quiere saberlo todo de golpe. Y además, sus lecciones son tan misteriosas como él mismo. Ninguno, que yo sepa, puede predecir sus actos. Le haces una pregunta y él te enseña el camino, pero no te habla de él de la misma manera en que tú y yo hablamos. ¿Entiendes ahora lo que hace? 

-No creo tener problemas para entender eso. Lo que no puedo figurarme es qué me quiso decir. 

-Le preguntaste qué anda mal en ti, y él te dio el panorama completo: ¡No puede haber error! No puedes salir con que no entiendes. No fue plática y sin embargo lo fue. Luego le hiciste otra pregunta, y te contestó exactamente del mismo modo. 

En cuanto a lo que quiso decir, no estoy seguro de entenderlo, porque tú decidiste no decirme cuál fue tu pregunta. Repetí con mucho cuidado las preguntas que recordaba haber hecho, en el mismo orden: "¿Estoy haciendo lo correcto? ¿Estoy en el buen camino? ¿Qué debería hacer con mi vida?" 

Don Juan dijo que las preguntas que yo había hecho eran sólo palabras; resultaba preferible no pronunciarlas, sino hacerlas desde adentro. Dijo que el protector quiso darme una lección, y para probar que quería darme una lección y no asustarme ni ahuyentarme, dos veces se mostró como una luz. 

Aún no podía yo comprender, dije, por qué Mescalito me aterrorizó si me había aceptado. Recordé a don Juan que, de acuerdo a sus postulados, ser aceptado por Mescalito implicaba que la forma del protector era constante y no pasaba de la beatitud a la pesadilla. 

Don Juan volvió a reírse de mí y dijo que, si pensaba en la pregunta que había tenido en mi corazón al hablar con Mescalito, yo mismo entendería la lección. 

Pensar en la pregunta que había tenido en mi "corazón" era un problema difícil. Dije a don Juan haber tenido muchas cosas en mente. Cuando pregunté si estaba en el buen camino, quise decir: ¿Tengo un pie en un mundo y otro en otro? ¿Qué mundo es el bueno? ¿Qué curso debe seguir mi vida? 

Don Juan escuchó mis explicaciones y concluyó que yo no tenía una visión clara del mundo, y que el protector me había dado una lección hermosamente clara. 

-Piensas que hay dos mundos para ti -dijo-: dos caminos. Pero nada más hay uno. El protector te enseñó esto con claridad increíble. El único mundo a tu disposición es el mundo de los hombres, y de ese mundo no te puedes salir. ¡Eres un hombre! El protector te enseñó el mundo de la felicidad, donde no hay diferencias porque no hay nadie que pregunte por las diferencias. Pero ése no es el mundo de los hombres. El protector te sacó de él y te enseñó cómo piensa y lucha un hombre. ¡Ese es el mundo del hombre! Y ser hombre es estar condenado a ese mundo. Eres vanidoso, crees que vives en dos mundos, pero eso es pura vanidad. Hay un solo mundo para nosotros. Somos hombres, y debemos estar conformes con el mundo de los hombres. "Creo que ésa fue la lección."




sábado, 22 de noviembre de 2025

[1] Las constelaciones de CAPRICORNIO, ACUARIO y PEZ AUSTRAL como nunca las has visto: LOCALIZACIÓN, MITOS Y LEYENDAS

 


I. LOCALIZACIÓN DE LAS CONSTELACIONES DE ACUARIO, CAPRICORNIO Y PEZ AUSTRAL

La gran extensión que ocupan estas constelaciones tomadas en conjunto nos invita a mirar al Sur a principios de otoño. Destacamos una estrella de primera magnitud, muy baja en el cielo meridional, llamada FOMALHAUT (α Piscis austrini -PsA-), [mag. +1.16],  Dada la facilidad para encontrar FOMALHAUT, por su brillo prominente y su posición cercana al horizonte, la constelación del Pez Austral queda plenamente a nuestro alcance para nuestro estudio de identificación y observación de estrellas.

El resto del cielo cuenta con estrellas muy débiles, de las que podemos destacar DENEB ALGEDI (δ Capricorni -Cap-) [mag.+2.81], la más brillante de la constelación de Capricornio y SADALSUUD (β Aquarii -Aqr-) [mag. +2.9], el resto de las estrellas son de magnitud superior a la 3.ª, que aunque son visibles a simple vista, requieren un cielo bien oscuro y la ayuda de unos binoculares para poder realizar la identificación de cada estrella.

Por otro lado, a partir de BIHAM, en Pegaso, si descendemos varios grados hacia el horizonte sur, encontramos la estrella SADALMELIK (α Aqr) de 3.ª magnitud y a partir de ahí podemos ir descubriendo la constelación de Acuario para luego saltar a la de Capricornio.

Deseo advertirles, que dado que Capricornio y Acuario, son constelaciones zodiacales, de vez en cuando podremos ver algún planeta transitando en ellas. De hecho, actualmente (Otoño 2025), Saturno brilla de manera plomiza en la constelación de Acuario. Esto significa que no nos debemos de amedrentar si no conseguimos localizar todas las estrellas aquí descritas, pues posiblemente, estemos ante un planeta.

Pero hay que aprender a observar pacientemente a estos luceros, lo primero que encontramos es que su brillo es superior a la primera magnitud, por otro lado, la imagen es plomiza, es como si no tintineasen o lo hacen muy poco, si enfocamos con un telescopio encontraremos la clave, un telescopio refractor de 60 nos ofrece Saturno con sus Anillos y Júpiter con su cohorte planetaria, vistos con binocular encontramos una coloración generalmente amarillenta, anaranjada e incluso rojiza, como es el caso de Marte. Si es Venus o Mercurio, se debe a que la constelación se halla en el horizonte. Actuemos científicamente, es decir, exploremos y observemos año tras año y os aseguro que aprenderéis a identificar rápidamente los planetas, cada uno tiene unas características propias que lo hace distinguibles del resto.

También contamos con la gran ventaja de obtener fácilmente información sobre la posición de los planetas en Internet.


II. MITOS Y LEYENDAS SOBRE CAPRICORNIO


CAPRICORNIO: EL HÍBRIDO DIVINO

Capricornio es tradicionalmente representado como una criatura mitad cabra y mitad pez, una imagen que nace de antiguas historias mesopotámicas y griegas. 

En Sumeria ya existía el dios Enki o Ea, señor de la sabiduría, de las aguas dulces y de las artes mágicas, representado justamente como una cabra marina, por lo que Capricornio es una imagen sugerente de este Dios antiguo que pudo haber evolucionado al Poseidón de los griegos, tenía tiara y tridente.

Esta figura híbrida simbolizaba el dominio tanto de la montaña (fortaleza, ascenso, perseverancia) como de las profundidades acuáticas (intuición, conocimiento y fluidez).

En la mitología griega, Capricornio se identifica con Pan o con la divinidad menor Aigípan. Cuando el monstruo Tifón atacó a los dioses, todos huyeron transformándose en animales. Pan, para escapar, se lanzó al Nilo: la parte sumergida se volvió pez, mientras que la mitad superior conservó su forma de cabra. Zeus quedó impresionado por su ingenio y valentía, y colocó su figura entre las estrellas, dando origen a la constelación de Capricornio. Este mito convierte a Capricornio en un símbolo de adaptación, supervivencia y sabiduría oculta.

En Roma, Capricornio fue asociado a Saturno y dado que el solsticio de invierno da comienzo cuando el Sol entra en Capricornio entre el 21 y 23 de diciembre de cada año, el día es el de menor duración imponiéndose una larga, oscura y fria noche invernal, el triunfo sobre esta oscuridad es otorgado a Capricornio y en su honor y en honor de su planeta, Saturno, se iniciaban las fiestas saturnales que se celebraban con hogueras y procesiones con antorchas, seguidas de bacanales y orgías, precedente de las fiestas navideñas, que son un conglomerado de festividades de diferentes culturas y que el cristianismo, a regañadientes, adoptó como propia.

 CAPRICORNIO EN BABILONIA, SUMERIA Y ASIRIA

Antes de convertirse en el híbrido griego mitad cabra y mitad pez, Capricornio nació en Mesopotamia, donde aparece con el nombre SUḪUR.MAŠ, literalmente “la cabra-pez”.

Sumeria (los orígenes)

En la mitología sumeria, esta criatura estaba asociada al dios Enki (o Ea en Akkad), señor de la sabiduría, de la magia, de las aguas dulces del Apsu y de la civilización.
Enki era representado como un dios de cuerpo humano pero acompañado de criaturas híbridas marinas y a veces él mismo con cola de pez. La cabra-pez simbolizaba:

  • La fertilidad que desciende desde las montañas (la cabra),

  • Las aguas creativas que emergen del abismo (el pez).


Para los sumerios, SUḪUR.MAŠ no era un simple animal mítico, sino un ser primordial, uno de los ayudantes de los dioses en la ordenación del universo.


Babilonia y Asiria

En la astrología babilónica, Capricornio marca el inicio del solsticio de invierno y el día más corto del año (con la noche más larga), aquí fue asociado al renacimiento del mundo tras la oscuridad.

También se consideraba un símbolo de protección mágica, porque estaba bajo la tutela de Ea, quien en los mitos ayudaba a la humanidad contra castigos como el diluvio y enseñaba las artes civilizatorias (astrología (astronomía), agricultura, ganadería, construcción e ingeniería, aritmética y geometría)

En las tablillas astrológicas MUL.APIN, Capricornio aparece como “La cabra que mora en el mar” y preside un sector donde se encuentran constelaciones consideradas protectores divinos.


 III. MITOS Y LEYENDAS SOBRE ACUARIO

ACUARIO: PORTADORES DE VIDA, DIOSES Y JÓVENES ROBADOS POR LOS DIOSES


La constelación de Acuario ha estado asociada desde la Antigüedad a la lluvia, el agua que cae del cielo y la renovación del mundo. En la tradición mesopotámica, estaba ligada al dios Ea, el mismo que inspiró al Capricornio sumerio, pero en este caso como “El que vierte las aguas de la vida”, responsable de sanear el caos y devolver el equilibrio a la Tierra.


En la mitología griega, Acuario se asocia a Ganímedes, el joven príncipe troyano de excepcional belleza que fue raptado por Zeus en forma de águila. Llevado al Olimpo, Ganímedes se convirtió en amante de Zeus y copero de los dioses, el encargado de servirles néctar. Como compensación, Zeus lo inmortalizó en el cielo como Acuario, el joven que vierte eternamente un ánfora celestial.


En otras tradiciones, Acuario está relacionado con el mito del Diluvio Universal. Para los babilonios, su presencia en el cielo marcaba la temporada de lluvias y crecidas del Éufrates y el Tigris, y su figura representaba tanto la destrucción como la regeneración. Por eso se lo considera un símbolo de purificación y renacimiento.

ACUARIO EN BABILONIA, MESOPOTAMIA Y CALDEA

Acuario es una de las constelaciones más antiguas del cielo mesopotámico. Allí se la conocía como GU.LA o “el Gran Aguador”, y más tarde como la figura del Vasija del Agua.

El Aguador Divino

En Babilonia, Acuario representa de nuevo a Ea/Enki, quien vierte desde sus vasijas las Aguas de la Vida, regeneradoras, purificadoras y portadoras de sabiduría.

En los cilindros y sellos mesopotámicos, Ea aparece derramando dos chorros de agua que fluyen en paralelo —la representación más antigua del símbolo de Acuario—.


Estas aguas no solo eran físicas, sino cósmicas y espirituales, la fuerza que mantenía el orden, la fertilidad y la vida.

El Diluvio Universal 

El mito del diluvio, narrado en la Epopeya de Gilgamesh también se relaciona con Acuario. La constelación anunciaba la temporada de lluvias y crecidas del Tigris y el Éufrates, por lo que se la veía como el agente celestial del gran diluvio enviado por los dioses.

Utnapishtim (el Noé bíblico) escapa gracias a la advertencia de Ea, reforzando la asociación entre Acuario y la sabiduría salvadora.

Caldea y astrología antigua

Para los caldeos, Acuario simbolizaba tanto la destrucción (lluvias devastadoras) como la renovación del ciclo cósmico. Era una figura ambivalente pero poderosa, vista como: dador de vida, iniciador de cambios, protector contra la sequía y el caos.


III. MITOS Y LEYENDAS SOBRE EL PEZ AUSTRAL



El Pez Austral (Piscis Austrinus) es una constelación pequeña y discreta, pero su historia es antigua y significativa. Para los griegos, este pez no era uno cualquiera, sino el pez que salvó a Afrodita y Eros

Cuando Tifón sembró el pánico entre los dioses, madre e hijo se transformaron en peces para escapar; algunos mitos dicen que se refugiaron dentro del bondadoso pez austral, que los protegió durante la huida. En agradecimiento, fueron colocados en el cielo dos peces pequeños (los de Piscis) y también este pez protector del sur, más grande y noble.

La constelación era llamada, en la antigua Grecia, como Ἰχθύς («Pez») e Ἰχθύς νότιος («Pez del sur»); Ἰχθύς μέγας y Piscis magnus («Gran pez» o «Pez grande»); Ἰχθύς μονάζων y Piscis solitarius; Piscis Capricorni, por su posición; y Avieno lo menciona especialmente como el Pez Mayor. Longfellow, en las notas de su traducción de la Divina Comedia, lo llamó el Pez Dorado, probablemente por ser mucho más conspicuo que los del norte.

En Egipto, el Pez Austral se asociaba a veces a la figura del pez que ayudaba al dios Ra durante su viaje nocturno por el inframundo, espantando criaturas peligrosas. De ahí nació la idea de que es un animal guardián, discreto pero esencial.

Según la tradición árabe, la estrella principal de la constelación, Fomalhautdel árabe فم الحوت fum/fam al-ħūt era conocida como “la boca del pez” y se consideraba una de las cuatro “estrellas reales” que marcaban direcciones sagradas. Así, el Pez Austral no solo fue un símbolo de refugio divino, sino también sirvió como guía y protección.

PEZ AUSTRAL EN BABILONIA Y EGIPTO

Derceto es una divinidad fenicia herencia de Dagón y asociada al Pez austral

La constelación del Pez Austral (Piscis Austrinus) también tiene profundas raíces en los mitos mesopotámicos y egipcios, aunque no es tan prominente como Capricornio o Acuario. Sin embargo, se la reconocía desde muy temprano.

El Gran Pez de Babilonia

En los textos astrales babilónicos aparece como un pez sagrado vinculado al dios Oannes, una figura mitad hombre mitad pez enviada desde el mar para enseñar a los humanos conocimientos civilizadores como la escritura, la agricultura y las leyes.

Oannes forma parte de una serie de “sabios” marinos llamados Apkallu, servidores de Ea. Por ello, el Pez Austral era visto como un mensajero divino, símbolo de enseñanza y protección.





                                                   La estrella Fomalhaut

Los caldeos prestaban particular atención a Fomalhaut, estrella brillante situada en la “boca del pez”, que era una de las cuatro estrellas reales junto con Aldebarán, Régulo y Antares. Estas cuatro marcaban los puntos cardinales celestes y se creía que: vigilaban las puertas del cielo, protegían el orden y guardaban el curso de los reyes.

Egipto: el pez protector de Ra

El Oxyrrinco es el pez sagrado egipcio 
En la astronomía sagrada egipcia, un gran pez —identificado a veces con el Pez Austral— era el que abría camino a la barca solar de Ra durante su viaje nocturno por el Duat. Según algunos textos funerarios, este pez era capaz de:detectar peligros, repeler serpientes demoníacas y guiar al dios hacia el amanecer. Por eso en Egipto el pez se convirtió en un símbolo de guía, vigilancia y resurrección.


      IV. DENOMINACIONES Y CARACTERÍSTICAS DE CADA CONSTELACIÓN

CAPRICORNIO es una constelación mediana, de las 88 constelaciones, ocupa el lugar cuadragésimo (40.º) tras la constelación de ARIES, con una extensión de  413.95 º²

Nombre internacional (nominativo): CAPRICORNUS

Nombre en genitivo : CAPRICORNI

Abreviatura: Cap


ACUARIO es una constelación extensa, de las 88 constelaciones, ocupa el lugar décimo (10.º) tras la constelación de CENTAURO, con una extensión de  979.9 º²

Nombre internacional (nominativo): AQUARIUS

Nombre en genitivo : AQUARII

Abreviatura: Aqr


PEZ AUSTRAL es una constelación pequeña, de las 88 constelaciones, ocupa el lugar sexagésimo (60.º) tras la constelación de RELOJ, con una extensión de  245.4 º²

Nombre internacional (nominativo): PISCIS AUSTRINUS

Nombre en genitivo : PISCIS AUSTRINI

Abreviatura: PsA