AUTOR DEL BLOG DE LA UNIVERSIDAD DE DOGOMKA

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El cielo me ha fascinado desde que tuve uso de razón. A los 13 años de edad realicé un trabajo sobre el Sistema Solar en la escuela y gané un premio, mi tía Paqui me obsequió con mi primer libro de astronomía, escrito por José Comás Solá, estudiando este libro, nació mi vocación por la astronomía. Cada noche salía al campo para identificar y conocer las estrellas, solía llevar conmigo unos binoculares y pasaba largas horas viendo el firmamento. Mi madre me regaló mi primer telescopio. Me formé como matemático y estudié complementos de astronomía posicional y astrofísica teórica, colaboré escribiendo artículos tanto en inglés como en español para tres revistas: «Sky and Telescope» (EE.UU.); «The Astronomer» (R.U.) y «Tribuna de Astronomía» (España) entre 1982 y 1988. Actualmente tengo 62 años y he realizado un posgrado sobre Historia de la Ciencia, su filosofía y lógica en la UNED y estoy prejubilado.
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sábado, 20 de abril de 2024

[17] LAS SOMBRAS DE BARRO DE CARLOS CASTAÑEDA (SOBRE LOS FORÁNEOS)

 


                                                           SOMBRAS DE BARRO

Un relato incluído en el undécimo libro de Castaneda

«EL LADO ACTIVO DEL INFINITO»

Texto, comentario e interpretación


El filósofo Platón, sabio de la antigüedad que vivió durante el siglo V antes de nuestra era, mentor de Aristóteles y aprendiz de Sócrates tuvo una visión sobre la realidad que trató de exponer en su famoso «mito de la caverna» descrito en su obra «La república», Platón consideraba que existe una realidad pura e inconcebible por los sentidos usuales del ser humano y que lo que podemos conocer y percibir a través de nuestros sentidos son «sombras» de esa realidad.

En el capítulo 19 dentro del apartado «Más allá de la Sintaxis» del libro de Carlos Castañeda «El lado activo del infinito» se trata un diálogo entre don Juan Matus y Carlos sobre la existencia de unos seres extraños e inorgánicos, es decir, son seres dotados de conciencia e inteligencia, pero que no tienen un cuerpo físico y vivo como los que percibimos habitualmente, sino que son conciencias de otra dimensión y de otra naturaleza. 

Los hombres de conocimiento o chamanes de México sabían de su existencia y los denominó «aliados» con la pretensión de que a través de estos seres, podrían obtener algún tipo de poder llegando a algún tipo de acuerdo con ellos, en una realidad diferente a nuestra realidad y que sólamente los que aprendieron a ver  la energía tal como fluye por el universo se toparon con ellos e interactuaron, pero el resultado fue auténticamente desastroso, estos seres tienen una característica, son depredadores y en un desafortunado acuerdo que hubo hace miles de años, ellos tomaron posesión de la totalidad de los seres humanos, los doblegaron y desde entonces, la humanidad está bajo el designio que ellos nos han marcado, servirles de «alimento» desde un punto de vista energético.

Los nuevos hombres de conocimiento los denominan «seres inorgánicos», «foráneos», «depredadores» y otros adjetivos.

A lo largo de mi vida, he llegado a interactuar con estos seres y el resultado fue tan horroroso para mí que yo los denomino «repugnantes» o «foráneos».

Sobre este asunto se habla en este texto escogido.

Para observar a los foráneos es necesario acceder al proceso extrasensorial de ver, algo que se puede llegar a adquirir con una práctica asidua del «silencio interno», para ello, tenemos que buscar la manera de dejar «nuestra» mente completamente limpia de recuerdos, pensamientos, análisis, en definitiva, diálogo interno. Lo mejor es comenzar por dedicar un tiempo a diario para realizar esta meditación, cerrando los ojos, ir descartando todo lo que se produce en forma de pensamientos en la mente, como si pasásemos imágenes de fotos en una tableta o móvil, al eliminar un pensamiento, automáticamente surge otro y otro y otro... hay que establecer un proceso de «pensamiento en blanco» que no es fácil de realizar, en otra entrada, buscaré la manera de exponer con mayor detalle este entrenamiento. Cada día, buscamos quedarnos en silencio interno durante unos minutos, por ejemplo: 5 minutos, ponemos la alarma y lo intentamos, si vemos que no hemos conseguido nada de nada (los pensamientos siguen ahí sin dejar pausa al silencio), al día siguiente duplicamos la duración de la meditación. Así, trabajaremos arduamente en este interesante propósito y cuando mantengamos el silencio interior, sucede el milagro, abrimos los ojos y el mundo se para, todo deja de ser lo que hasta ahora siempre ha sido, comenzaremos a percibir la energía que hay en todas las cosas, poco a poco, se irán perfilando, pues el proceso, afortunadamente es acumulativo. Es decir, si has conseguido parar el mundo tras 40 minutos de meditación, entonces, has entrado en silencio interno por 2 minutos, a la siguiente vez, necesitarás menos tiempo de meditación para obtener el mismo tiempo de silencio interno. Cada persona, por sus características energéticas tiene su propio proceso, yo tardé muchas horas en conseguirlo, pero sin buscarlo, simplemente como práctica que inicié para tratar de buscar tranquilidad, ya desde niño, lo hacía, buscaba aislarme de todo, no soporto bien los ruidos ni gritos y esto me ayudó entrenarme en el silencio interno hasta que con 18 años, una mañana de verano, en la playa, conseguí sin previo aviso, parar el mundo y sentir la energía directamente, desde ese lejano día de 1982 suele sucederme sin previo aviso, pues no suelo buscarlo deliberadamente salvo para algún propósito.


SOMBRAS DE BARRO

(Capítulo decimonoveno del libro. Parte: Más allá de la Sintaxis)

Texto adaptado y simplificado

I.- Dualidad del ser humano y naturaleza dual

Estábamos cómodamente sentados en unas sillas tapizadas en la parte posterior de su casa, en las montañas de México central. Era por la tarde y soplaba una brisa placentera. El sol quedaba por detrás de la casa, a medida que su luz iba desvaneciéndose las sombras de los grandes árboles del patio eran exquisitas. Era un lugar agreste, muy diferente del desierto de Sonora.

Hoy vamos a discutir un tema muy serio de la brujería -dijo don Juan de manera abrupta-, y vamos a comenzar por hablar del cuerpo energético. Me había descrito el cuerpo energético incontables veces, diciéndome que era un conglomerado de campos de energía que conforman el cuerpo físico cuando es visto como energía que fluye en el universo. Había dicho que era más pequeño, más compacto y de apariencia más pesada que la esfera luminosa del cuerpo físico. 

El cuerpo físico y el cuerpo energético eran dos conglomerados de campos energéticos comprimidos y unidos por una extraña fuerza aglutinante, que según la tradición chamánica antigua, es la fuerza más misteriosa del universo, considerándosele que es la esencia pura y real de todo el cosmos, es la única dualidad verdadera en el ser humano, por ser la realidad última de la energía la base de otras realidades y dualidades.

Habitualmente, cuerpo energético y cuerpo físico (en su aspecto energético) solían mantenerse unidos pero a distancia y el objetivo del entrenamiento es acercar a ambas estructuras para compactarlas.

Acercar el cuerpo energético a partir de un cierto umbral personal supone la ventaja de poder construirnos un doble a partir de esa energía, otro cuerpo físico, con la misma consistencia que la que percibimos habitualmente nuestro cuerpo, con la misma solidez y consistencia, una réplica exacta.

También es posible hacer justo lo contrario, tomar la energía del cuerpo físico para transformarlo en una réplica del cuerpo energético, un antidoble.

Para poder comprender estos intentos es necesario trasladarse a un estado de conciencia y cognitivo diferente al habitual, sólamente es posible saber que esto es una realidad cuando se está viendo la energía tal y como es.

Don Juan estaba muy sorprendido con el comportamiento de mi estructura energética, pues notó que mi cuerpo energético, en lugar de alejarse de mí (como sucede normalmente), se me acercaba a gran velocidad. -¿Qué significa el que se me esté acercando, don Juan? -pregunté. -Significa que algo te va a sacar la mugre -dijo don Juan sonriendo-. Un grado tremendo de control va a aparecer en tu vida, pero no tu control; el control del cuerpo energético. -¿Quiere decir, don Juan, que una fuerza externa va a controlarme? -pregunté. -Hay montones de fuerzas externas controlándote ahorita mismo -don Juan replicó-. El control al que me refiero es algo que está fuera del dominio del lenguaje. Es tu control pero a la vez no lo es.

I.- Comentario sobre mi experiencia con mi dual

No recuerdo haber construido un doble, pero sí tengo constancia, de que poseo tal doble.

De niño, siempre me decían que había estado en tal sitio o cual sitio y que no había saludado o que no quise hablar con ese amigo o vecino que me vió, yo me limitaba a decir que a esa hora y en ese día estaba en otro lugar haciendo otra cosa.

Salía con Marisa, una chica de la que anduve enamorado unos años en la adolescencia, entre mis 15 y 17 años, salíamos en plan de amigos, proveníamos de una pandilla que se fue disgregando hasta desaparecer y al final quedamos nosotros dos solos que continuábamos yendo a bailar los sábados a Torremolinos. Un día, llamé a Marisa a su casa y ella no quiso ponerse al teléfono, me atendió su madre, Isabel. Ella me dijo que me había portado muy mal, que Marisa y ella fueron a comprar al Mercado de Huelin, a la pescadería y que me vieron allí trabajando, Marisa se acercó a "mi"  sonriente y yo ni siquiera hice ni por saludarla. Marisa lloró ante tal desprecio y su madre también lamentó "mi" manera de actuar. Tardé mucho tiempo en convencerlas de que no era yo esa persona y de hecho, fuimos al mercado juntos, pero el muchacho que Marisa creyó que era yo, ya no trabajaba allí, por lo que la confusión se hizo mayor. Lo cierto es, que Marisa acabó por dejarme y aunque no nos peleamos, todo se enfrió, ella conoció a otro muchacho y comenzó a salir con él y pasaron los años y todo quedó en el olvido.

A mis 21 años, estaba haciendo el servicio militar y quería mucho a una persona que se llama Emilia, ella me ayudó mucho, aunque no lo hizo nunca de manera desinteresada, pues mi madre le pagaba al confiar en sus servicios, en mi profunda ingenuidad, yo sentía auténtica devoción por ella, era como una hermana mayor para mí, ella tenía 34 años por entonces y solía llamarla por teléfono, al menos, una vez cada semana. Entonces, Emilia se me quejaba con frecuencia, de que cuando terminaba de hablar por teléfono con ella, me veía por su casa, estando yo a más de 300 km. de distancia y que aparecía y la miraba, y eso le incomodaba un poco al principio, pero luego se volvió algo pesado, pues no tenía intimidad personal. Yo le dije que no era consciente de que pudiese producir ese fenómeno, pero al parecer, lo producía.

Igualmente me ha sucedido con otras amistades, como Rosa o Sergio, también con mi propia madre, en fín, el hecho de poseer un doble, es como tener un cuerpo físico como el que tengo sin más propósito que eso, pues el doble entraba y salía a su antojo, espiaba, y no se podía comunicar (no hablaba, solo sonreía). 

Me produjo más problemas que ventajas, así que perdí a un montón de amistades que habían interaccionado con mi dual y entonces, busqué la manera de acercarlo a mí, de tenerlo conmigo, pero venía y se iba, a través de las ensoñaciones, el doble comenzó a darme información de lugares que visitaba, gente que veía y lo que veía y estaba siendo ampliamente informado de muchas cosas que luego me resultó muy útil conocer, pero en un sueño especial, busqué la manera de que mi doble me acompañase y ambos viajamos hasta Londres, una vez allí, nos acercamos a mi antigua escuela, en South Kensington y le dije que entrara por la puerta y preguntara sobre mí, si tenían alguna ficha médica o expediente para poder acceder a él, ya que el doble era yo. Pero al cerrarse la puerta, salí desde allí, abandonando a mi doble a su suerte, esto sucedió hace 25 años aproximadamente, allá por 2002 y desde entonces, corté mi enlace con mi dual, aunque algunas veces he tenido sueños de andar vagando por las calles de Londres, nada más, imagino que será mi dual, comunicándome sus sensaciones. Ahora, desde el año pasado, tengo una necesidad como de ir a rescatarlo, he viajado en sueños (astrales) pero no consigo encontrar a mi dual, por otro lado, quería ir físicamente hasta la ciudad de Londres y recorrer esos lugares por si encontrase esa energía y adherirla a mí para traerlo a casa de regreso.


II.- La entidad que nos acompaña y nos confunde

No puede ser clasificado, pero sí puede ser experimentado. Y, por cierto y por sobre todo, puede ser manipulado. Recuerda: puede ser manipulado, por supuesto, para tu beneficio total, que no es, claro, tu propio beneficio sino el beneficio del cuerpo energético. Sin embargo, el cuerpo energético eres tú, así es que podríamos continuar indefinidamente como perros mordiéndose la propia cola, tratando de explicar esto. El lenguaje es inadecuado. Todas estas experiencias están más allá de la sintaxis. 

La oscuridad había descendido muy rápidamente, y el follaje de los árboles, que momentos antes brillaba de color verde, estaba ahora muy oscuro y denso. Don Juan dijo que si yo prestaba atención intensamente a la oscuridad del follaje, sin enfocar la mirada sino mirando como con el rabillo del ojo, vería una sombra fugaz cruzando mi campo de visión. -Ésta es la hora apropiada para hacer lo que te voy a pedir -dijo-. Toma un momento en fijar la atención necesaria de parte tuya para lograrlo. No pares hasta que captes esa sombra fugaz negra. 

Vi de hecho una extraña sombra fugaz negra proyectada en el follaje de los árboles. Era, o bien una sombra que iba de un lado al otro, o varias sombras fugaces moviéndose de derecha a izquierda o de izquierda a derecha, o hacia arriba en el aire. Me parecían peces negros y gordos, peces enormes. Era como si gigantescos peces espada volaran por el aire. Estaba absorto en la visión. Luego, finalmente, la visión me asustó. Estaba ya muy oscuro para ver el follaje, pero aun así veía las sombras fugaces negras. -¿Qué es, don Juan? -pregunté-. Veo sombras fugaces negras por todos lados. 

-Ah, es el universo en su totalidad -dijo-, inconmensurable, no lineal, fuera del reino de la sintaxis. Los chamanes del México antiguo fueron los primeros que vieron esas sombras fugaces, así es que las siguieron. Las vieron como tú las viste hoy, y las vieron como energía que fluye en el universo. Y, sí, descubrieron algo trascendental. Paró de hablar y me miró. Sus pausas encajaban perfectamente. Siempre paraba de hablar cuando yo pendía de un hilo. 

-¿Qué descubrieron, don Juan? -pregunté. 

Descubrieron que tenemos un compañero de por vida -dijo de la manera más clara que pudo-. Tenemos un predador que vino desde las profundidades del cosmos y tomó control sobre nuestras vidas. Los seres humanos son sus prisioneros. El predador es nuestro amo y señor. Nos ha vuelto dóciles, indefensos. Si queremos protestar, suprime nuestras protestas. Si queremos actuar independientemente, nos ordena que no lo hagamos. 

Estaba ya muy oscuro a nuestro alrededor, y eso parecía impedir cualquier expresión de mi parte. Si hubiera sido de día, me hubiera reído a carcajadas. En la oscuridad, me sentía bastante inhibido. 

-Hay una negrura que nos rodea -dijo don Juan-, pero si miras por el rabillo del ojo, verás todavía las fugaces sombras saltando a tu alrededor.  Tenía razón. Aun las podía ver. Sus movimientos me marearon. Don Juan prendió la luz, y eso pareció disiparlo todo. 

-Has llegado, a través de tu propio esfuerzo, a lo que los chamanes del México antiguo llamaban el tema de temas -dijo don Juan-. Me anduve con rodeos todo este tiempo, insinuándote que algo nos tiene prisioneros. ¡Desde luego que algo nos tiene prisioneros! Esto era un hecho energético para los chamanes del México antiguo. 

-¿Pero, por qué este predador ha tomado posesión de la manera que usted describe, don Juan? -pregunté-. Debe haber una explicación lógica. 

-Hay una explicación -replicó don Juan-, y es la explicación más simple del mundo. Tomaron posesión porque para ellos somos comida, y nos exprimen sin compasión porque somos su sustento. Así como nosotros criamos gallinas en gallineros, así también ellos nos crían en humaneros. Por lo tanto, siempre tienen comida a su alcance. Sentí que mi cabeza se sacudía violentamente de lado a lado. No podía expresar mi profundo sentimiento de incomodidad y descontento, pero mi cuerpo se movía haciéndolo patente. Temblaba de pies a cabeza sin volición alguna de mi parte. 

-No, no, no, no -me oí decir-. Esto es absurdo, don Juan. Lo que usted está diciendo es algo monstruoso. Simplemente no puede ser cierto, para chamanes o para seres comunes, o para nadie. 

-¿Por qué no? -don Juan preguntó calmadamente-. ¿Por qué no? ¿Por qué te enfurece? 

-Sí, me enfurece -le contesté-. ¡Esas afirmaciones son monstruosas! 

-Bueno -dijo-, aún no has oído todas las afirmaciones. Espérate un momento y verás cómo te sientes. Te voy a someter a un bombardeo. Es decir, voy a someter a tu mente a tremendos ataques, y no te puedes ir porque estás atrapado. No porque yo te tenga prisionero, sino porque algo en ti te impedirá irte, mientras que otra parte de ti de veras se alocará. Así es que, ¡ajústate el cinturón! Sentí que había algo en mí que exigía ser castigada. Don Juan tenía razón. No podría haberme ido de la casa por nada del mundo. Y aun así, no me gustaban para nada las insensateces que él peroraba. 

-Quiero apelar a tu mente analítica -dijo don Juan-. Piensa por un momento, y dime cómo explicarías la contradicción entre la inteligencia del hombre-ingeniero y la estupidez de sus sistemas de creencias, o la estupidez de su comportamiento contradictorio. 

Los chamanes creen que los predadores nos han dado nuestro sistemas de creencias, nuestras ideas acerca del bien y el mal, nuestras costumbres sociales. Ellos son los que establecieron nuestras esperanzas y expectativas, nuestros sueños de triunfo y fracaso. Nos otorgaron la codicia, la mezquindad y la cobardía. Es el predador el que nos hace complacientes, rutinarios y egomaniáticos. 

-¿Pero de qué manera pueden hacer esto, don Juan? -pregunté, de cierto modo más enojado aún por sus afirmaciones-. ¿Susurran todo esto en nuestros oídos mientras dormimos? 

-No, no lo hacen de esa manera, ¡eso es una idiotez! -dijo don Juan, sonriendo-. Son infinitamente más eficaces y organizados que eso. Para mantenernos obedientes y dóciles y débiles, los predadores se involucraron en una maniobra estupenda (estupenda, por supuesto, desde el punto de vista de un estratega). Una maniobra horrible desde el punto de vista de quien la sufre. 

¡Nos dieron su mente! ¿Me escuchas? Los predadores nos dieron su mente, que se vuelve nuestra mente. La mente del predador es barroca, contradictoria, mórbida, llena de miedo a ser descubierta en cualquier momento. Aunque nunca has sufrido hambre -continuó-, sé que tienes unas ansias continuas de comer, lo cual no es sino las ansias del predador que teme que en cualquier momento su maniobra será descubierta y la comida le será negada. A través de la mente, que después de todo es su mente, los predadores inyectan en las vidas de los seres humanos lo que sea conveniente para ellos. Y se garantizan a ellos mismos, de esta manera, un grado de seguridad que actúa como amortiguador de su miedo. 

II.- Comentario personal sobre las entidades foráneas

No es fácil atender a las disquisiciones de don Juan Matus acerca del dogma de fe sobre el sistema de creencias que los chamanes mexicanos tienen sobre las entidades foráneas y su naturaleza.

Pero yo he detectado no sólo en mi mismo sino en todos los demás, la naturaleza foránea.

Es cierto, que el ser humano puede distinguirse por su gran pericia, habilidad, capacidad y actuar con notable inteligencia, pero sigue siendo una gran minoría, de un total de seres humanos que pueblan este mundo, que lo sobrepueblan, pues ya hay más seres humanos que otras cosas en este mundo, la mayoría son ignorantes, tremendos ignorantes de la vida. 

El ser humano cree bobadas de todo tipo, sírvanos de ejemplo que creer también en el chamanismo castadeniense entra en esta categoría, el colmo es encontrarnos con gente negacionista: que si la Tierra es plana, que si el hombre nunca ha estado en la Luna, que si las vacunas son para reducir la población humana, que si las trazas de los aviones, que nos están fumigando, que están experimentando. Desgraciadamente, hay cosas que te ponen a dudar y que los negacionistas lo están llevando al tope de sus acciones, pero si no queremos perder el control de nuestra razón, es mejor que miremos para otro lado.

Yo he visto, he presenciado y me he comunicado con un ser extraño, monstruoso que habitaba en mí, concretamente en lo alto de mi cabeza, en una zona de energía con forma de estructura geométrica y el ser habita en su interior, yo tengo una especie de icosaedro (tiene entre 43 y 58 caras irregulares triangulares y pentagonales) en lo que denomina EGC (estructura geométrica compacta) del HTY1 (estructura del Tetragrammaton).El ser es como un animal, parecido a un reptil o dragón, o incluso serpiente, vive como enroscado ahí, y se alimenta de la energía vital de uno.

Resulta que yo me sientía identificado con ese ser en el pensamiento, pues mi mente es la suya, pero poco a poco, me fui diferenciando y haciendo cosas que al foráneo no le gusta, al foráneo no le gusta el aburrimiento, no le gusta la disciplina ni mucho menos le gusta el silencio y yo le fui dando dosis elevadas de todo eso, el foráneo quiere guerra, sangre, muerte, matanzas, videojuegos, sexo, poder, bienes materiales, consumo, robar, estafar y todas esas lindezas que caracterizan al hombre actual y antepasado.

Un día, con 35 años de edad, estuve trabajando activamente durante todo el año 1999 y en un trabajo de meditación recreativa, tras tenerlo todo preparado durante las últimas semanas, tomé una cuchilla imaginaria, como una especie de guillotina que construí con mi imaginación (intento) y la pasé por la EGC, liberándome de ella, pero paso algo extraño... (dentro de todo lo extraño que fueron todas esas experiencias)... De pronto, surgió desde mi interior, otra EGC rugosa, como de cartón-piedra, algo falsificado. Era un foráneo falso, y desde ese día, mi estructura energética presenta esa cosa. Algo supo mi cuerpo sobre el riesgo que se corre cuando uno carece de foráneo y de instalación foránea (HTY0), pues en la dimensión de la energía, hay objetos gigantescos y animados, son foráneos sin posesión (los sintecho) y estos si te ven que no eres uno como los demás, no dudan en aplastarte y destruirte.

III.- El alimento de los dioses

-No es que no pueda aceptar esto como válido, don Juan -dije-. Podría, pero hay algo tan odioso al respecto que realmente me causa rechazo. Me fuerza a tomar una posición contradictoria. Si es cierto que nos comen, ¿cómo lo hacen? 

Don Juan tenía una sonrisa de oreja a oreja. Rebosaba de placer. Me explicó que los chamanes ven a los niños humanos como extrañas bolas luminosas de energía, cubiertas de arriba a abajo con una capa brillante, algo así como una cobertura plástica que se ajusta de forma ceñida sobre su capullo de energía. Dijo que esa capa brillante de conciencia era lo que los predadores consumían, y que cuando un ser humano llegaba a ser adulto, todo lo que quedaba de esa capa brillante de conciencia era una angosta franja que se elevaba desde el suelo hasta por encima de los dedos de los pies. Esa franja permitía al ser humano continuar vivo, pero sólo apenas. Como si hubiera estado en un sueño, oí a don Juan Matus explicando que, hasta donde él sabía, la humanidad era la única especie que tenía la capa brillante de conciencia por fuera del capullo luminoso. Por lo tanto, se volvió presa fácil para una conciencia de distinto orden, tal como la pesada conciencia del predador. Luego hizo el comentario más injuriante que había pronunciado hasta el momento. Dijo que esta angosta franja de conciencia era el epicentro donde el ser humano estaba atrapado sin remedio.

Aprovechándose del único punto de conciencia que nos queda, los predadores crean llamaradas de conciencia que proceden a consumir de manera despiadada y predatorial. Nos otorgan problemas banales que fuerzan a esas llamaradas de conciencia a crecer, y de esa manera nos mantienen vivos para alimentarse con la llamarada energética de nuestras seudo-preocupaciones.

III.- De cómo organizan caza los foráneos sobre los nuevos seres humanos

Soy padre de dos hijos, de un niño y una niña. Mi hijo Alejandro nació en 1993, él sufrió durante sus dos primeros años de vida, de terrores nocturnos, de hecho, a pesar de que disponía de una completa habitación para él, el niño sólo descansaba plácidamente cuando dormía con sus padres.

Pensé que la habitación era más fría, que si la oscuridad, en fín, era mi primer hijo y carente de experiencia para criar hijos, me ví obligado a someterme a su antojo de querer dormir conmigo y su madre, aunque considero que no es ni higiénico ni seguro, lo cierto es que Alejandro se crió bien y no lo sometí a un sufrimiento tremendo cada vez que él se sentía solo en una cama fría y en otro cuarto. 

Indagando en esa época sobre la naturaleza del foráneo y de cómo liberarse de él, contemplé que mi hijo carecía de foráneo y de hecho, carecía de instalación foránea, él tenía un cuenco superior HTY0 que estaba cubierto por una hemiesfera de luz con el contenido de energía cósmica como si se tratase de un aljibe, pero no tenía EGC (estructura geométrica compacta) ni depredador en su interior. Y pensé. ¡Qué suerte, mi hijo no es como otros niños que he visto! Ha nacido sin depredador, quizás sea un hombre libre, quizás existan hombres libres que convivan con hombres alienados por el foráneo como era mi caso, por entonces.

Pero noche tras noche, vigilaba a mi hijo, él dormía en su cuna, en la habitación y comenzaba la tortura, lo cambiaba, le daba el biberón, pero no me dejaba de descansar, nos turnábamos mi mujer y yo y esos meses fueron complicados para mí al tener que rendir en un trabajo que requería tener mi mente serena y mis sentimientos ecuánimes, hasta que un día, descubrí una esfera de luz azul que lo atosigaba, que lo perseguía, que lo orbitaba, luego otro día, vi otras esferas de color y tamaño diferente, nada podía hacer, eran como grandes moscardas que lo atosigaban, todas querían quedarse a vivir en Alejandro, pero no había manera y todo fue una tortura, no sólo para Alejandro, sino para mí, que era testigo de algo tan extraño y a la vez, que me estaba causando una profunda impotencia al no poder hacer nada.

Un día, cogí a mi hijo y lo llevé al monte, allí dormimos juntos, era una roca que tenía una forma de sofá, daba el sol de la tarde y tanto Alejandro como Yo nos relajábamos escuchando los pajaritos o la brisa, tomando la energía de la madre Tierra, hice una petición formal para que mi hijo fuese protegido, pero la madre me dijo que eso no era algo que yo podía hacer frente, que nos iba a costar la vida a ambos, así, que acepté con gran pesar, que Alejandro comenzase a fabricarse su propia instalación foránea y el primero que cayó ahí se quedó. A los 11 meses de edad, Alejandro ya tenía foráneo como el resto de los humanos de la Tierra. Y yo no pude hacer absolutamente nada por evitarlo, la madre Gaia, me lo dijo bien claro, o era eso, o era, morir. La conciencia humana no puede existir sin el depredador foráneo. 

IV.- ¿Cómo podemos liberarnos del depredador foráneo?

Algo debía de haber en lo que don Juan decía, pues me resultó tan devastador que a este punto se me revolvió el estómago. Después de una pausa suficientemente larga para que me pudiera recuperar, le pregunté a don Juan: -¿Pero por qué, si los chamanes del México antiguo, y todos los chamanes de la actualidad, ven los predadores no hacen nada al respecto?

-No hay nada que tú y yo podamos hacer -dijo don Juan con voz grave y triste-. Todo lo que podemos hacer es disciplinarnos hasta el punto de que no nos toquen. ¿Cómo puedes pedirles a tus semejantes que atraviesen los mismos rigores de la disciplina? Se reirán y se burlarán de ti, y los más agresivos te darán una patada en el culo. Y no tanto porque no te crean. En lo más profundo de cada ser humano, hay un saber ancestral, visceral acerca de la existencia del predador. Mi mente analítica se movía de un lado a otro como un yo-yo. Me abandonaba y volvía, me abandonó de nuevo y volvía otra vez. Lo que don Juan estaba afirmando era absurdo e increíble. Al mismo tiempo, era algo de lo más razonable, tan simple. Explicaba cada contradicción humana que se me pudiera ocurrir. ¿Pero cómo podría cualquier persona haber tomado esto con seriedad? Don Juan me empujaba al paso de una avalancha que me derribaría para siempre. Sentí otra ola de una sensación amenazante. La ola no provenía de mí, y sin embargo estaba unida a mí. Don Juan estaba haciéndome algo, algo misteriosamente positivo y a la vez terriblemente negativo. Lo sentí como un intento de cortar una fina lámina que parecía estar pegada a mí. Sus ojos estaban fijos en los míos, me miraba sin parpadear. Alejó sus ojos de mí y comenzó a hablar sin volver a mirarme. -Cuando las dudas te asalten hasta el punto de que corras peligro -dijo-, haz algo pragmático al respecto. Apaga la luz. Perfora la oscuridad. Averigua qué puedes ver. Se levantó para apagar la luz. Lo frené. 

-No, no, don Juan -dije-, no apague la luz. Estoy bien. Lo que sentía era algo fuera de lo normal, un inusual miedo a la oscuridad. El solo pensar en ella me producía jadeos. Definitivamente sabía algo visceralmente, pero ni loco lo tocaría o lo traería a la superficie, ¡por nada del mundo! 

-Viste las sombras fugaces contra los árboles -dijo don Juan, reclinándose en su silla-. Estuviste muy bien. Ahora me gustaría que las vieras en esta habitación. No estás viendo nada. Simplemente estás captando imágenes fugaces. Tienes suficiente energía para hacerlo. Temía que don Juan se levantara y apagara la luz de la habitación, y así lo hizo. Dos segundos más tarde yo estaba gritando a grito pelado. No sólo capté la visión de esas imágenes fugaces, sino que las oí zumbando en mis oídos. 

Don Juan prendió la luz mientras se doblaba de risa. -¡Qué tipo temperamental! -dijo-. Un completo incrédulo, por un lado, y por el otro un pragmatista. Tienes que arreglar esta lucha interna. Si no, vas a hincharte y a reventar como sapo. Don Juan continuó hincándome su púa más y más profundo. 

-Los chamanes del México antiguo -dijo- vieron al predador. Lo llamaron el volador porque brinca en el aire. No es nada lindo. Es una enorme sombra, de una oscuridad impenetrable, una sombra negra que salta por el aire. Luego, aterriza de plano en el suelo. Los chamanes del México antiguo estaban bastante inquietos con saber cuándo había hecho su aparición en la Tierra. 

Razonaron que era que el hombre debía haber sido un ser completo en algún momento, con estupendas revelaciones, proezas de conciencia que hoy en día son leyendas mitológicas. Y luego todo parece desvanecerse y nos quedamos con un hombre sumiso. Quería enojarme, llamarlo paranoico, pero de algún modo mi rectitud inflexible que por lo general se escondía justo por debajo de la superficie de mi ser, no estaba allí. 

Algo en mí estaba más allá de hacerle mi pregunta favorita: ¿Qué pasa si lo que él dice es verdad? Aquella noche, al tiempo que me hablaba, de todo corazón sentí que lo que me decía era verdad, pero al mismo tiempo y con igual fuerza, sentí que todo lo que me estaba diciendo era completamente absurdo. 

-¿Qué me está diciendo, don Juan? -pregunté débilmente. Mi garganta estaba constreñida. Apenas podía respirar. -Lo que estoy diciendo es que no nos enfrentamos a un simple predador. Es muy ingenioso, y es organizado. Sigue un sistema metódico para volvernos inútiles. 

El hombre, el ser mágico que es nuestro destino alcanzar, ya no es mágico. Es un pedazo de carne. No hay más sueños para el hombre sino los sueños de un animal que está siendo criado para volverse un pedazo de carne: trillado, convencional, imbécil. 

Las palabras de don Juan estaban provocando una extraña reacción corporal en mí, comparable a la sensación de náusea. Era como si nuevamente me fuera a enfermar del estómago. Pero la náusea provenía del fondo de mi ser, desde los huesos. Me convulsioné involuntariamente. Don Juan me sacudió de los hombros. Sentí mi cuello bamboleándose hacia delante y hacia atrás bajo el impacto de su apretón. Su maniobra me calmó de inmediato. Me sentí mejor, más en control. -Este predador -dijo don Juan-, que por supuesto es un ser inorgánico, no nos es del todo invisible, como lo son otros seres inorgánicos. 

Creo que de niños sí los vemos, y decidimos que son tan terroríficos que no queremos pensar en ellos. Los niños podrían, por supuesto, decidir enfocarse en esa visión, pero todo el mundo a su alrededor lo disuade de hacerlo. 

La única alternativa que le queda a la humanidad -continuó- es la disciplina. La disciplina es el único repelente. Pero con disciplina no me refiero a arduas rutinas. No me refiero a levantarse cada mañana a las cinco y media y a darte baños de agua helada hasta ponerte azul. Los chamanes entienden por disciplina la capacidad de enfrentar con serenidad circunstancias que no están incluidas en nuestras expectativas. 

Para ellos, la disciplina es un arte: el arte de enfrentarse al infinito sin vacilar, no porque sean fuertes y duros, sino porque están llenos de asombro. -¿De qué manera sería la disciplina de un brujo, un repelente? -pregunté. -Los chamanes dicen que la disciplina hace que la capa brillante de conciencia se vuelva desabrida al volador -dijo don Juan, escudriñando mi cara como queriendo encontrar algún signo de incredulidad-. El resultado es que los predadores se desconciertan. Una capa brillante de conciencia que sea incomible no es parte de su cognición, supongo. Una vez desconcertados, no les queda otra opción que descontinuar su nefasta tarea. 

Si los predadores no nos comen nuestra capa brillante de conciencia durante un tiempo -continuó-, ésta seguirá creciendo. Simplificando este asunto en extremo, te puedo decir que los chamanes, por medio de su disciplina, empujan a los predadores lo suficientemente lejos para permitir que su capa brillante de conciencia crezca más allá del nivel de los dedos de los pies. Una vez que pasa este nivel, crece hasta su tamaño natural. Los chamanes del México antiguo decían que la capa brillante de conciencia es como un árbol. Si no se lo poda, crece hasta su tamaño y volumen naturales. A medida que la conciencia alcanza niveles más altos que los dedos de los pies, tremendas maniobras de percepción se vuelven cosa corriente. 

El gran truco de esos chamanes de tiempos antiguos -continuó don Juan- era sobrecargar la mente del volador con disciplina. Descubrieron que si agotaban la mente del volador con silencio interno, la instalación foránea saldría corriendo, dando al practicante envuelto en tal maniobra la total certeza del origen foráneo de la mente. La instalación foránea vuelve, te aseguro, pero no con la misma fuerza, y comienza un proceso en que la huida de la mente del volador se vuelve rutina, hasta que un día desaparece de forma permanente. 

¡Un día de lo más triste! Ése es el día en que tienes que contar con tus propios recursos, que son prácticamente nulos. No hay nadie que te diga qué hacer. No hay una mente de origen foráneo que te dicte las imbecilidades a las que estás habituado. 

-Mi maestro, el nagual Julián, les advertía a todos sus discípulos -continuó don Juan-, que éste era el día más duro en la vida de un chamán, pues la verdadera mente que nos pertenece, la suma total de todas nuestras experiencias, después de toda una vida de dominación se ha vuelto tímida, insegura y evasiva. Personalmente, puedo decirte que la verdadera batalla de un chamán comienza en ese momento. El resto es mera preparación. 

Me puse verdaderamente agitado. Quería saber más, y sin embargo, un extraño sentimiento en mí imploraba que parara. Aludía a oscuros resultados y a castigos, algo así como la ira de Dios descendiendo sobre mí por meterme con algo velado por Dios mismo. Hice un esfuerzo supremo para permitir que mi curiosidad prevaleciera. -¿Qué-qué-qué significa usted -me escuché decir-, con eso de agotar la mente del volador? -La disciplina definitivamente agota la mente foránea -contestó don Juan-. Entonces, a través de su disciplina, los chamanes se deshacen de la instalación foránea. 

Estaba abrumado por sus afirmaciones. O bien don Juan estaba verdaderamente loco, o lo que me estaba diciendo era tan asombroso que me había congelado por completo. Noté, sin embargo, con qué rapidez junté la energía para negarlo todo. Después de un instante de pánico, comencé a reír, como si don Juan me hubiera contado un chiste. Incluso me escuché decir: -¡Don Juan, don Juan, es usted incorregible! Don Juan parecía entender todo lo que estaba sucediéndome. Movió su cabeza de lado a lado y alzó sus ojos a los cielos, en un gesto de fingida desesperación. 

IV.- El día después, cuando mi foráneo fue expulsado de mi vida

No fue algo inmediato, ni mucho menos. Conseguí cortar aquella estructura y ésta saltó desapareciendo en el infinito, se marchó a través del techo del dormitorio, para luego sentir cómo brotaba desde mi cabeza una estructura energética ficticia, emuladora.

Era 1999 y al año siguiente, encontré de nuevo al depredador en su sitio, pero fui cada vez más terco en mis pretensiones, de hecho, creo que la terquedad que poseía no era propia, sino lo que el foráneo personal sentía por mí, no estaba dispuesto por nada del mundo a abandonar su sustento, pero yo no quería su mente, una mente triste, siempre deprimida, viviendo en la contínua tragedia de la vida, que si un terremoto en Turquía mató cientos de personas, que si una bomba estalló en una estación de metro matando a no se cuantos, que si un autobús se precipitó... vamos, el mundo de los informativos, de la prensa, de los sucesos, ese mundo es el mundo mental del foráneo. Dejé de ver televisión, centrarme en mis dos empleos, en el de la mañana, analizando listados de datos buscando inferencias y realizando informes, tarea más aburrida no puede existir en el mundo, bueno quizás sí, como contar estrellas o glóbulos rojos en una placa gradillada. Por la tarde, resolviendo sistemas lineales de ecuaciones con matrices y determinantes para las clases que impartía de COU en una academia. Así, en varios meses, nuevamente surgió el foráneo de cartón piedra, aquello daba asco de contemplar, pero llegó 2001 y tras los atentados de la WTC en Nueva York, mi foráneo quedó tan fascinado con esas escenas que ví en directo al llegar a mi casa y que me quitaron las ganas de almorzar ese día, pues cuando se precipitó al suelo la primera torre, bajó una especie de saliva fría por mi esófago hasta el estómago, no podía creer que el ser humano albergase tanta maldad, luego me di cuenta, de que lo que creemos que son seres humanos, son vasijas o recipientes dirigidos por monstruos de conciencia inorgánica. Ese mismo año, sometí a nuevas decapitaciones a mi foráneo perenne y se iba, regresaba, iba y venía, y así me tuvo hasta el año 2.004, yo tenía 40 años de edad, estaba sufriendo la peor crisis personal de mi vida, quería quitarme la vida, quería el divorcio, estaba harto del trabajo, de mi vida, de todo... por fín los cambios comenzaron a producirse. Una mañana me llamó mi hijo a la oficina, diciéndome que los peces del acuario estaban muriendo uno tras otro y que no podía hacer nada por salvarlos, yo le instruí en lo que pude, pero para cuando pude llegar desde el trabajo me encontré a todos mis peces con los que había estado los últimos cuatro años acompañados, todos murieron, aquello fue un mal presagio, desde ese día todo se puso del revés.

El foráneo ya no volvió nunca más a mi vida, mi hijo Alejandro ya tenía 11 años de edad y mi hija Angie 7 años, acababa de comprarme una nueva casa en la parte del frente de la calle, pues necesitaba una vivienda con una habitación para cada hijo, estaba en una primera planta y un tramo corto de escalera, mientras que donde vivía era un cuarto piso y sin ascensor y solo tenía dos cuartos. En ese cambio, sufrí muchas cosas, y finalmente, todo sucedió tal y como el destino tenía previsto que sucediera.

Carecer de foráneo es perder el sentido de la existencia e incluso la ilusión por los proyectos de la vida, lo cierto es, que, cuando llevaba un año sin foráneo, de pronto me ví fuera de mi hogar y de mi familia y estaba viviendo lejos de allí con un completo desconocido que se encargó de destrozarme la vida. Ahora, que no tenía depredador, tenía carceleros. Por un lado, Paco y por otro, Ángela, estuve entre dos fuegos, dos depredadores que me hicieron la vida mártir entre 2005 y 2012, para cuando Paco desapareció de mi vida, Ángela ha seguido presente hasta estos días, actuando peor que el foráneo que vivía en mí. Pues el mundo está lleno de depredadores y continuamente te están retando para que luches, mates y sobrevivas. ¡Qué ascazo!

Y cierto es lo que el nagual Julián decía, pasé los peores años de mi vida.


V.- Rompiendo la relación de codependencia entre uno y el foráneo que lo domina

-Soy tan incorregible -dijo-, que voy a darle a la mente del volador, que llevas dentro de ti, una sacudida más. Te voy a revelar uno de los secretos más extraordinarios de la brujería. Te voy a describir un hallazgo que les tomó a los chamanes miles de años para verificar y consolidar. Me miró y sonrió de manera maliciosa. 

-La mente del volador huye para siempre cuando un chamán logra asirse a la fuerza vibradora que nos mantiene unidos como conglomerado de fibras energéticas. Si un chamán mantiene esa presión durante suficiente tiempo, la mente del volador huye derrotada

Y eso es exactamente lo que vas a hacer: agarrarte a la energía que te mantiene unido. Tuve la reacción más inexplicable que jamás hubiera imaginado. Algo en mí literalmente tembló, como si hubiese recibido una sacudida. Entré en un estado de miedo injustificado, el que inmediatamente relacioné con mi entrenamiento religioso. Don Juan me miró de la cabeza a los pies. 

-Temes la ira de Dios, ¿verdad? -dijo-. Quédate tranquilo, ése no es tu miedo. Es el temor del volador, que sabe que harás exactamente como te digo. Sus palabras no me calmaron en absoluto. Me sentí peor. Comencé a convulsionarme de manera involuntaria, sin poder evitarlo. 

-No te preocupes -dijo don Juan de manera calma-. Sé, de hecho, que esos ataques se extinguen de lo más pronto. La mente del volador no tiene concentración alguna. Después de un momento, todo paró, como lo había previsto don Juan. Decir nuevamente que estaba abrumado es un eufemismo. Ésta era la primera vez en mi vida, con o sin don Juan, que no sabía si iba o venía. Quería levantarme de la silla y caminar por la habitación, pero estaba mortalmente asustado. Estaba lleno de aserciones racionales, y a la vez repleto de un miedo infantil. Comencé a respirar profundo, mientras un sudor frío me cubría todo el cuerpo. De alguna manera se había desatado en mí una horrenda visión: sombras negras, fugaces brincando a mi alrededor, dondequiera que mirara. Cerré los ojos y me recliné sobre el brazo de la silla. 

-No sé para dónde mirar, don Juan -dije-. Esta noche ha logrado realmente que me pierda. 

-Estás desgarrado por una lucha interna -dijo don Juan-. Muy en lo profundo, sabes que eres incapaz de rechazar el acuerdo de que una parte indispensable de ti, tu capa brillante de conciencia, servirá de alimento incomprensible a unas entidades, naturalmente, también incomprensibles. Y otra parte de ti se opondrá a esta situación con toda su fuerza. 

La revolución de los chamanes -continuó-, es que se rehúsan a honrar acuerdos en los que no han participado. Nadie me preguntó si consentía ser comido por seres de otra clase de conciencia. Mis padres me trajeron a este mundo para ser comida, sin más, como lo fueron ellos; fin de la historia. 

Don Juan se levantó de la silla y estiró los brazos y las piernas. 

-Llevamos horas aquí sentados. Es hora de entrar en la casa. Yo voy a comer. ¿Quieres comer conmigo? Le dije que no. Mi estómago estaba revuelto. 

-Mejor vete a dormir -dijo- El bombardeo te ha devastado. No necesité que me insistiera. Me derrumbé en mi cama y caí dormido como un tronco. Ya en casa, a medida que pasaba el tiempo, la idea de los voladores se volvió una de las principales fijaciones de mi vida. Llegué a pensar que don Juan tenía toda la razón. Por más que intentara, no podía rechazar su lógica. Mientras más lo pensaba, y mientras más me observaba y hablaba con mis prójimos, la convicción era más y más intensa de que algo nos impedía toda actividad o interacción o pensamiento que no tuviese como punto focal, el yo. Mi preocupación, como la preocupación de cualquiera que yo conociera o con el que yo hablara, era el yo. Como no encontraba explicación para tal homogeneidad universal, concluí que la línea de pensamiento de don Juan era la más apropiada para elucidar el fenómeno. Me sumergí tanto como pude en lecturas de mitos y leyendas. Al leer, experimenté algo que nunca antes había sentido: cada uno de los libros que leí era una interpretación de mitos y leyendas. En cada uno de esos libros, una mente homogénea se hacía patente. Los estilos diferían, pero el impulso detrás de las palabras era homogéneamente el mismo: a pesar de ser el tema algo tan abstracto como los mitos y las leyendas, los autores se las arreglaban siempre para encajar afirmaciones acerca de ellos mismos. El impulso común detrás de cada uno de estos libros no era el tema que anunciaban; era, en su lugar, autoservicio. Nunca antes me había dado cuenta de esto. Atribuí mi reacción a la influencia de don Juan. 

La pregunta inevitable que me hacía a mí mismo era: ¿Será que don Juan me está influyendo para verlo de esta manera, o hay realmente una mente foránea dictándonos todo lo que hacemos? Viraba otra vez, obligadamente, a la negación, e iba como loco de negación a aceptación a negación. Algo en mí sabía que don Juan quería llegar a un hecho energético, pero algo de igual importancia en mí sabía que era todo un disparate. El resultado final de mi lucha interna vino bajo la forma de un presentimiento, la sensación de que algo peligroso e inminente se acercaba. 

Hice una gran cantidad de estudios antropológicos en el tema de los voladores en otras culturas, pero no encontré referencia alguna. Don Juan parecía ser la única fuente de información sobre el tema. La siguiente vez que lo vi, me apresuré a hablarle de los voladores. -He hecho lo posible por ser racional sobre el tema -dije-, pero no puedo. Hay momentos en que estoy totalmente de acuerdo con usted acerca de los predadores. 

-Enfoca tu atención en las sombras fugaces que puedes ver -dijo don Juan con una sonrisa. Le dije a don Juan que esas sombras fugaces terminarían con mi vida racional. Las veía por todas partes. Desde que me había ido de su casa, era incapaz de dormirme en la oscuridad. Dormir con las luces encendidas no me molestaba en absoluto. Sin embargo, en cuanto las apagaba todo a mi alrededor comenzaba a dar saltos. Nunca veía figuras o formas completas. Todo lo que veía eran sombras fugaces negras. 

-La mente del volador no te ha abandonado -dijo don Juan-. Ha sido seriamente injuriada. Está haciendo lo posible por restablecer su relación contigo. Pero algo en ti se ha roto para siempre. El volador lo sabe. El verdadero peligro está en que la mente del volador te puede vencer agotándote y forzándote a abandonar jugando con la contradicción entre lo que ella te dice y lo que yo te digo. 

Te digo, la mente del volador no tiene competidores -continuó don Juan-. Cuando se propone algo, está de acuerdo con su propia proposición, y te hace creer que hiciste algo de valor. La mente del volador te dirá que lo que don Juan Matus te está diciendo es puro disparate, y luego, la misma mente estará de acuerdo con su propia proposición. "Sí, por supuesto, es un disparate", dirás. 

Así nos vencen. Los voladores son una parte esencial del universo -continuó-, y deben tomarse como lo que son realmente: asombrosos, monstruosos. Son el medio por el cual el universo nos pone a prueba. Somos sondas creadas por el universo -siguió, como si yo no estuviera presente-, y es porque somos poseedores de energía con conciencia, que somos los medios por los que el universo se vuelve consciente de sí mismo. Los voladores son los desafiantes implacables. No pueden ser considerados de ninguna otra forma. Si lo logramos, el universo nos permite continuar. 


V.- La ruptura necesaria e inevitable para ser de nuevo lo que siempre hemos sido: conciencia universal

De lo que don Juan habla acerca de esa misteriosa energía que manteniene unida todo un conglomerado de objetos que forman nuestro cuerpo energético, en otros libros de Castaneda se denomina INTENTO. El intento es la fuerza que mantiene cohesionados los objetos para formar sistemas compactos concienciativos.

Por ello, si nosotros somos un conjunto de objetos: los definí en cierto modo, en el punto I de este artículo: Chakras (vórtices de energía), canales meridianos, tubos, permutables, anillos... estructuras energéticas: envolventes, cápsidas, placas... pero uno es todo eso formando un conjunto, un  conglomerado compacto, unido pero a la vez, dinámico y hasta caótico, somos una estructura fija y a la vez flexible con el resto de campos e interacciones de energía con los que lidiamos continuamente.

El INTENTO es VOLUNTAD. 

De nuestro ombligo surgen un multihaz de fibras de filamentos energéticos que actúan como enormes elásticos y son como patas de pulpo que se adhieren a los objetos y los intenta, es decir, realiza toda una acción táctil para percibir a través de la energía tal y como es y fluye por el universo.  A este conglomerado de energía yo lo denomino [V] o las fibras de la voluntad. Existen otros multihaces de fibras a lo largo del cuerpo como en los centros de cada mano y en las muñecas, son chakras de tipo secundario pero emiten mutihaces de fibras energéticas de gran compacidad y muy elásticas. También hay en los ojos, en el centro de la frente, en las rodillas, en los tobillos, en fín, y creo que en muchos más sitios que desconozco aún, pues el cuerpo energético es muy voluble y presenta cambios continuos a medida que es percibido con las fibras de la voluntad, estas son las que nos hacen «ver».

Si tomamos la voluntad como referencia, la disciplina no es madrugar a las 5 de la mañana cada día o tomarse baños de agua fría, tal y como dice don Juan, la disciplina es mantener a raya la instalación foránea limpia y que no la pueda ocupar nada. Para ello es necesario, con el intento, con la voluntad, con esa energía que yo manejo desde la visualización recreativa, la construcción de estructuras imaginarias en un principio pero que luego se hacen realidad, así, comencé por limar el muelle de anclaje de la EGC, ese anillo es el anillo de Sahasrara (el más alto de todos en la cabeza) que comienza siendo un anillo y acaba formando un cuenco orientado hacia el cielo para captar prana, yo tomé y a medida que pasaron los años entre 2007 y 2009, la energía de conciencia dorada y brillante que crecía desde mis pies y ya llegó a estar por encima de mi cabeza (tardó muchos años en conseguirlo, entre 2004 y 2009, como cinco años), tomé esa energía y construí una cúpula esférica para proteger el cuenco superior HTY2, había un líquido en su interior de color dorado, que es pranayama (energía procedente del universo) y que es utilizada para mezclarse con la telúrica en Ajña y convertirla en soma, alimento energético para los cinco cuerpos. Luego construí un icosaedro dorado y precioso y lo dejé albergado en su interior, tengo un HTY igual que todos los demás, para cualquier foráneo que me contemple, sabrá que soy un taxi ocupado y no me hostigará.

VI.- El silencio interno como barrera

Quería que don Juan siguiera hablando. Pero sólo dijo: 

-El bombardeo terminó la última vez que estuviste aquí; no hay más qué decir acerca de los voladores. Es tiempo de otra clase de maniobra. 

Esa noche no pude dormir. Caí en un sopor liviano a la madrugada, hasta que don Juan me sacó de la cama, y me llevó a una caminata por las montañas. Donde él vivía, la configuración de las montañas era muy distinta a la del desierto de Sonora, pero me dijo que no me entregara a comparar, ya que después de caminar un kilómetro, todos los lugares del mundo son iguales. 

-Disfrutar del panorama es para gente que pasea en automóviles -dijo-. Van a gran velocidad sin hacer ningún esfuerzo. Los panoramas no son para caminantes. Por ejemplo, cuando vas en coche puedes ver una montaña gigantesca que te abruma con su belleza. La vista de esa montaña no te va a abrumar de la misma forma si la ves mientras vas de a pie; te va a abrumar de otra forma, especialmente si debes escalarla o rodearla. La mañana estaba muy calurosa. Caminamos por el lecho seco de un río. Una cosa en común entre este valle y el desierto de Sonora eran los millones de insectos. Los mosquitos y las moscas a mi alrededor parecían bombarderos suicidas que apuntaban a mi nariz, a mis ojos y a mis orejas. Don Juan me dijo que no les prestara atención a sus zumbidos. -No trates de espantarlos con tus manos -me lanzó en tono firme-. Intenta que se alejen. Forma una barrera energética a tu alrededor. Estáte en silencio, y desde ese silencio se construirá la barrera. Nadie sabe cómo se hace. Es una de esas cosas que los chamanes llaman hechos energéticos. Para tu diálogo interno. Eso es todo lo que se necesita. Quiero proponerte una idea un poco rara -continuó don Juan mientras caminaba delante de mí. Yo tenía que acelerar mis pasos para mantenerme cerca de él, y así no perderme nada de lo que él decía. -Tengo que insistir en que es una idea rara que encontrará en ti infinita resistencia -dijo-. Debo advertirte que no la aceptarás con facilidad. Pero no por el hecho de que es rara debes rechazarla. Eres un científico social. Por lo tanto, tu mente está siempre abierta a la investigación, ¿verdad? Don Juan se estaba burlando de mí desvergonzadamente. Yo lo sabía, pero no me molestaba. Quizá porque él caminaba tan rápido y yo debía seguirle el paso haciendo tremendos esfuerzos, su sarcasmo se deslizaba sobre mí, y en lugar de molestarme, me hacía reír. Mi atención total estaba enfocada en lo que él decía, y los insectos, o bien dejaron de molestarme porque había intentado una barrera a mi alrededor, o porque estaba tan ocupado escuchando a don Juan, que ya no me molestaban sus zumbidos. -La idea rara -dijo lentamente, midiendo el efecto de sus palabras- es que todo ser humano en esta Tierra parece tener las mismas reacciones, los mismos pensamientos, los mismos sentimientos. Parecen responder de la misma manera a los mismos estímulos. Esas reacciones parecen estar en cierto modo nubladas por el lenguaje que hablan, pero si escarbamos esa superficie son exactamente las mismas reacciones que asedian a cada ser humano en la Tierra. Me gustaría que esto te causara curiosidad como científico social, por supuesto, y que veas si puedes explicar esta homogeneidad. Don Juan recolectó una serie de plantas. Algunas apenas eran visibles. Parecían ser algas, musgos. Mantuve abierta su bolsa y dejamos de hablar. Cuando tuvo suficientes plantas, se encaminó hacia su casa y comenzó a caminar a toda velocidad. Dijo que quería limpiar y separar esas plantas y ordenarlas antes de que se secaran demasiado. Yo me encontraba absorto pensando en la tarea que él me había delineado. Comencé por pensar si conocía algún artículo o trabajo sobre el tema. Supuse que debía investigarlo, y decidí que comenzaría por leer todo lo escrito sobre «carácter nacional». Me entusiasmé de manera fortuita con el tema, y quería volver en seguida a mi casa y emprender la tarea con seriedad; sin embargo, antes de llegar a su casa, don Juan se sentó en una saliente alta que daba sobre el fondo del valle. No dijo nada por un rato. No le faltaba el aire. Yo no comprendía por qué se había detenido a sentarse.

 -La tarea del día, para ti -dijo abruptamente, en tono de presagio-, es una de las tareas más misteriosas de la brujería, algo que va más allá del lenguaje, más allá de las explicaciones. Hoy nos fuimos de caminata, hablamos, porque el misterio de la brujería debe ser amortiguado con lo mundano. Debe partir de la nada, y debe volver nuevamente a la nada. Ése es el arte del guerrero-viajero: pasar por el ojo de una aguja sin ser notado. Por tanto, prepárate acomodando tu espalda contra esta pared de roca, lo más lejos posible del borde. Estaré cerca de ti, en caso de que te desmayes o te caigas. 

-¿Qué está tramando, don Juan? -pregunté, y mi alarma era tan patente que en seguida bajé la voz. -¿Quiero que cruces las piernas y entres en un estado de silencio interno -dijo-. Digamos que quieres averiguar qué artículos podrías buscar para desacreditar o comprobar lo que te he pedido que hagas en tu medio académico. Entra en el silencio interno, pero no te duermas. Éste no es un viaje al oscuro mar de la conciencia. Esto es ver desde el silencio interno. Me era bastante difícil entrar en un estado de silencio interno sin quedarme dormido. Luché contra el casi invencible deseo de dormir. Logré evitarlo, y me encontré mirando el fondo del valle desde la impenetrable oscuridad que me rodeaba. Y luego vi algo que me estremeció hasta los huesos. Vi una sombra gigantesca, quizá de un ancho de cinco metros, saltando en el aire y luego aterrizando con un golpe ahogado y silencioso. Sentí el golpe en mis huesos, pero no lo oí. 

-Son verdaderamente pesados -don Juan me dijo al oído. Me estaba agarrando del brazo izquierdo, lo más fuerte que podía. Vi algo, como una sombra de barro meneándose en el suelo, y luego dio otro salto, quizá de unos quince metros, y volvió a aterrizar con el mismo silencioso golpe. Estaba aterrorizado más allá de todo lo que racionalmente pudiera usar como descripción. Mantuve mis ojos fijos en la sombra saltando en el fondo del valle. Luego escuché un zumbido peculiar, una mezcla entre el sonido de un batir de alas, y el sonido de una radio que no ha sintonizado la frecuencia de una estación, y el golpe que siguió fue algo inolvidable. Nos sacudió a don Juan y a mí hasta los huesos -una gigantesca sombra de barro negra acababa de aterrizar a nuestros pies. -No te asustes -dijo don Juan en tono imperativo-. Mantén tu silencio interno y la sombra se irá. Yo temblaba de pies a cabeza. Tenía la clara impresión de que si no mantenía mi silencio interno activo, la sombra de barro me envolvería como una frazada y me sofocaría. Sin perder la oscuridad a mi alrededor, grité con toda mi fuerza. Nunca había sentido tanto enojo, tanta frustración. La sombra de barro dio otro salto, claramente hacia el valle. Continué gritando mientras sacudía mis piernas. Quería deshacerme de lo que fuera que viniera a comerme. Mi estado nervioso era tal, que perdí la noción del tiempo. Quizá me desmayé. Cuando recuperé el sentido, estaba recostado en mi cama en casa de don Juan. Tenía una toalla, empapada de agua helada, envuelta sobre la frente. Ardía de fiebre. Una de las compañeras de don Juan me frotaba la espalda, el pecho y la frente con alcohol, pero no sentía ningún alivio. El calor que sentía provenía de mí mismo. La impotencia y la ira lo generaban. Don Juan reía como si lo que me sucedía fuera lo más gracioso en el mundo. Sus carcajadas resonaban una tras otra. -Jamás se me hubiera ocurrido que tomarías el ver a un volador tan a pecho -dijo. Me tomó de la mano y me llevó a la parte posterior de su casa, donde me sumergió en un enorme tanque de agua, completamente vestido, con zapatos, reloj, y todo. -¡Mi reloj, mi reloj! -grité. Don Juan se contorsionaba de risa. -No deberías usar reloj cuando vienes a verme -dijo-. ¡Ahora lo chingaste por completo! Me saqué el reloj y lo puse a un lado de la bañera. Recordé que era a prueba de agua y que nada le hubiera sucedido. Estar sumergido en el tanque me ayudó inmensamente. Cuando don Juan me ayudó a salir del agua helada, yo había recuperado cierto grado de control. -¡Esa visión es absurda! -no hacía yo otra cosa que repetir, incapaz de decir nada más. El predador que don Juan había descrito no era benévolo. Era enormemente pesado, vulgar, indiferente. Sentí su despreocupación por nosotros. Sin duda, nos había aplastado épocas atrás, volviéndonos, como don Juan había dicho, débiles, vulnerables y dóciles. Me quité la ropa húmeda, me cubrí con un poncho, me senté en la cama, y lloré desconsoladamente, pero no por mí. Yo tenía mi ira, mi intento inflexible, para no dejarme comer. Lloré por mis semejantes, especialmente por mi padre. Nunca supe, hasta ese momento, que lo quería tanto. -Nunca tuvo la opción -me escuché repetir una y otra vez, como si las palabras no fueran realmente mías. Mi pobre padre, el ser más generoso que conocía, tan tierno, tan gentil, tan indefenso.

VI.- Comentario sobre la meditación y mantener la mente a raya

Si hay algo de lo que estoy seguro, es que lo que he podido interpretar en los escritos de Castaneda, han sido utilizados en mi vida práctica, quizás algunos piensen que perdí la cabeza hace tiempo, y es posible que tengan razón, creo que la perdí y lo hice a propósito, pues en el momento en que corté mi relación de codependencia con mi foráneo, he dejado de sentirme como me sentía, he abandonado morbilidades, acciones repetitivas, una mente saturada de ideas enfermantes y aunque me he vuelto bastante racional (nunca he estado tan lúcido como lo estoy hoy en día), desapareció ese manto que me tenía obnubilado, ahora veo de frente y con claridad, siento, percibo, pero tampoco estoy tocado con la obsesión de la percepción acrecentada, simplemente me limito a vivir una vida tranquila a mis sesenta años, haciendo lo cotidiano, limpiar, cocinar, pasear, leer, tomar el sol y poco más, pues mi vida se ha simplificado enormemente en los últimos diez años. Pero medito a diario, practico silencios prolongados y eso me tiene curado, realmente es difícil para el parloteo continuo de la mente, pero hay que callar, y hacer callar a quienes nos quieren atosigar, sea la TV, una conversación telefónica, todo eso es verborrea, es tan inútil y futil que no vale ni la pena pararse a considerarlo, es mejor ser felices disfrutando de la experiencia de la vida, de estar vivos y no apenarse tanto, ni sentir tanta ira, ciertamente, estamos viviendo un tiempo histórico realmente crítico, las guerras, los peligros reales de extinción: calentamiento global, extinción de la vida, contaminación... la cuestión de la economía, la carestía de la vida, en fín... ¿Vale la pena centrarse en eso? Yo creo que la mejor manera de ser un infeliz y de desaprovechar la experiencia de sentirnos vivos es conectar con toda esa inmundicia. Tratemos de liberarnos y ser nosotros mísmos, a lo mejor descubrimos, lo mágicos que somos.



domingo, 7 de enero de 2024

VER COMO DON JUAN

 

VER COMO EXPERIENCIA EXTRASENSORIAL PRELIMINAR PARA INICIAR EL CAMINO DEL CONOCIMIENTO EN LAS ENSEÑANZAS DE DON JUAN A CARLOS CASTAÑEDA

Desde que en 1960, momento en que don Juan conoció a Carlos Castañeda, él trato de buscar la manera en que Carlos pudiese percibir la energía tal y como fluye por el universo, la verdad insustancial que hay tras los objetos que construimos en nuestra mente y a través de la vista, es una construcción propia sobre un estado concreto de la realidad a la que todos nos hemos puesto de acuerdo (o nos han puesto a todos de acuerdo) en percibir los mismos objetos, texturas y colores, debido a que hay un comando que fija el punto de encaje para todos en un mismo lugar, a este plano de la realidad se le conoce como PRIMERA ATENCIÓN.

Cuando el punto de encaje puede desanclarse y moverse libremente dentro de la estructura energética humana, percibimos la SEGUNDA ATENCIÓN y si sale de ésta, estamos en la TERCERA ATENCIÓN.

Dentro de cada atención hay muchos lugares o mundos, pero siempre tenemos que pasar por el plano donde existen los SERES INORGÁNICOS, pues sin ellos, a los que Don Juan denomina ALIADOS, difícilmente podremos valernos por nosotros mismos, pero en este plano de la conciencia, todos somos depredadores al igual que sucede en la naturaleza, la colaboración sucede en raras ocasiones y cuando hay una conveniencia entre aliado y humano y en condiciones muy estrictas que requieren tener la capacidad y conocimiento que don Juan proporcionó a Castaneda durante la década que estuvo a su cargo como aprendiz para cumplir con la regla del nagual: Antes de abandonar el mundo, dejar otro nagual que lidere a un grupo de nuevos guerreros y al parecer, ha sido así durante muchas generaciones, según don Juan, desde antes de la conquista española de América y que lo que antes se realizaba se hacía bajo otros criterios que al parecer, no fueron lo suficientemente impecables como para obtener el resultado deseado: conquistar la libertad total.

Tras mi experiencia al mundo de los seres inorgánicos cuando mi atención (punto de encaje) fue atrapado por el explorador verde que me visitó ensoñando, me di cuenta de un hecho relevante y es que mi identidad como ser, no era humana, sino que me percibí a mí mismo como energía, formada por una especie de racimo de cordajes gruesos de luz intensa, bien enmarañados y unidos a un punto de encaje externo, que estaba pegado al explorador, mi forma era alargada, el capullo como tal no existía, sino que mi estructura como conciencia estaba enmarañada y estructurada de una manera muy distinta, no habían anillos de luz ni vórtices internos, apenas podía definirme, pues todo es muy caótico y cambiante a la hora de percibir la energía tal y como fluye por el universo, pero mi estructura es prima hermana de la estructura real de los seres inorgánicos, que se presentan como bastones, incluso setas gigantescas, formas como una puerta profundamente oscura y generalmente, como cosas alargadas que se perciben en el trasfondo de los campos de energía, como un hueco o una sombra de esos campos.

Don Juan denominaba al acto de percibir la energía tal y como fluye por el universo como ver, que no es ver con los ojos, sino percibir sin el uso de los órganos de los sentidos.

En los dos primeros libros de la saga:

I. Las enseñanzas de Don Juan: una forma yaqui de conocimiento

II. Una realidad aparte: más conversaciones con Don Juan


                                              LAS PLANTAS DE PODER  

Se expone el diario de lo acontecido durante los primeros cinco años (1960-1965) en lo que Carlos se convierte en un discípulo de don Juan y éste busca todas las maneras para que pueda aprender a ver, de tal modo que busca todos los recursos que los aborígenes conocen sobre el trato con las plantas de poder, lo que nosotros denominamos drogas psicotrópicas, que son esas sustancias químicas que alteran el estado de la conciencia y permite alucinar y presenciar experiencias oníricas bajo su efecto, los pueblos mesoamericanos (entre otros muchos) han realizado de manera ritual este tipo de ingestas, en México se conocen como MITOTES, reuniones de personas para entrar en contacto a través de la ingesta o mediante la inhalación del humo de estas plantas fumadas, para tener una experiencia individual o colectiva más allá de la conciencia ordinaria. Don Juan siempre ha hablado con un alto respeto acerca de las plantas de poder, él usaba habitualmente una composición de cinco plantas y un hongo de la familia psilocibe (no se especifica en ningún momento esta composición), para fumar, el hongo al que don Juan llamaba honguito realmente no se combustía, sino que las hierbas que se incendian arrancan la psilocibina, psilocina y baeocistina (entre otras sustancias psicotrópicas de menor presencia) que son liposolubles y quedan asociadas a la carbonilla del humo que es inspirado por el fumador. Don Juan tenía una gran predilección por fumar en pipa este compuesto, al que denominaba «mi aliado».

                              
Psilocibe semilanceata, un tipo de hongo de la familia psilocibe, una de las 350 especies conocidas, se desconoce con precisión cuál especie usaba don Juan para fumar.

Una de las propiedades más conocidas de la acción de la psilocina es ser antagonista de la acción de la seritonina en la química del cerebro, un efecto ligeramente similar a la de algunos antidepresivos, modulando y recaptando la seritonina, por otro lado, crean experiencias enteógenas similares al DMT y al LSD. 


Lophophora williamsii, un pequeño cáctus mesoamericano que alcanza los 5 cm. de altura y puede llegar a tener hasta 12 cm. de anchura, sus flores son purpúreas y su fruto en seco concentra una cantidad apreciable de fenetilaminas. 

El PEYOTE, es otra de las sustancias psicotrópicas que se ingieren a través del fruto del pequeño cáctus mexicano Lophophora williamsii, entre otros compuestos y derivados de la familia de las fenetilaminas, que tienen características muy diversas, desde estimulantes cerebrales como las anfetaminas hasta enteógenos similares al éxtasis, la industria farmacéutica ha proporcionado a partir de aquí la base de muchos y variados tipos de medicamentos, siendo la Mescalina, un principio activo relevante y presente en las semillas de peyote secas, con una proporción variable del 4 al 6 % de mescalina, que cariñosamente la denominaba don Juan como MESCALITO, no a la planta ni a sus semillas, sino al poder abstracto que hay en ella, una especie de entidad divina que proporciona consejos y la mejor manera de vivir a sus consumidores.



El tártago, tal y como es conocida en España o Toloache, en México, es la Datura inoxia, una solanácea silvestre que los indios mesoamericanos han utilizado ancestralmente para curar y en algunos casos, ritualisticos, para ingerir sus semillas secas con resultado enteógeno.

La última planta con la que trataron nuestros protagonistas fue el Toloache que contiene sustancias alcaloides como atropina, escopolamina y hiosciamina entre otras sustancias similares con efecto alucinógeno, usadas en pasajes de iniciación y mitotes en las costumbres indianas ancestrales.

Don Juan no sólo da a probar estas sustancias a Carlos, sino que le muestra el universo, la vinculación existente entre hombres y plantas de poder, él considera que las experiencias alucinógenas son estados especiales de la conciencia que describen otras realidades, lo cierto es, que el uso de psicotrópicos, ciertamente altera la posición del punto de encaje y lo desancla, por otro lado, lo fija a otras regiones de la estructura energética humana que permite la percepción de otras realidades.

En varias ocasiones a lo largo de mi vida, pude ser testigo de que algunos amigos míos consumían este tipo de sustancias, yo quedándome siempre al margen, pues nunca he sentido ni curiosidad ni deseo de consumir ningún tipo de droga, mientras tanto, como testigo con la capacidad para ver los efectos, como penetraban en otros mundos de la percepción.

No voy a describir cada una de las experiencias que viví como testigo, pues son muchas y de muy variada naturaleza, pero en términos generales puede contemplar cómo la energía quedaba realmente alterada, se producían campos que englobaban a más de una sola estructura (campo propio) determinante de la individualidad de cada participante, era como si la luz blanquecino amarillenta que suele predominar en la textura del capullo o envoltura cambiase a colores fríos intensos: púpura, azulados, violetas de una manera violenta, el capullo de ser esférico u oblongo, su superficie comenzaba a ondularse de manera violenta y el polo (punto de anclaje), comenzaba a rebotar de un punto a otro de esa superficie como si se tratase de un barco en pleno oleaje. En una ocasión, ví penetrar ese polo hacia la región del cuantificador central (CC), un haz de energía entrelazada formando una trenza y que se sitúa en la médula espinal, iluminando todo el CC y algunas bandas horizontales correspondientes a los nervios periféricos parasimpáticos (en mi codificación: BPS-36, 21, 19 y 14), posteriormente se activaban los multihaces de fibras que emanan desde el ombligo (haces de la voluntad) [en mi codificación: V-0 y en su despliegue: Φ-0 ]. Al terminar la experiencia, la persona me explicó que había estado en el espacio exterior, llegando a otros planetas, visitando hasta tres y contactando con seres extraterrestres con forma de planta (yo creo que fueron seres inorgánicos).

En la mayor parte de los casos, el polo quedaba a ras de superficie de la envolvente o sobre ella, modificando ligeramente la estructura de la envolvente, cuando se quedaba anclado, iluminaba un sector de fibras verticales a través del capullo y la ondulación cesaba, esta situación era un tanto caótica, pues variaba con gran irregularidad entre un visionado y el siguiente.

Las experiencias que me relataron eran de encontrarse en un lugar neblinoso y amarillento, donde se vieron completamente solos, unos me dijeron que estaban en mitad de una tormenta de desierto, otros, que vieron animales inexistentes tipo reptilianos, pero que en ningún momento sintieron amenaza y ni siquiera fue detectada su presencia, hubo un caso en el que la persona me relató que viajó a través del tiempo, a su propio pasado, comprendiendo cosas que le produjeron un inmenso dolor en su día y que pudo reinterpretar de nuevo, sanando ese trauma, otros viajaron al futuro y vieron panoramas muy especiales de un futuro de su familia, su ciudad, uno me dijo que había viajado al año 3.750 y que había poca gente en el mundo que vivían bajo cúpulas herméticas semienterradas en un mundo yermo y hostil. 

Cambiando de tema, el trasfondo del método de Matus nada tiene que ver con lo recreativo, para él este tipo de experiencias son un entrenamiento para ver  con objetivos ulteriores, todo lo demás, para don Juan, fueron simples chaladuras y hasta constituyen una amenaza real tanto para la integridad física o mental de la persona como para desviarlo del verdadero camino del guerrero.

Mi rechazo al consumo de drogas y al trato, incluso, con consumidores de éstas, estuvo plenamente justificado, pues 5 personas a las que les tenía afecto, murieron por consumo de heroina en la década de los 80 y toda una generación quedó relegada a la desgracia por culpa de la toxicomanía.

Al leer el primer libro de Castaneda, sentí rechazo por él, pues todo él era y es una apología al consumo de drogas psicotrópicas, algo que al parecer, fascina a muchísima gente y posiblemente, tiene una gran aceptación comercial, convirtiendo a este libro en un best-seller de al menos cuatro generaciones desde su publicación en 1965.

MI HISTORIA PERSONAL EN MIS PRELIMINARES DEL VER SIN EL USO DE PLANTAS DE PODER Y COMO EXPERIENCIA INHERENTE A MI NATURALEZA

Pero cuando, tras un par de años sin querer saber nada de Castaneda, viviendo un tiempo de luto por el fallecimiento inesperado de mi padre y mientras realizaba el servicio militar, aferrado a la Biblia, mi único consuelo, casualmente, sentí nuevamente mi deseo de continuar leyendo la saga de Castaneda cuando pasé frente a la librería Álef y vi sus títulos expuestos en el escaparate, una mañana de sábado de la primavera de 1985 y ello es debido, fundamentalmente, a que mis experiencias de videncia se prolongaron en el tiempo desde aquella mañana veraniega de 1982 y necesitaba aclarar lo que veía y que no había nadie a mi alrededor que me pudiese orientar en esto y que lo único que hasta el día de hoy, tras 40 años, he encontrado algunas respuestas, ha sido, efectivamente, la saga de Castaneda.

Leer el segundo libro: A realty appart: Further conversation with don Juan, (Una realidad aparte: más conversaciones con don Juan) me enganchó desde el primer instante, cuando comencé el primer capítulo: The preliminaries to see (los preliminares de ver), sentí un profundo alivio cuando el discurso sobre plantas de poder aunque no había concluído, cayó en un segundo plano, para realzar el objetivo del uso de las plantas de poder: ver y encontrarse con los aliados.

Como yo nunca he utilizado drogas para buscar provocar alterar mi conciencia con este propósito, pues mucho me temo que, tomando drogas no te garantiza absolutamente nada, ni ver ni encontrarse con aliados, pues don Juan, como experto hombre de conocimiento, sabía utilizar un método infalible y experimentado por muchas generaciones anteriores de aborígenes, no solo del pueblo yaqui, sino de otros pueblos mexicanos, pues ellos, no poseían una relación de pertenencia tribal, más bien, se sentían aislados, muy solos en su búsqueda de conocimiento y de hecho, otros miembros tribales evitaban el trato, al considerarlos brujos, nunca he tenido un encuentro con un aliado, de hecho, carezco de aliado, entendiéndose como tal, una entidad inorgánica que colabora contigo para poder moverte en esos planos de la conciencia diferentes a la primera atención o TONAL.

VER, ENSOÑAR Y SER INSTRUÍDO

Toda mi experiencia de esos años fue descubrir que viendo no me limitaba a experimentar el hecho de observar, sino el hecho de sentir, de comprender y de recibir información fehaciente y definida sobre lo observado.

En primer lugar, si es posible establecer un momento de mi vida que fuese trascendental en estos actos, fue en 1983. 

Pero antes voy a poner el precedente de esta situación, porque lo hubo. En primer lugar, yo era un adolescente de 15 años que tenía una vida normal, propia de un adolescente, iba al instituto técnico, los fines de semana iba a bailar, me encantaba bailar, acudiendo a guateques o a discotecas, en la sesión infantil entre las 18 y 22 horas, disfrutaba embargado por la música y el baile, no hacía mucho más, no salía con chicas, me sentía rechazado y me tenían por alguien que lo único que buscaba era, protagonismo, tratar de lucirse con el baile, pues, realmente me esforzaba, pero lo que ignoraban estas amistades es que, lo que hacía, lo hacía por el simple hecho de hacerlo, porque me llenaba de felicidad, perdía peso, pues siempre fui gordito y conseguí tener un cuerpo más estilizado con el ejercicio del baile, ya que nunca me gustó la práctica de deportes. Era por entonces 1978 y así continuó hasta 1980, donde hubo un cambio radical en mi manera de vivir, las discotecas y salas de baile, estaban llenas de humo del tabaco y yo sufría de los bronquios, bailando inspiraba y necesitaba más oxígeno, eso me agotaba sobremanera, pues me faltaba el aire, tenía que salir a la calle para tomar aire, salía completamente sudado y el enfriamiento me procuraba muy buenos catarros, tampoco me gustaba el alcohol, de hecho solía pedir algún cocktail de frutas como el San Francisco o Ginger Ale con algún zumo, a veces tomaba Martini con Giger Ale o Tónica, me dí cuenta que yo estaba de más en esos lugares y junto con mi hermana comencé a acudir a una academia de baile contemporáneo, por otro lado, comencé haciendo estiramientos y de ahí comencé a practicar el yoga (hatha), para comenzar a realizar algún tipo de meditación muy básicos. Nuevamente me encontraba feliz, pues estaba lejos de ese ambiente enfermizo, también cambié de amistades, afortunadamente, porque no me apreciaban lo más mínimo y con estos nuevos amigos que hice, comencé a disfrutar de la naturaleza, me iba a hacer senderismo por los montes de mi barrio, por lugares seguros.

Así fue, que con quienes me aficioné a ir al monte, ellos iban con un propósito: cazar, me explico, la caza con balines de pajaros, eso era algo que no me gustaba, siempre he apreciado a los animales y lo de la caza, es del todo innecesario en la sociedad actual, entonces, al no encontrar acompañante, finalmente decidí ir con dos amigos, era el otoño de 1980 y tenía 16 años, estuve todo el tiempo caminando, por los ríos, bajo los árboles de un bosque y en todo ese tiempo tuve unas deliciosas sensaciones, como íbamos en completo silencio para no espantar a los pájaros, hubo un momento en que no sentía necesidad de pensar ni dialogar conmigo mismo, simplemente me limité a disfrutar de lo que estaba sintiendo y sentí una especie de comunión con la naturaleza que jamás olvidaré, sentía frío y calor de manera simultánea y así fue como en este estado acrecentado de la conciencia, pude contemplar manchones de luz, brillos, líneas definidas, pero sobre la imagen visual, no de manera independiente, estaba viviendo una experiencia mística, me sentí profundamente enamorado del suelo que pisaba, de los árboles que veía, del agua que discurría por los arroyos, sentí un amor profundo por el cielo completamente despejado con un sol maravilloso, la brisa marina, esta situación me hizo sentir algo único que jamás había sentido antes, pasadas unas horas, nos apostamos tras una loma y el cazador (era uno ) con el rifle en mano estuvo pendiente a algún pájaro que estuviese revoloteando, pero ni siquiera disparó una sola vez, aquello no fue una salida de caza normal, pues no cazó nada ni disparó un tiro, yo estaba tan profundamente relajado que en esa loma me quedé profundamente dormido y soñé que yo era uno con los elementos de la montaña, del río, de los árboles, de las plantas, del cielo, del sol, sentía pertenecer a todo ese escenario y fui muy feliz.

MI HISTORIA PERSONAL EN SER INSTRUÍDO A TRAVÉS DEL ENSUEÑO:  LA TEORÍA DEL HISENKO

Al año siguiente, llegando el otoño, comencé a sentir las mismas sensaciones nada más irse el verano, las primeras lluvias despejaron el cielo y refrescaron el ambiente, la Reina Casiopea vigilaba desde el cielo el cambio de estación y mi afición por la astronomía iba por su segundo año, tenía 17 años, era 1981 y mi vida transcurría trabajando con mi padre por las mañanas a primera hora y si acababa pronto la faena, disponía de tiempo libre para acudir a la Casa de la Cultura, mi biblioteca favorita donde comencé a leer sobre temas de astronomía, mitología y de paso, prepararme mis estudios de bachillerato, a los que acudía solo para examinarme. Ese otoño, acuñé una palabra de un idioma que comencé a inventar desde niño, el idioma wénziko, para definir ese estado emocional y de conciencia que me embargó el otoño de 1980 y que estaba comenzando a volver a sentir en 1981, como un ciclo natural, lo denominé HISENKO /Xiséngko/ palabra que acuñé de origen chino a partir de Rénshēn (人蔘 ) -Ginseng- que significa «la planta del hombre», mi amor por las plantas era grandioso, mi abuelo Antonio Manuel y la mayoría de mis tíos eran jardineros y mi casa tenía un precioso jardín que aprendí a cuidar, cargo que tuve durante años, sentía comunicarme con las plantas, con los árboles, los bosques me fascinan, ciertamente don Juan tenía mucha razón, hay una entidad abstracta con conciencia y personalidad en cada una de las plantas o que es común a toda una comunidad, poco a poco fui descubriendo muchas más cosas, como que ese segundo hisenko (1981) tuve varias plantas que me instruyeron, me prometieron muchas cosas si las tomaba en forma de infusión, yo no les hice caso, pues a pesar de iniciarme en el conocimiento del arte de la herboristería, las plantas tienen potentes alcaloides que pueden envenenarte en un abrir y cerrar de ojos, ciertamente, eran seres inorgánicos asociados a las plantas.

Comencé a verlas, y aprendí mucho sobre su manera real de ser, comencé a sentir plantas favoritas, que eran amables conmigo y plantas que no soportaba, con las que me sentía literalmente amenazado y es que verlas me aportaba información personal entre esas plantas y yo, las plantas son entidades superiores de la conciencia en esta Tierra, son seres superiores al humano y a cualquier otro animal, son maestras de conocimiento y a través de los árboles sentía el afecto que nadie me daba, ese hisenko me aislé profundamente, dejé de tener vida social, sólamente estaba junto a mis padres y ellos interpretaron como una torpeza el giro que mi vida había dado, carente de amigos, sin salir a ninguna parte, ahorrando todo el dinero que ganaba, sin gastar, ajeno al consumismo y a los programas aburridos de la TV, solamente me gustaba caminar por el monte, lo hacía de día y de noche, la noche me daba el firmamento y además, veía durante la noche, pues estas visiones de luz, ráfagas, ondas, no me hacían temer, simplemente me limitaba a presenciar.

Conecté con el espíritu de las montañas, mi favorita es el Cerro de San Antón y el Cerro de San Juan, cercanas a mi barrio y de escasa altitud (500 m.) a las que solía subir al menos, una vez por semana.

Luego me marché a Madrid para estudiar en la universidad y trabajar a media jornada como botones de un banco, en Madrid quedé desconectado de la naturaleza, fue una saturación de humanidad la que recibí, volví a tener nuevamente vida social a mis 18 años de edad, era un hombre muy popular en el banco, los clientes me adoraban, pues siempre he sido muy atento y servicial, en la facultad, era colaborador, ayudaba a mis compañeros y enseguida comencé a aficionarme al teatro, al ballet, a la ópera y a acudir a los museos, pero cuando echaba de menos la naturaleza, me iba a los parques, mi favorito es El Retiro y también iba a pasar el día completo a la Casa de Campo, mi mejor compañero era un libro, unas galletas saladas, chocolatinas y una coca cola, pero pronto dejé de sentir la soledad, cuando algún compañero me acompañaba a pasar el día a estos lugares.

El hisenko de 1982 fue espectacular, en ese verano que pasé una semana acampando en la playa de Maro, junto con Éndika y Sergio, por primera vez algo sobre la energía del ser humano en ellos, estas visiones se repitieron al llegar el hisenko y se fueron completando hasta que comencé por realizar un mapa de patrones de las estructuras que iba conociendo y qué funciones tenía cada una, en ese instante, una voz interna me instruía a través de los sueños, mis sueños fueron muy lúcidos y extraños, de hecho, estuve entre 1980 y 1983 soñando con frecuencia que vivía en otro planeta, ese planeta se llamaba DOGOMKA, nombre que ha recibido este blog, estos sueños eran realmente desconcertantes, pues cuando me quedaba dormido en la realidad normal, me despertaba en este mundo, era otro ser, humanoide, pero más bien tirando para anfibio, aprendí un idioma extraño con ideogramas y era estudiante de antropología en una universidad, la ciudad se llamaba TUPACNKÁNI, que significa «ciudad del hombre», los estudios de antropología eran mucho más avanzados que los de aquí y se denominaba, TUPACNSÉNE (teoría del hombre), la antropología que estudié era a nivel galáctico, sobre diferentes especies inteligentes que viven distantes entre sí. La universidad donde estudiaba se llama WO TUPAC (universidad del hombre) y el edificio tenía una estructura similar a un dodecaedro irregular, acristalada con cristales que se hacían translúcidos, transparentes, tintados, según la necesidad de mantener una iluminación uniforme en su interior.

Sin embargo, en la Tierra yo fui estudiante de matemáticas, esta situación era fascinante, mi vida era realmente mágica en esos años. En 1982 conocí a Sergio, Éndika, Pepe, Pedro, Mané y ellos estaban más en sintonía con mi nuevo ser, por un lado, Éndika y Mané, que son primos hermanos, eran seguidores de Castaneda, Pedro era una persona muy espiritual y estaba muy fascinado por el hinduísmo, el yoga y la meditación. Estos tres que he mencionado no solían tener una vida uniforme, de hecho, los tres viajaban con gran frecuencia, vivieron unos meses en la India y otro tanto en Nepal, mi única comunicación era a través de cartas, sus aventuras no acabaron ahí, también estuvieron viviendo en diversos lugares de España, en la isla de Ons (Pontevedra) o Sanxenxo, en el Valle de Ansó (Navarra), en Altea (Alicante) o en la comarca del Penedès (Lérida), etc. realizaban trabajos temporales y vivían la vida en plena libertad, fuera de sus ámbitos familiares que no soportaban, desgraciadamente, yo no pude acompañarlos en sus aventuras, pues mi vida estaba milimetrada, primero, trabajando para mi padre, segundo, sacándome con gran esfuerzo mis estudios, haciendo oposiciones a banca, no era el dueño de mi destino y me hubiese gustado haberlo sido alguna vez. 

Y así transcurrieron 1983 y 1984, concluí mi diplomatura en Estadística e Investigación Operativa, quería continuar estudiando matemáticas y realizar astrofísica/astronomía, pero me falló lo fundamental: mi contrato laboral con el banco expiraba, no conseguí aprobar las oposiciones y tuve que regresar hasta Málaga.

CUANDO LA MUERTE ME SEPARÓ DEL HISENKO

Cuando pasó el verano, llegando septiembre, mi padre tuvo un accidente en el mar y falleció, me tuve que hacer cargo de la familia. Por un lado, mi padre me nombró su albacea testamentaria, comencé a realizar todo tipo de gestiones familiares, como cobrar a los deudores de mi padre, vender su equipación, liquidar para obtener dinero, pues en casa, yo tenía 20 años, mi madre siempre había sido ama de casa y detrás de mí habían 4 hermanos. Este tiempo fue especialmente difícil para mí, pues no había empleo por ningún lado, probé cosas que resultaron un fracaso, mi madre comenzó a vender ropa a domicilio, pero le dejaban deudas que nunca cobró. Yo puse una peluquería para mi hermana mayor, que tenía 18 años y su novio, ambos eran peluqueros profesionales y ese negocio funcionó, mi hermana se casó al año siguiente y ya había una boca menos que alimentar, por otro lado, tomé una cafetería para llevar, puse a mi madre y a mis dos hermanos varones a trabajar allí, la pequeña María aún estaba en la escuela, yo me asocié con otros tres amigos para formar un pub, la cosa parecía funcionar, pero mis hermanos se tomaron a broma el negocio y no quedó otra que cerrarlo, por otro lado, el pub presentaba muchas deudas y una mala administración, a uno se le incendió su casa y no pudo aportar su parte, otro se marchó porque no quería incrementar su aportación, finalmente, el negocio quedó en manos de un socio y yo, pero me llamaron a filas y finalmente le vendí mi parte, perdiendo una considerable cantidad de dinero invertido, mi madre, cuando me marché al ejército, comenzó a trabajar de cocinera en un bar, mis hermanos dejaron los estudios y en ese tiempo, no hicieron nada realmente útil, pues tenían entre 17 y 15 años, la pequeña tenía apenas 9 años de edad, mi casa se vino abajo por completo durante mi ausencia.

La tristeza se apoderó de mi alma y sufrí una profunda depresión que me duró practicamente tres años, entre 1984 y 1986, el hisenko desapareció, Dogomka, también. No tuve visiones ni visualizaciones ni hacía yoga ni nada, tuve como válvula de escape, la lectura antenta de la Biblia, algo que ya viví durante un tiempo entre 1980 y 1981, cuando busqué la compañía de un amigo mío, que era Testigo de Jehová y con quien compartí momentos muy hermosos.

Volví mis ojos al cristianismo católico, a través de unos compañeros y amigos del cuartel, pues visitaba la capilla militar a diario para pedirle a Dios por mi familia, buscando amparo en mi desesperación e impotencia, pues no podía ayudarles y cada vez que iba de permiso, encontraba problemas y bastante graves. El cura capellán era un hombre joven algo mayor que yo, él tendría 27 años y me apoyó muchísimo, pronto, comencé a acudir diariamente a la misa de las 7 de la tarde junto con estos amigos, me sentí reconfortado. Una vez invité al cura a venir a mi casa en un permiso, pues él vivía en Valencia y no le traía cuenta ir de fin de semana desde Córdoba, así que decidió distraerse un poco, pero no lo hizo conmigo, aprovechó para quitarse el clérigo y comportarse como el común de los mortales, mi madre supo que era sacerdote y le pidió confesión en la cocina de mi casa y eso que él me pidió que no dijera nada sobre él, pero se me escapó inocentemente. Era sábado y decidí llevarlo al New Pulsation, un pub de moda, propiedad de unos amigos míos, pero en un descuido, me dió esquinazo y ya no lo volví a ver, al parecer estuvo con una mujer, eso me decepcionó muchísimo pues anduve preocupado la noche del sábado y el domingo siguiente, pues pensé que algo le había sucedido y cuando el lunes acudí a la capilla para hablar con él, pues se regresó por su cuenta al cuartel, me dijo tan frescamente que había conocido una mujer preciosa y yo le dije: «Pero debes de ser célibe según tus votos, no lo comprendo» y él me contestó que «el hecho de contemplar y tratar con una mujer, para él era como contemplar la belleza de las obras de arte y que  nunca hubo ánimo de transgredir ninguna norma». Yo era y creo que aún soy, una persona muy normativa, respetuosa con las leyes y obediente, eso me decepcionó en esos días, algo que hoy, afortunadamente está superado, lo cierto es, que tomé la decisión de apartarme definitivamente de la iglesia, aunque a lo largo de mi vida he vivido experiencias de acercamiento hacia la religión.

El hisenko dejó de visitarme en esos años, muchas cosas en mi vida se trastocaron, ya no hubo más ensoñaciones, Dogomka dejó de formar parte de mi vida y mi formación quedó suspendida, al menos en el ámbito del ver y del ensoñar, que tras 35 años transcurridos, consideron que fueron las únicas cosas por las que ha valido la pena vivir.

Aunque no he usado ni plantas de poder ni he experimentado en el mundo de las drogas, si es cierto que, el hecho de enfermar de depresión me hizo consumir los medicamentos necesarios para poder continuar viviendo y posiblemente, este consumo me pudo haber impulsado nuevas experiencias de videncia.

Tras el conocimiento y la descripción del campo energético propio, para distinguirlo del impropio, dos facetas de una realidad abstracta, donde encontré profundas diferencias entre estructuras energéticas en el ámbito de la conciencia humana, en el ámbito de otras conciencias no humanas e incluso en el ámbito de la conciencia inorgánica, volví a reconectar con todo ello gracias a la meditación.

PARAR EL MUNDO PARA VIVIR EL SILENCIO

Durante 5 años, entre 1990 y 1995, medité diariamente por espacio de tres horas diarias, me inicié en las enseñanzas hiduístas de los Sikh, bajo la tutela del maestro personal Sant Takar Singh, que Pedro me trajo a mi vida, fui iniciado, tanto yo, como mi esposa, nos convertimos al veganismo y la meditación fue la base de nuestras vidas.

Nuevamente, el hecho de meditar, me ayudó a disciplinar ese diálogo interno, esa conversación infinita que todos tenemos en la mente, donde tratamos de razonar, de tomar decisiones, de aprender sobre una experiencia, de categorizar, en un caos que crea más y más discurso, ese diálogo impide que uno crezca en lo espiritual y la meditación consiste en contemplar internamente y acechar cada vez que surge una idea, un concepto, una polémica, un diálogo interior, acabar con él y no dejarlo crecer, es como cuando uno cuida un jardín y este se comienza a llenar de hierbas, la eterna limpieza, quitar las hojas secas, regarlo, abonarlo, mantenerlo y sobre todo, aportar todo nuestro cariño.

La meditación practicada (que no tiene nada que ver con Takar Singh) es a través de la respiración, frente a una vela, inspiraba y visualizaba que ese aire que entra en mi interior, no sólo se queda en los pulmones, sino que veía como se distribuía por todo mi ser, mi ser completo, recorría órganos para pasar a recorrer los centros de poder que todos tenemos, los siete chakras, desde arriba hasta abajo, la inspiración al principio duraba 3 segundos y fui prolongándola todo lo más que pude, mientras visualizaba su efecto beneficioso sobre mi yo total (tanto cuerpo como estructura energética propia).

La expiración que practicaba siempre tenía mayor ventaja, pues podía prolongarla por mucho más tiempo que las inspiraciones, comencé con 6 segundos, y con la práctica diaria y continuada, aumentó mucho más.

                                    MIS ÁRBOLES INSTRUCTORES


Esta técnica de respiración visualizada la aprendí de unos árboles que me instruyeron en ello durante los hisenkos de 1992 al 1994, estos árboles eran de diversa especie y no estaban juntos en un mismo lugar, uno fue un almendro que se encontraba en un monte cercano a mi casa, en ese montículo, había una roca con forma de sofá donde me podía tender, extendía una manta una vez barría el sitio y en sobre la roca, me sentía profundamente cómodo, el almendro me daba la sombra, el montículo no estaba en una zona de paso y durante muchos años que fui hasta allí para meditar en esta técnica, nunca vi a nadie por el lugar. Al Almendro lo llamé «el árbol del olvido» en referencia a una canción de Victor Jara. Efectivamente, me ayudaba a olvidar, me ayudaba a parar el diálogo interno, en ocasiones, tras la meditación comencé de nuevo a ver y mi amistad con el almendro la sentí como verdadera, fue mi instructor, pero él no utilizaba el lenguaje sino que me aportaba los hechos, aprendí a apartar el lenguaje de mis pensamientos, el almendro no era de nadie, era de sí mismo, nació y creció solo en ese paraje sin la mano del hombre, enraizó entre las rocas y la brisa del mar lo nutrió, comencé a conocer las estructuras internas tanto del almendro como de la roca donde me tumbaba, en 1993 nació mi primer hijo, Alejandro, y siendo muy bebé, lo llevaba conmigo a ese lugar, para que él descansara conmigo, Alejandro encontraba una calma que le hacía dormir profundamente, así transcurrieron muchos años, en 1997 nació mi hija, Angie, los tres seguíamos visitando al árbol, así fue mientras vivía por allí cerca, hasta el año 2004 en que ya dejé de visitarlo, pues vivía lejos, en un pueblo distante al otro lado de la ciudad, me había divorciado y vivía con una nueva pareja, en su hogar.

     El árbol del olvido me ayudó a olvidar y me enseñó la técnica para PARAR EL MUNDO, PARAR EL DIÁLOGO INTERNO y volver a ver tras varios años sin poder hacerlo.

       Hubo otros árboles significativos, concretamente tres pinos que solía frecuentar en el Monte de San Antón, le hablé a mi amigo Pedro y a Éndika sobre mis experiencias bajo esos tres pinos y ellos fueron hasta allí, consumieron LSD y tuvieron una magnífica experiencia, pues visualizaron cómo la savia de los árboles ascendía y descendía por su interior, también vieron seres que en nuestra realidad no existen y conocieron el estado de comunión que yo sentí a través del viento del hisenko, ese viento de otoño que arrastra con sus lluvias el espeso calor del verano poniéndole fin.

         Un coro de árboles de eucaliptos había en un barrio colindante al mío, mi hermanita pequeña, María del Mar estaba enferma de sarampión y cada mañana la llevaba hasta allí, pues yo fuí su cuidador durante sus primeros años, me dijeron que respirar eucalipto alivia los síntomas del sarampión y así, durante más de un mes, estuve llevando a mi hermanita cada día a ese lugar, estos eucaliptos me instruyeron en el arte de respirar y parar el mundo, con ellos, aprendí a conocer mejor la estructura energética humana, visualizando a mi hermana y detectar posibles disfunciones, me enseñaron a corregir ese campo de energía en casos muy concretos y definidos, me iniciaron en el arte del curanderismo energético y de la terapia energética.

           Hubo otros muchos árboles instructores en mi vida: el quejigo, el alcornoque, los álamos, gingko biloba, ciruelo bravío, castaños, algarrobos... y a día de hoy, en los parques que visito y donde paso algún tiempo, siempre encuentro una amistad con algún árbol, ellos me aceptan a su lado, me ofrecen sus flores, me dan sus frutos.

                Cada especie me ha otorgado el beneficio de un aprendizaje sobre la energía, cómo utilizarla y encontrar aplicaciones prácticas para la salud propia y ajena.

                                         PERROS A LOS QUE AMÉ

            Era 2007 y mi pareja heredó una casa en el campo, allí nos fuimos a vivir unos meses, tenía por costumbre tener abierta la cancela del porche, pues así no tendría que acudir a abrirla cuando Paco regresaba a la casa para meter el coche dentro de la propiedad.

               El cortijo de sus padres, fallecidos recientemente, estaba en mal estado y ambos comenzamos a darle un arreglo con la finalidad de alquilarlo y aprovechando que no estaba trabajando en ese tiempo, el trabajo físico fue terapeutico, al punto de recuperarme y volver de nuevo a mi vida habitual en la ciudad. En este tiempo, aparecieron cuatro perros en mi vida, antes del amanecer, me levantaba para tomar mi desayuno bajo unas palmeras y meditar en el silencio, lo que era una brisa imperceptible, se convertía en un rugido huracanado al entrar en estado de meditación profundo. Los animales, tanto domésticos como alguno salvaje, solían entrar al porche, pues yo tenía dispuesto unos cubos con agua y algo de comida, entraban gatos, perros, liebres, erizos, ardillas... y en mi quietud, me maravillaba contemplándolos tanto con mis ojos, como con mis fibras de la voluntad, como entes energéticos maravillosos.


EL GOLDEN RETRIEVER MARRÓN OSCURO

          Una de esas mañanas, entró un perro grande, lanudo, era un golden retriever de color marrón oscuro, casi chocolate, comió unos restos de pollo que sobraron de la cena, bebió muchísima agua, que siempre estaba cristalina y que yo sacaba del pozo cada mañana y mientras lo veía, era una preciosa onda de luz dorada que oscilaba armoniosamente, supe que me observaba con detenimiento, pues del capullo salieron varios haces de fibras ondulatorias de un blanco brillante que comenzaron a tocar mi estructura energética, en ese contacto, noté como una ráfaga de amor y agradecimiento, de adhesión, de reencuentro y el animal, en vez de marcharse como hacían los otros, despacio y sigilosamente comenzó a acercarse a mi lado, comenzó a olisquearme y yo estaba completamente quieto y traspuesto, prácticamente indefenso, rompí mi estado y regresé a la primera atención cuando noté mis manos húmedas mientras el perro me las lamía. No me moví, no sabía que reacción iba a tener, el perro era imponente, pero no sentí miedo de él, al rato, se tendió sobre la hierba, a mi lado y aproveché que se quedó dormido, para ir a lavarme las manos y regresar de nuevo a mi sillón, tomé la tetera y me serví un vaso, en ese silencio absoluto había una comunicación amorosa entre nosotros y el perro se relajó tanto que ni siquiera hizo por despertarse, pues soy muy sigiloso.

                Pasaron los días y el perro no se marchaba, a la noche, lo hice pasar a la casa y le acomodé un lugar en un lavadero, era verano y el perro se bañaba en ese lavadero, pues había una alberca en esa habitación siempre llena de agua limpia, pues circulaba nueva agua procedente del pozo y estaba impoluta, a la mañana siguiente, encontré al perro completamente mojado y aproveché para llevarlo a una solana donde le improvisé una cama con heno, el perro se secó allí, mientras yo estaba a su lado, sentado con un sillón de ratán que tenía en ese lugar. 

                    Esa misma tarde le propuse a Paco ir a la cafetería de la carretera, el único punto de encuentro entre los vecinos del lugar y allí puse un anuncio en español e inglés, pues muchos vecinos son de nacionalidad británica, inserté una fotografía del perro.

            Me encontré con mis vecinas amigas mías y estuvimos pasando un rato muy agradable, el perro nos acompañaba, pero nadie lo conocía ni sabía de dónde había salido, a los seis días de estancia del perro, una mañana apareció una mujer por el cortijo, era una señora inglesa mayor y el perro saltó con gran alegría en busca de su dueña, a la que invité a tomar té conmigo mientras charlábamos y el perro estaba dándome cariños a mí y a esta señora, ella se llamaba Suzanne, tendría más de 60 y me agradeció desde lo más profundo de su corazón los cuidados y la protección que le había dado a su perro, pues al parecer, llevaba más de un mes perdido, el perro vivía en Fuengirola y yo vivía en Cártama, eso está a gran distancia, casi 40 kilómetros y no supo regresar, pues atravesó las montañas en una excursión que esta señora hizo, el perro se extravió y tomó el camino contrario, en vez de ir hacia el sur, fue hacia el norte, atravesando Alhaurín el Grande, Alhaurín de la Torre y llegando hasta Cártama.

                    Era miércoles y el sábado recibí una nueva visita de Suzanne y su perro, llamado Jack, el cual, cuando me vió, se lanzó sobre mí, lamiéndome las manos como era su costumbre y entremetiéndose entre mis piernas.

                   Suzanne me dijo que esos cuatro días, Jack lloraba y lloraba, sintió que me echaba de menos y decidió traérmelo, ambos conocíamos nuestras direcciones y nuestros teléfonos, yo le dije que no tenía obligaciones en esos días, salvo estar en la casa para pintar, arreglar el jardín o reparar algún mueble y que podría quedarse unos días, ella aceptó y me lo dejó hasta el martes de la siguiente semana, volvió a llevárselo y el jueves regresó de nuevo, me dijo que tenía pensamiento de marcharse a Inglaterra una temporada y que llevarse al perro con ella iba a ser traumático para los dos, me ofreció dinero y me dijo que si podía cuidar de él en su ausencia, yo acepté su dinero, me trajo el pienso y todas sus cosas. Al mes, desde Birmingham recibí una llamada de Charles, un amigo de Suzanne, diciéndome que había fallecido, pues estaba muy enferma del corazón y estuvo ingresada en un hospital de Stoke-on-trent para operarse, pero que no hubo éxito, lamenté profundamente la muerte de Suzanne y Charles me mandó una transferencia bancaria y la documentación de Jack. Hablé con Jack y él se sintió muy triste, pero al poco rato, movía su cola y se tendía.

             Jack no me espantaba a los animales, estos seguían entrando, algunos eran parroquianos habituales, como el gato Jim o el perro lanudo Yotta. Era la primera vez en toda mi vida que me quedaba al cargo de un perro, mis padres nunca quisieron animales domésticos y me acostumbré a vivir sin ellos.

                                                     PANTOJA Y EL PERRO COLORAO


                         Pantoja, una perra madura de la raza tekkel, pero no pura, venía a buscar a Jack cada mañana y cada tarde para mordisquearlo, jugar con él a las persecuciones y pasaban largo rato juntos. 

               Pantoja era la perra de mi vecina más cercana, una señora alemana llamada Kathrin, ella no hablaba nada de español y afortunadamente si sabía inglés y en ese idioma nos podíamos comunicar, cada mañana cuando Kathrin paseaba a Pantoja, ésta entraba en el porche para beber agua y jugar con Jack, Kathrin a veces me visitaba y otras entraba en su casa, ella era inquilina del hermano de Paco y entre ambos surgió una bonita amistad, al punto, que su hija Irene, que sí hablaba español y tenía un novio ganadero, también hicieron amistad conmigo, hice barbacoas, meriendas y mi vida social se reactivó con ellos. Noté que Pantoja estaba preñada cuando le acaricié su barriga y parió al mes siguiente cuatro perritos, en ese día estaban mis hijos pasando el fin de semana conmigo y disfrutaron mucho con los cachorros, estábamos todos juntos y preparé una hermosa paella, Paco se la perdió, pues estaba trabajando ese domingo.

                          Las semanas transcurrieron y finalmente ante el ofrecimiento, Alejandro eligió a uno de los cachorros, al perro colorao, como yo le llamé, pero su madre no quería perros en la casa, así que me lo quedé yo y los fines de semana, mis hijos estarían con el perrito.

                     En poco tiempo, me ví con tres perros viviendo, pues Pantoja sólo tenía al colorao para amamantar y cuidar y Kathrin solía pasar mucho tiempo fuera, pues trabajaba en una inmobiliaria de la costa (Costa del Sol), así que Pantoja pasaba la mayor parte del tiempo con su hijo y su nuevo novio gigante: Jack.

                     Esteban, el novio de Irene se vino a pasar las últimas semanas de aquel verano de 2007 y solía pasear a los perros, él se trajo un dálmata joven y el colorao siempre se quedaba conmigo en la casa. No sé realmente qué sucedió, pero a la tarde de un aciago día, Kathrin me pidió el favor de llevarla al veterinario del pueblo porque el dálmata estaba mal, cuando le hicieron una radiografía, las vísceras estaban entremezcladas entre sí y no hubo otra manera que realizar la eutanasia, no me enteré bien de lo sucedido, pensé que lo habían atropellado, pues cerca hay una carretera muy transitada, pero Kathrin guardó silencio cambiando continuamente de tema.

                     El perro se regresó a la casa y a los pocos días me enteré que Esteban e Irene se lo llevaron al monte para pasearlo y darle un último día feliz antes de sacrificarlo, afortunamente no me hicieron partícipe de este evento, pues yo estaba centrado en otras cosas, hasta que semanas más tarde, Kathrin, entre lágrimas, mientras tomábamos un vino en la terraza, me confesó que Esteban le había dado una violenta patada y esa fue la causa de su muerte, Esteban era un campesino sevillano muy rudo e incluso maleducado, yo le caía bien, y eso que me presenté ante él como homosexual y estuvo a punto de saltar sobre mí violentamente, pero acabó calmándose, pues lo paré con mi intento, él creía que era homófobo, pero eso era más por ideología que por gusto personal, cuando me trató y me conoció, hizo amistad conmigo y reíamos con frecuencia, pero a Paco nunca le cayó bien su presencia. Lo sucedido con el perro, me alejó sobremanera de él y dejé de tratarlo, él se marchó y ya no lo ví nunca más.

                    Irene y Esteban planearon casarse y llevarse con ellos a Kathrin a vivir a un pueblo de Sevilla, entonces, Kathrin me dejó a Pantoja unos días ofreciéndome quedármela, a lo que accedí.

                    En esos días, el colorao se lo llevó Alejandro y su madre lo aceptó, yo estaba planeando mi regreso a la ciudad y al trabajo, también le llevé a Pantoja, que a Angie le encantaba, pero finalmente no pudo ser y tuve que regresarla conmigo, no sabía que hacer con los perros, pues no quería traérmelos a un piso en el centro de la ciudad, donde apenas los vería, pues estaba casi todo el día trabajando.

                     Resolví ceder a Jack a una señora que conocía del barrio bajo, más allá de la carretera y ella al ver ese perro tan esplendoroso pensó que cuidaría de su cortijo, ella trabajaba como limpiadora, casualmente, en las oficinas donde yo trabajaba por entonces.

                           Cuando me encontré con Kathrin, le devolví a Pantoja y ella se la llevó a Sevilla, consigo, Kathrin aprovechó para solicitar la jubilación, así fue como me quedé nuevamente sin perros.

                           Al mes, en una jornada de tarde, estaba solo en la oficina, eran más de las ocho y me encontré a la nueva dueña de Jack en las escaleras, me dijo que Jack había muerto, que cruzó la carretera en dirección al cortijo de los padres de Paco y que un camión lo atropelló quedando hecho trizas, esto fue algo muy doloroso para mí y me produjo bastante tristeza, nunca podré olvidar a Jack y me sentí muy culpable por lo sucedido, pero yo quería darle una mejor vida, una vida donde estuviese correteando por un patio, paseando por el campo... no en la ciudad, encerrado en un piso de una cuarta planta, sin lugares cercanos para pasearlo, pero Jack no le gustó el cambio y prefirió entregar su vida intentando regresar a mi lado.

                                                                  VITA

En 2019 hice amistad con unas chicas, vecinas mías, ellas tienen una perrita, delgada, de trompa alargada, orejas cortas, pelo cortito, estilizada y de color amarillo, su nombre es Vita.

Durante el verano de 2019, solía irme a pasear con un vecino y su perro y la vecina con su perrita, así tendría un buen motivo para andar, hacer algo de ejercicio y conocer un poco más mi nuevo entorno, pues en 2018 me marché de mi ciudad y me vine a vivir a Sierra Nevada, a más de 100 km, ahora era una persona libre, contaba con una renta vitalicia y no estaba ya obligado a trabajar, estaba muy gordo y mi estado de salud, quebrado, así que un ejercicio saludable siempre me vendría bien para perder algo de peso, respirar un poco mejor y los días fueron transcurriendo en paz y armonía, mi amor por Vita y Turco fue realmente grande.

Las niñas tenían que trabajar y dejaban a Vita encerrada en el apartamento durante largas horas, entonces me ofrecí a cuidarla, al menos, tendríamos mutua compañía.

Vita estaba enfermiza, pues sufría de leishmaniosis y sufrió siendo una cachorra de un golpetazo por atropello, estaba profundamente neurótica, enjuta y nerviosa. A medida que pasaban los días, ella comenzó a sentirse muy feliz, por un lado, le arreglé un sitio en la terraza donde tomaba el sol de la mañana, también la sorprendía con manjares exquisitos, sin agobiarla, procuraba que ella se sintiera tranquila y relajada. 

En casa éramos tres hombres y Vita con cada uno de nosotros desarrolló una amistad diferente, lo que en un principio fue arisca y hasta incluso agresiva, luego, con el paso de los meses se convirtió en auténtica devoción, tanto, que las niñas comenzaron a sentirse incómodas, pues la perrita deliberadamente siempre venía hacia la puerta de mi casa, no iba hacia su casa y la situación terminó mal entre nosotros.

Desde entonces y desgraciadamente, ni Vita ni yo pudimos volver a pasear juntos ni a jugar ni a convivir, la perra nunca se ha olvidado de mí, han pasado 3 largos años.

Vita venía a mi casa siempre que podía, pero yo no podía abrirle la puerta a fin de evitar algún enfrentamiento con su dueña, tampoco podía saludarla por la calle, por este mismo motivo, y Vita lloraba y lo hacía con mucha frecuencia.

Una noche noté que Vita estaba en la puerta y no sé por qué, comencé a verla a través de la puerta, ella estaba delante, su energía era muy vibratoria, era un auténtico torbellino emocional, cuando me fui a acostar, sentí la presencia de Vita, ella llegó a mi habitación, se subió a mi cama y se acurrucó a mi lado, era como una onda de luz colorida, muy oscilante y vibratoria, que se deformaba y se componía de una manera muy embaucadora, era su naturaleza, era su presencia y yo me sentí nuevamente reconfortado por su compañía, ella, ensoñando, llegó hasta mí y se durmió dentro de su ensueño para desaparecer al poco rato.

                                        DESCRIPCIÓN TÉCNICA DEL ARTE DE VER

Ver no es mirar, es una percepción que surge a partir de un estado acrecentado de la conciencia, la segunda atención, el nagual de cada uno, para ver, es necesario meditar y parar el mundo, suspender el diálogo interno, entrar en el silencio absoluto y la contemplación.  

También se requiere una energía suplementaria, nuestro estado habitual tiene muy mala distribución energética.

Dentro del campo energético propio (CEP) con forma de capullo esférico o esferoidal, se encuentran una serie de estructuras compactas de energía (KS), las que primero se observan son una serie de bandas o anillos horizontales al cuerpo, hay cinco y están posicionados en la frente (HTY-1) , la garganta (HTY-2), el pecho (KS-1), el estómago (PS-1), el bajo vientre (PS-2). 

En lo que yo percibo sobre la estructura energética humana, hay algunas similitudes y muchas diferencias respecto a la imagen aquí insertada.

Es coincidente que los niveles energéticos representados con colores corresponden a la posición de los anillos y a su vez, están relacionados con los centros de poder o chakras, que son unos vórtices donde cada uno tiene un rango de frecuencias que aumenta de abajo hacia arriba.

2 = PS2 (Swadhistana)

3 = PS1   (Manipura)

4 = KS1 (Anahata)

5 = HTY3 (Vishudha)

6 = HTY2 (Ajña)

Los números 1 y 7 no tienen estructura de anillo sino que son cuencos, ambos son cóncavos hacia arriba. 

Entre medio de todo ello pasa la columna vertebral (médula espinal) un multihaz de fibras formando trenzados que generan dos corrientes, una ascendente y otra descendente y otra distribuyente. Es lo que denomino CC  (cuantificador central).

Pues bien, hay una serie de centros específicos desde donde parten una serie de fibras, algunas trenzadas, otras sueltas e independientes, principalmente en el centro de la voluntad (VS-0) que está situado en el ombligo, justo donde entraba toda nuestra nutrición cuando aún estábamos en el seno de nuestras madres.

El hecho de ver es desplegar estas fibras, donde cada una de ellas tiene una función muy específica, estas fibras se alargan de manera elástica y tocan los objetos a percibir, sea energía en forma de materia, energía vital de otros seres vivos, energía concienciativa de seres inorgánicos, energía telúrica procedente de la red energética planetaria y lo que don Juan denominaba «las emanaciones del águila» que son flujos ondulatorios de energía que transcurren por el espacio en el universo y que interaccionan con todas y cada una de las estructuras energéticas existentes en una realidad última y que se sitúa más allá de nuestros sentidos comunes, donde nosotros vemos un vacío, en realidad es un hervidero de energía y campos de energía, eso lo descubrieron los físicos teóricos hace varias décadas, Feynmann fue uno de ellos, que describió la formación de pares de materia-antimateria que surgían y se destruían mutuamente, surgiendo una y otra vez, las denominó «partículas virtuales», pues el sentido de la realidad es tan misterioso y caótico, que se puede decir, que surge la materia de la energía y que en realidad, todo es energía en una determinada modalidad, todo es una unificación que aún los físicos están trabajando en describir un mundo indescriptible y cuando se descubre algo, surgen más misterios.

El hecho de que algunos seres humanos podamos ver está evidenciando que no sabemos apenas nada de lo que realmente somos y del alcance que podemos tener, el hombre de hoy vive limitadísimo en un modelo de realidad que lo hace vivir toda su vida bajo un gran engaño, ya hablan los hinduistas sobre el mâyâ, esa realidad que se presenta ante nosotros que nos ciega y nos deja en la profunda ignorancia.


LA ENERGÍA UMBRAL PARA VER

En el párrafo anterior enuncié que la distribución de la energía en nuestro ser no es homogénea y que para poder ver es necesario disponer de una energía suplementaria, que generalmente no disponemos ni podemos acceder a ella.

Los recuerdos de las experiencias de la vida, quedan almacenados en diversos órganos, no necesariamente en el cerebro, en todo caso, hay redes neuronales que están definidas para conducirnos y recrearnos en un recuerdo o conducirnos a ciertos órganos que también tienen memoria, los hechos y eventos emocionales de la vida quedan marcados en varios lugares y el cerebro nos conduce a ellos, hay neuronas en todos los órganos del cuerpo y en consecuencia, hay una energía asociada a esa memoria que queda como cristalizada, yo los denomino TRAZAS.

Las trazas albergan una energía que queda ahí relegada y no participa del resto del sistema, queda aislada. En consecuencia, no tenemos acceso a esa energía salvo que disolvamos la traza de manera consciente.

Las trazas se originan como consecuencia de nuestra interacción emocional con otros seres humanos, es como en física se describe el principio de conservación de la cantidad de movimiento, en un choque elástico, la cantidad de movimiento (producto de la masa por su velocidad) de una bola al chocar con otra, cada una intercambia con la otra su estado de cantidad de movimiento, algo parecido sucede con las trazas, pues en la interacción, uno marca una traza en el otro y el otro marca una traza en uno, en consecuencia, esto aisla una parte de energía en cada ser que no es accesible sino que queda cristalizada, invariable, eso no es bueno pues como campo de energía, requiere la fluidez, pues no estamos aislados, de hecho, necesitamos la interacción para vivir.

EL DIARIO PERSONAL Y LA RECAPITULACIÓN

Si somos capaces de realizar un diario personal lo más completo posible de todos los acontecimientos vividos y que nos hayan marcado emocionalmente, la técnica de la RECAPITULACIÓN, tiene como finalidad, la disolución de las trazas, recaptando esa energía y alimentando nuestro sistema energético, siempre deficitario por causas externas, con ese pequeño exceso energético, tenemos la capacidad para entrar en un estado de conciencia diferente que nos permita ver .

Aunque parezca algo extremadamente complejo, en realidad, todo es empezar, podemos comenzar con que cada uno de esos hechos o recuerdos que vienen a nuestro diálogo interior y que generalmente vienen a atormentarnos, suelen ser malos momentos vividos o percibidos y registrados como malos, en ese momento, nos paramos y comenzamos a respirar profunda y lentamente, giramos la cabeza de izquierda a derecha y rememoramos con visualización y todo lujo de detalles, lo que sucedió en ese momento de nuestras vidas, giramos expirando la cabeza hacia la derecha y repetimos el proceso hasta que consigamos determinar exhaustivamente todo detalle, desde un calendario, el color de unas cortinas o la expresión en la cara de una persona, en ese momento, una vez que soltamos nuestra última inhalación, tratamos de parar el mundo, suspendemos el pensamiento y si observamos cosas o visualizamos, repetimos nuevamente el proceso hasta disolver completamente la traza.

MI ÚLTIMA EXPERIENCIA DE RECAPITULACIÓN: EL CASO DEL CAJERO DE MERCADONA

Ayer, precisamente tuve una experiencia de recapitulación que me sorprendió.

Estaba esperando una compra que realicé en Mercadona y vino uno hombre alto y delgado a traerme la compra, noté que el hombre me conocía, pero yo no sabía en absoluto quién era, de hecho, creía que era alguien nuevo, lo fugazmente, pues el pasillo estaba oscuro y con facilidad detecté que tenía trazas mías, una banda de un color específico en azul turquesa, que es marca de la casa (es mi color personal) en el anillo de la garganta, otro en el anillo del corazón y otro en el anillo de plexo solar, los tres estaban interralaccionados entre sí a través de un volumen empaquetado en forma de torbellino oscilante y rotatorio.

Al llegar a la puerta, noté su profundo cansancio y tristeza, eran más de las 7 de la tarde, tiene sentido, pero lo de la ¿tristeza?

Cuando terminé a atender la compra y la coloqué, me senté en mi sillón y comencé a recapitular sobre él, me centré en los mismos lugares donde él tenía mis trazas, porque hay una ley natural de reciprocidad, que yo tengo exactamente lo mismo que él y en el mismo lugar, comencé a verlas y en ese momento, moví mi cabeza de izquierda a derecha y visualicé a esta persona, de pronto apareció una escena, él estaba de cajero un día que yo estaba pasando por su terminal, lo observé, llevaba otro uniforme y leí en su tarjeta identificativa: JORGE, yo ni siquiera me acordaba de él y mucho menos de su nombre, la recapitulación me facilitó esa información. En otra fase, apareció justo el momento en que lo ví por última vez, fue en 2022, era sábado y recapitulando vi como miraba mi calendario de sobremesa, era septiembre 17, Jorge resulta ser una persona muy transparente, en sus gestos es posible conocer su estado de ánimo, lo cierto es que quedé muy sorprendido, pues él nos vió desde la caja cómo nos dirigíamos a pagar y se puso hasta contento, pero al ver, que delante mía se colocaron dos señoras con carros muy cargados por delante, desvié mi carro hacia otra caja y Jorge al verlo, se entristeció. Con la recapitulación, me di cuenta que era un asunto personal, Jorge no soporta trabajar como cajero, es tímido, la gente le asusta, él le agradaba tratar conmigo porque soy un hombre sencillo y de buen carácter, con sentido del humor y de alguna manera, pongo algo de paz en tanta agitación, además, como por costumbre suelo solicitar el envío a domicilio, eso le permite cerrar la caja y encargarse del envío, preparándolo, así podía salir de ese trance y hacer tareas entre bambalinas, sin tener que tratar con los clientes. En la última fase de la recapitulación, entendí que en realidad, Jorge no es feliz ni con su empleo y en general, con su vida, y mi compasión por él, me hizo sentir una profunda pena por él pues yo he vivido algo parecido, la recapitulación me dió más información, demasiada, pues descubrí que Jorge es padre de una hija de corta edad, está casado prácticamente por obligación y es homosexual, él nos admira, porque nos vé libres, somos una pareja de hombres casados y no nos causa ni vergüenza, ni temor, tampoco vamos destacando ni llamando la atención, simplemente, vivimos con el mismo derecho a vivir que tienen otros, esa es su pena, que él no puede cambiar su vida por la que su naturaleza pide y ahí quedé peor que como comencé, la recapitulación me ha ayudado a liberar a este hombre y a su vez, liberarme yo de él, por otro lado, en esa mutua liberación, Jorge ha recuperado una energía que necesita y yo también. A lo mejor, Jorge no dedica esa energía para ver, pero si para sentirse mejor o mejorar su estado de salud.

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