AUTOR DEL BLOG DE LA UNIVERSIDAD DE DOGOMKA

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El cielo me ha fascinado desde que tuve uso de razón. A los 13 años de edad realicé un trabajo sobre el Sistema Solar en la escuela y gané un premio, mi tía Paqui me obsequió con mi primer libro de astronomía, escrito por José Comás Solá, estudiando este libro, nació mi vocación por la astronomía. Cada noche salía al campo para identificar y conocer las estrellas, solía llevar conmigo unos binoculares y pasaba largas horas viendo el firmamento. Mi madre me regaló mi primer telescopio. Me formé como matemático y estudié complementos de astronomía posicional y astrofísica teórica, colaboré escribiendo artículos tanto en inglés como en español para tres revistas: «Sky and Telescope» (EE.UU.); «The Astronomer» (R.U.) y «Tribuna de Astronomía» (España) entre 1982 y 1988. Actualmente tengo 62 años y he realizado un posgrado sobre Historia de la Ciencia, su filosofía y lógica en la UNED y estoy prejubilado.

lunes, 5 de enero de 2026

[3] LAS CONSTELACIONES DEL CAN MAYOR Y CAN MENOR como nunca la has visto: SIRIO, la estrella más brillante del cielo.

 

Sirio (Alfa canis majoris)

Mitología, cultura y folclore

Grecia — La Estrella del Perro

En la mitología griega, Sirio estaba asociada con el perro de Orión, el cazador gigante colocado en el cielo por los dioses. Por eso recibió el nombre popular de «Estrella del perro». 

Los griegos antiguos llamaban a Sirio principalmente: Σείριος (Seírios) cuyo significado es “ardiente”, “abrasador” o “resplandeciente”. El nombre alude a su brillo intenso y, sobre todo, a su asociación con el calor extremo del verano. Ya que tras unos meses invisible, cuando antecede al Sol al amanecer y ello sucedía a finales de julio en esa época, es lo que se conoce como "orto helíaco". La fuerza de Sirio se une a la del Sol al punto de calentar la tierra hasta secarla.

Sin embargo, nosotros, los astrónomos aficionados del hemisferio norte, asociamos Sirio con el cielo invernal, es visible durante toda la noche a partir del mes de octubre y sale por el horizonte sureste cada vez más temprano, llegando a salir por la tarde, sobre las 18:30 horas (latitud 40º N - Madrid) durante las Candelarias, a principios de febrero de cada año.

Sirio se hace invisible a partir de finales de mayo y durante el mes de junio.

Como sobrenombre, los griegos denominaban a Sirio como: 

ὁ Κύων [Ho kíon] → El perro 

ὁ τοῦ Κυνός ἀστήρ [Ho tou kinós hastér] → La estrella del perro

Roma — La canícula 

Los romanos observaban que la aparición de Sirio en el cielo matutino coincidía con el periodo más caluroso del año, así, estos días fueron llamados “días de perros” posteriormente interpretado como «dias caniculares» o simplemente «la canícula» que se asociaban con calor extremo, sequías y enfermedades. Periodo del año más caluroso.

En latín, Sirio es denominada Sirius.

Antiguo Egipto — Sopdet/Sothis/Isis y las inundaciones del Nilo


Representación del antiguo Egipto del orto helíaco de Sirio, la vaca Hathor es portadora de la estrella, simbolizando la fertilidad de las tierras cercanas al río Nilo gracias al descenso de las aguas limosas que inundan las tierras bajas, fertilizándolas.

Para los egipcios antiguos, Sirio (llamada Sopdet o Sothis) tenía un significado cósmico y práctico: su ascenso helíaco —es decir, su aparición justo antes del amanecer tras el periodo de invisibilidad de finales de primavera— marcaba el inicio de las inundaciones anuales del río Nilo, esenciales para la agricultura egipcia, ya que el agua rica en limo, fertiliza los campos cercanos al río que son aprovechables para la agricultura.

Este evento estuvo tan ligado al ciclo agrícola que Sirio fue venerada como una manifestación de la diosa Isis y, por extensión, como un símbolo de fertilidad, renovación y vida

Tradiciones en otras culturas

  • Polinesios: Sirio fue utilizada como guía para la navegación en el Pacífico y como referencia de latitud; también formaba parte de una figura celeste que dividía el cielo. 

  • Māories y hawaianos: Significaba el inicio de estaciones (invierno o fiestas) y tenía nombres propios como Takurua o Kaʻulua

  • África (Dogón): La tribu Dogón de Mali mantiene mitos complejos sobre el sistema de Sirio (nombrándolo Po Tolo), incluyendo la existencia de dos estrellas compañeras y aportando datos coherentes sobre el sistema siríaco. Parte de este relato ha sido objeto de debate académico por su precisión sorprendente respecto a datos astronómicos conocidos únicamente por expertos o que aún no habían sido descubiertos. Cuando un antropólogo francés llamado Marcel Griaule contactó con los dogones por primera vez, ellos accedieron a relatarle sus mitos entre los que destacaba que Sirio (Po) tenía una estrella compañera (Tolo) y otra estrella más, en esa época (finales del siglo XIX) se desconocía la existencia de la compañera de Sirio que fue descubierta poco tiempo después, esto hizo conjeturar que los dogones tuvieron un contacto ancestral con extraterrestres procedentes de Sirio que les aportaron esta información, también conocían cosas como la existencia del anillo de Saturno, entre otras cosas. Sirio B gira en torno a Sirio A en 50 años, esto es lo que ellos denominan "sigui" y que celebran con unos bailes enmascarados. Guardando las máscaras tras cada celebración, se descubrió que los dogones al menos durante un milenio han celebrado esta festividad. Carl Sagan consideró que todo esto era una falacia y que hubo un contacto con occidentales que le contaron estas historias. No concibo imaginar que lleguen hasta el corazón de África unos expertos astrónomos y expliquen datos astrométricos de Sirio a una tribu africana cuyo posible interés en esa estrella o cualquier otra, sea dudoso.

  • El nombre de este blog: Universidad de Dogomka, procede de mi fascinación personal por estos mitos dogones que demuestran desde mi opinión, que hemos recibido visitas de extraterrestres en tiempos ancestrales y que los pueblos extraterrestres han ido ayudando y apoyando a los diversos pueblos de la Tierra desde tiempos remotos.

  • Tradiciones orientales: En chino tradicional, se le conoce como la estrella lobo celestial.

  • Islam: Sirio se menciona en el Corán como al-shi‘ra en la Surah An-Najm (53:49), destacando su importancia cultural antigua. El verso 49 de la sura An‑Najm (El Estrella), capítulo 53 del Corán, dice en su texto original árabe:

    وَأَنَّهُۥ هُوَ رَبُّ ٱلشِّعْرَىٰ     Wa annahu huwa rabbu ash‑shiʿrā

    La traducción más común al español es:  “Y que Él es el Señor de Sirio.” 

    En la exégesis tradicional (tafsir) se explica que este verso afirma la soberanía de Dios sobre una estrella que algunos pueblos, incluidos ciertos árabes paganos preislámicos, adoraban o a la que atribuían influencia en sus destinos. El propósito del pasaje es refutar la idea de que objetos celestes como estrellas puedan ser deidades o poseer poder independiente, subrayando que solo Dios es el Señor de todo, incluidas las estrellas. 

    Shiʿrā (الشِّعْرَىٰ) es la palabra árabe que es utilizada para designar a la estrella Sirio.


Legado cultural y simbólico

Sirio ha sido un faro tanto en el cielo como en la historia humana, inspirando calendarios, mitos y observancias religiosas en lugares tan distintos como Egipto, Grecia, Polinesia, África occidental y Asia.

Su innegable brillo y papel en las estaciones han hecho que muchos pueblos lo asociaran con vida, guía, vigilancia y poder, de ahí que en múltiples mitologías aparezca como perro guardián, marcando ciclos climáticos o como símbolo de renovación. 

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El orto helíaco de Sirio

A mediados de verano, Sirio aparece antes del amanecer tras varias semanas ausente del cielo, esto es conocido como orto helíaco de Sirio o "amanecer" de Sirio.

El orto helíaco de una estrella se produce cuando vuelve a ser visible por primera vez al amanecer tras unas semanas ausente en el cielo debido a su cercanía aparente al Sol. 

“Orto”: salida por el horizonte. “Helíaco”: relacionado con el Sol.

Es, por tanto, la primera salida visible de una estrella poco antes del amanecer, con el Sol aún por debajo del horizonte.

Para que ocurra un orto helíaco deben cumplirse: La estrella debe separarse lo suficiente del Sol (elongación solar adecuada). El cielo debe estar lo bastante oscuro (el Sol suele estar entre −6° y −10° bajo el horizonte) y depende de la latitud del observador, la época histórica (por la precesión de los equinoccios) y el brillo de la estrella (Sirio, al ser muy brillante, es especialmente favorable).

En el Antiguo Egipto, el orto helíaco de Sirio se producía aproximadamente a mediados de julio (en torno al 19–21 de julio hacia el 3000 a. C., en latitudes del delta del Nilo) que coincidía con el inicio de las crecidas del río. Marcaba el Año Nuevo egipcio y tenía un enorme valor religioso y agrícola.

Hoy en día: En latitudes similares (≈30° N), el orto helíaco de Sirio ocurre a finales de julio o principios de agosto, variando según el lugar y las condiciones atmosféricas.

Orto helíaco de Sirio en 2025 para España (≈ 37° N)

Aproximadamente entre el 4 y el 6 de agosto de 2025 es cuando Sirio vuelve a ser visible justo antes del amanecer, tras haber estado cerca del Sol y no ser observable. 

La órbita terrestre y la inclinación del eje hacen que las estrellas se eleven en diferentes momentos según la latitud. Por eso:

Más al sur (~20 – 30° N) Sirio aparece antes (finales de julio – inicio de agosto)

Más al norte (~40 – 45° N) aparece más tarde (mediados de agosto) 

Datos astronómicos y astrofísicos

Ubicación y visibilidad

Sirio (también llamada α Canis Majoris, “la primera estrella del Gran Perro”) es la estrella más brillante del cielo nocturno vista desde la Tierra. Está situada en la constelación Canis Major (Can Mayor), el perro que acompaña al cazador Orión en el firmamento. Pero esto no significa que Sirio sea la estrella más brillante del universo ni la estrella más brillante de la galaxia, es algo relativo a la cercanía, pues Sirio es nuestra vecina situada a algo más de 8 años-luz de nosotros y es una estrella algo más grande que el Sol, que brilla 25 veces más que él. La magnitud absoluta (Mᵥ): es de +1,42, así alumbraría Sirio desde 32,6 años-luz (1 parsec) y a medida que se aleja, su magnitud aumentaría siendo una estrella más de tantas. Sin embargo si observamos una estrella como Deneb, su magnitud absoluta viene a ser de -8,3 lo que hace que la veamos tan brillante a la gran distancia que nos separa de ella, que son 2.616 años-luz y es por ello que la vemos como una estrella de primera categoría, comparándola con Sirio, es una luminaria espectacular, por ello, Sirio no es la estrella más brillante, intrínsecamente, sino que dada su posición y luminosidad, desde la Tierra, es la estrella más brillante, aparentemente, de todo el firmamento.

  • Magnitud aparente: −1.46 (la más brillante del cielo nocturno, en apariencia). 

  • Distancia: ~8.6 años-luz del Sistema Solar, lo que la convierte en uno de nuestros vecinos estelares más cercanos. 

  • Constelación: Canis Major (Can Mayor). 


 Más datos sobre Sirio

  • Brillo intrínseco vs. proximidad: Sirio es extremadamente visible no solo por estar relativamente cerca, sino también por su gran luminosidad. 

  • Evolución estelar: Sirio B evolucionó de una estrella similar al Sol que agotó su combustible y se convirtió en enana blanca; Sirio A aún continúa fusionando hidrógeno en su núcleo. 

  • Importancia en la calibración astronómica: La constelación y Sirio en particular se utilizan como referencias de calibración para telescopios modernos en infrarrojo y óptico. 

  • Importancia en la navegación: Históricamente, Sirio ha ayudado a calcular la latitud de los barcos, es una estrella náutica.


Sistema estelar: binario

Vista de Sirio A y a su izquierda Sirio B

Sirio no es una estrella solitaria, sino un sistema binario (dos estrellas orbitándose mutuamente):

Sirio A  (la estrella principal, la visible a simple vista)

Estrella blanca-azulada de secuencia principal de tipo espectral A1V. 

Luminosidad: ~25 veces la del Sol. 

Temperatura superficial: ~9 940 K. 

Radio: ~1,7 veces el del Sol. 

Edad: ~230–250 millones de años. 

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Sirio B (estrella observable con telescopios potentes)

Sirio B en comparación con la Tierra

Enana blanca, remanente estelar muy denso y pequeño. 

Masa: aproximadamente igual a la del Sol, pero con un tamaño similar al de la Tierra, de ahí su extremada densidad. Una cucharita de café de esa materia pesa tanto como un super petrolero.

Luminosidad: ~10 000 veces menor que Sirio A. 


Temperatura superficial: extremadamente alta según espectroscopía (~25 000 K), aunque su pequeño tamaño la hace muy tenue. 

Órbita del sistema: Período orbital de ~50 años y una separación media comparable a la distancia entre el Sol y Urano (~20 UA). 

Características geométricas de la órbita Sirio A / Sirio B

La órbita es elíptica, con una excentricidad elevada. e=0,592±0,005

e = excentricidad de la órbita, que mide qué tan elíptica es una órbita:

e = 0 → órbita circular

𝑒 1 → órbita elíptica

e = 1 → órbita parabólica 

e > 1 → órbita hiperbólica (inestable, la tendencia natural es que el satélite escape de la influencia de la estrella más masiva)

En este caso: 0,592 → órbita bastante elongada, no circular. Sirio B se acerca mucho a Sirio A en el periastro y se aleja mucho en el apoastro.

Periastro (mínima separación): ~ 8,1 UA (~1.21 × 10⁹ km) 

(casi la distancia Sol-Saturno)

Apoastro (máxima separación): ~ 31,5 UA (~4.71 × 10⁹ km) 

(a mayor distancia que Sol-Neptuno).

Estudios recientes mediante el Telescopio Espacial Hubble y observaciones terrestres han refinado las masas y órbitas con gran precisión y han descartado cuerpos mayores a ~15-25 masas de Júpiter en órbita alrededor de cualquiera de las componentes. 






domingo, 4 de enero de 2026

[2] CASTANEDA: VIAJE A ITXLAN. BORRAR LA HISTORIA PERSONAL

 


Jueves 22 de diciembre de 1960

Don Juan estaba sentado en el suelo, junto a la puerta de su casa, con la espalda contra la pared. Volteó un cajón de madera para leche y me pidió tomar asiento y ponerme cómodo. Le ofrecí unos cigarrillos. Había llevado un paquete. Dijo que no fumaba, pero aceptó el regalo. 

Hablamos sobre el frío de las noches del desierto y otros temas ordinarios de conversación. Le pregunté si no interfería yo con su rutina normal. Me miró como frunciendo el entrecejo y repuso que no tenía rutinas, y que yo podía estarme con él toda la tarde si así lo deseaba.

Yo había preparado algunas cartas de genealogía y parentesco que deseaba llenar con ayuda suya. También había compilado, a través de la literatura etnográfica, una larga serie de rasgos culturales pertenecientes, se decía, a los indígenas de la zona. Quería revisar con él la lista y marcar todos los elementos que le fuesen familiares.

Empecé con las cartas de parentesco.

-¿Cómo llamaba usted a su padre? -pregunté.

-Lo llamaba papá -dijo él con rostro muy serio.

Me sentí algo molesto, pero procedí sobre la suposición de que no había comprendido.

Le mostré la carta y expliqué: un espacio era para el padre y otro para la madre. Di como ejemplo las distintas palabras usadas para padre y madre en inglés y en español.

Pensé que tal vez habría debido empezar por la madre.

-¿Cómo llamaba usted a su madre? -pregunté.

-La llamaba mamá -repuso con tono ingenuo.

-Quiero decir, ¿qué otras palabras usaba usted para llamar a su padre y a su madre? ¿Cómo los llamaba usted? -dije, tratando de ser paciente y cortés.

Se rascó la cabeza y me miró con una expresión estúpida.

-¡Caray! -dijo-. Me la pusiste difícil. Déjame pensar.

Tras un momento de titubeo, pareció recordar algo y yo me dispuse a escribir.

-Bueno -dijo, como inmerso en serios pensamientos-, ¿de qué otra forma los llamaba? ¡oye, oye, papá! ¡Oye, oye, mamá!

Reí contra mi voluntad. Su expresión era verdaderamente cómica y en ese momento no supe si era un viejo absurdo que me jugaba bromas, o si en verdad era un simplón. Usando cuanta paciencia había en mi, le expliqué que éstas eran preguntas muy serias, y que para mi trabajo tenía gran importancia rellenar los formularios. Traté de hacerle comprender la idea de una genealogía e historia personal.

-¿Cuáles eran los nombres de su padre y su madre? -pregunté.

Él me miró con ojos claros y amables.

-No pierdas tu tiempo con esa mierda -dijo suavemente, pero con fuerza insospechada.

No supe qué decir; parecía que alguien más hubiese pronunciado esas palabras. Un momento antes, don Juan había sido un indio estúpido y destanteado rascándose la cabeza y de buenas a primeras había cambiado los papeles. Yo era el estúpido y él me contemplaba con una mirada indescriptible que no era de arrogancia, ni de desafío, ni de odio, ni de desprecio. Sus ojos eran claros y bondadosos y penetrantes.

-No tengo ninguna historia personal -dijo tras una larga pausa-. Un día descubrí que la historia personal ya no me era necesaria y la dejé, igual que la bebida.

Yo no acababa de entender el sentido de sus palabras. Le recordé que él mismo me había asegurado que estaba bien hacerle preguntas. Reiteró que eso no lo molestaba en absoluto.

-Ya no tengo historia personal -dijo, y me miró con agudeza-. La dejé un día, cuando sentí que ya no era necesaria.

Me le quedé viendo, tratando de detectar los significados ocultos de sus palabras.

-¿Cómo puede uno dejar su historia personal? -pregunté en tono de discusión.

-Primero hay que tener el deseo de dejarla -dijo-. Y luego tiene uno que cortársela armoniosamente, poco a poco.

-¿Por qué iba uno a tener tal deseo? -exclamé.

Yo tenía un apego terriblemente fuerte a mi historia personal. Mis raíces familiares eran hondas. Sentía, con toda honradez, que sin ellas mi vida no tendría continuidad ni propósito.

-Quizá debería usted decirme a qué se refiere con lo de dejar la historia personal -dije.

-A acabar con ella, a eso me refiero -respondió cortante.

Insistí en que sin duda yo no entendía el planteamiento.

-Usted, por ejemplo -dije-. Usted es un yaqui. No puede cambiar eso.

-¿Lo soy? -preguntó sonriendo-. ¿Cómo lo sabes?

-¡Cierto! -dije-. No puedo saberlo con certeza, en este punto, pero usted lo sabe y eso es lo que cuenta. Eso es lo que hace que sea historia personal.

Sentí haber remachado un clavo bien puesto.

-El hecho de que yo sepa si soy yaqui o no, no hace que eso sea historia personal -replicó él-. Sólo se vuelve historia personal cuando alguien más lo sabe. Y te aseguro que nadie lo sabrá nunca.

Yo había anotado torpemente sus palabras. Dejé de escribir y lo miré. No podía hallarle el modo. Repasé mentalmente las impresiones que de él tenía: la forma misteriosa e insólita en que me miró durante nuestro primer encuentro, el encanto con que había afirmado recibir corroboraciones de todo cuanto lo rodeaba, su molesto humorismo y su viveza, su expresión de auténtica estupidez cuando le pregunté por su padre y su madre, y luego la insospechada fuerza de sus aseveraciones, que me había partido en dos.

-No sabes quién soy, ¿verdad? -dijo como si leyera mis pensamientos-. jamás sabrás quién soy ni qué soy, porque no tengo historia personal.

Me preguntó si tenía padre. Le dije que sí. Afirmó que mi padre era un ejemplo de lo que él tenía en mente. Me instó a recordar lo que mi padre pensaba de mí.

-Tu padre conoce todo lo tuyo -dijo-. Así pues, te tiene resuelto por completo. Sabe quién eres y qué haces, y no hay poder sobre la tierra que lo haga cambiar de parecer acerca de ti.

Don Juan dijo que todos cuantos me conocían tenían una idea sobre mí, y que yo alimentaba esa idea con todo cuanto hacía.

-¿No ves? -preguntó con dramatismo-. Debes renovar tu historia personal contando a tus padres, o a tus parientes y tus amigos todo cuanto haces. En cambio, si no tienes historia personal, no se necesitan explicaciones; nadie se enoja ni se desilusiona con tus actos. Y sobre todo, nadie te amarra con sus pensamientos.

De pronto, la idea se aclaró en mi mente. Yo casi la había sabido, pero nunca la examiné. El carecer de historia personal era en verdad un concepto atrayente, al menos en el nivel intelectual; sin embargo, me daba un sentimiento de soledad ominoso y desagradable. Quise discutir con él mis sentimientos, pero me frené; algo había de tremenda incongruencia en la situación inmediata. Me sentí ridículo por intentar meterme en una discusión filosófica con un indio viejo que obviamente no tenía el "refinamiento" de un estudiante universitario. De algún modo, don Juan me había apartado de mi intención original de interrogarlo sobre su genealogía.

-No sé cómo terminamos hablando de esto cuando yo nada más quería unos nombres para mis cartas -dije, tratando de reencauzar la conversación hacia el tema que yo deseaba.

-Es muy sencillo -dijo él-. Terminamos hablando de ello porque yo dije que hacer preguntas sobre el pasado de uno es un montón de mierda. Su tono era firme. Sentí que no había forma de moverlo, así que cambié mis tácticas.

-Esta idea de no tener historia personal ¿es algo que hacen los yaquis? -pregunté.

-Es algo que hago yo.

-¿Dónde lo aprendió usted?

-Lo aprendí en el curso de mi vida.

-¿Se lo enseñó su padre?

-No. Digamos que lo aprendí solo, y ahora voy a darte el secreto, para que no te vayas hoy con las manos vacías.

Bajó la voz hasta un susurro dramático. Reí de su histrionismo. Había que admitir su excelencia en ese renglón. Por mi mente cruzó la idea de que me hallaba ante un actor nato.

-Escríbelo -dijo con arrogante condescendencia-. ¿Por qué no? Parece que así estás más a gusto.

Lo miré y mis ojos deben haber delatado mi confusión. Él se dio palmadas en los muslos y rió con gran deleite.

-Vale más borrar toda historia personal -dijo despacio, como dando tiempo a mi torpeza de anotar sus palabras- porque eso nos libera de la carga de los pensamientos ajenos.

No pude creer que en verdad estuviera diciendo eso. Tuve un momento de gran confusión. Él, sin duda, leyó en mi rostro mi propia agitación interna y la utilizó de inmediato.

-Aquí estás tú, por ejemplo -prosiguió-. En estos momentos no sabes si vas o vienes. Y eso es porque yo he borrado mi historia personal. Poco a poco, he creado una niebla alrededor de mí y de mi vida. Y ahora, nadie sabe de cierto quién soy ni qué hago.

-Pero usted mismo sabe quién es, ¿no? -intercalé.

-Por supuesto que... no -exclamó y rodó por el suelo, riendo de mi expresión sorprendida.

Había hecho una pausa lo bastante larga para hacerme creer que iba a decir que sí sabía, como yo anticipaba. El subterfugio me resultó muy amenazante. En verdad me dio miedo.

-Ése es el secretito que voy a darte hoy -dijo en voz baja-. Nadie conoce mi historia personal. Nadie sabe quién soy ni qué hago. Ni siquiera yo.

Achicó los ojos. No miraba en mi dirección sino más allá, por encima de mi hombro derecho. Estaba sentado con las piernas cruzadas, tenía la espalda derecha y sin embargo parecía de lo más relajado. En aquel instante era la imagen misma de la fiereza. Lo imaginé fantasiosamente como un jefe indio, un "guerrero de piel roja" en las románticas sagas fronterizas de mi niñez. Mi romanticismo me arrastró y un sentimiento de ambivalencia sumamente insidioso tejió su red en torno mío. Podía decir sinceramente que don Juan me simpatizaba mucho, y añadir, en el mismo aliento, que le tenía un miedo mortal. Sostuvo esa extraña mirada durante un momento largo.

-¿Cómo puedo saber quién soy, cuando soy todo esto? -dijo, barriendo el entorno con un gesto de su cabeza.

Luego posó en mí los ojos y sonrió.

-Poco a poco tienes que crear una niebla en tu alrededor; debes borrar todo cuanto te rodea hasta que nada pueda darse por hecho, hasta que nada sea ya cierto. Tu problema es que eres demasiado cierto. Tus empresas son demasiado ciertas; tus humores son demasiado ciertos. No tomes las cosas por hechas. Debes empezar a borrarte.

-¿Para qué? -pregunté, belicoso.

Se me aclaró que don Juan me estaba dando reglas de conducta. A lo largo de toda mi vida, yo había llegado al punto de ruptura cuando alguien trataba de decirme qué hacer; la sola idea de que me dijeran qué hacer me ponía de inmediato a la defensiva.

-Dijiste que querías aprender los asuntos de las plantas -dijo él calmadamente-. ¿Quieres recibir algo a cambio de nada? ¿Qué te crees que es esto? Quedamos en que tú me harías preguntas y yo te diría lo que sé. Si no te gusta, no tenemos nada más qué decirnos.

Su terrible franqueza me despertó resentimiento, y a regañadientes concedí que él tenía la razón.

-Entonces mírala por este lado -prosiguió-. Si quieres aprender los asuntos de las plantas, como en realidad no hay nada que decir de ellas, debes, entre otras cosas, borrar tu historia personal.

-¿Cómo? -pregunté.

-Empieza por lo fácil, como no revelar lo que verdaderamente haces. Luego debes dejar a todos los que te conozcan bien. Así construirás una niebla en tu alrededor.

-Pero eso es absurdo -protesté-. ¿Por qué no va a conocerme la gente? ¿Qué hay de malo en ello?

-Lo malo es que, una vez que te conocen, te dan por hecho, y desde ese momento no puedes ya romper el lazo de sus pensamientos. A mí en lo personal me gusta la libertad ilimitada de ser desconocido. Nadie me conoce con certeza constante, como te conocen a ti, por ejemplo.

-Pero eso sería mentir.

-No me importan las mentiras ni las verdades -dijo con severidad-. Las mentiras son mentiras solamente cuando tienes historia personal.

Argumenté qué no me gustaba engañar deliberadamente a la gente ni despistarla. Su respuesta fue que de cualquier manera yo despistaba a todo el mundo.

El viejo había tocado una llaga abierta en mi vida. No me detuve a preguntarle qué quería decir con eso ni cómo sabía que yo engañaba a la gente todo el tiempo. Simplemente reaccioné a su afirmación, defendiéndome a través de explicaciones. Dije tener la dolorosa conciencia de que mi familia y mis amigos me consideraban indigno de confianza, cuando en realidad jamás había dicho una mentira en toda mi vida.

-Siempre supiste mentir -dijo él-. Lo único que faltaba era que sabías por qué hacerlo. Ahora lo sabes.

Protesté.

-¿No ve usted que estoy harto de que la gente me considere indigno de confianza? -dije.

-Pero sí eres indigno de confianza -repuso con convicción.

-¡Que no, hombre, me llevan los demonios! -exclamé.

Mi actitud, en vez de forzarlo a la seriedad, lo hizo reír histéricamente. Sentí un enorme desprecio hacia el anciano por su engreimiento. Desdichadamente, estaba en lo cierto con respecto a mí.

Tras un rato me calmé y él siguió hablando.

-Cuando uno no tiene historia personal -explicó-, nada de lo que dice puede tomarse como una mentira. Tu problema es que tienes que explicarle todo a todos, por obligación, y al mismo tiempo quieres conservar la frescura, la novedad de lo que haces. Bueno, pues como no puedes sentirte estimulado después de explicar todo lo que has hecho, dices mentiras para seguir en marcha.

-Me hallaba en verdad perplejo por el matiz de nuestra conversación. Escribía lo mejor posible todos los detalles del diálogo, concentrándome en lo que don Juan decía en lugar de detenerme a deliberar en mis prejuicios o en el sentido de sus palabras.

-De ahora en adelante -dijo él-, debes simplemente enseñarle a la gente lo que quieras enseñarle, pero sin decirle nunca con exactitud cómo lo has hecho.

-¡Yo no puedo guardar secretos! -exclamé-. Lo que usted dice es inútil para mí.

- ¡Pues cambia! -dijo en tono cortante y con un brillo feroz en la mirada.

Parecía un extraño animal salvaje. Y sin embargo era tan coherente en sus ideas, y tan verbal.

Mi molestia cedió el paso a un estado de confusión irritante.

-Verás -prosiguió-: sólo tenemos una alternativa: o tomamos todo por cierto, o no. Si hacemos lo primero, terminamos muertos de aburrimiento con nosotros mismos y con el mundo. Si hacemos lo segundo y borramos la historia personal, creamos una niebla a nuestro alrededor, un estado muy emocionante y misterioso en el que nadie sabe por dónde va a saltar la liebre, ni siquiera nosotros mismos.

Repuse que borrar la historia personal sólo acrecentaría nuestra sensación de inseguridad.

-Cuando nada es cierto nos mantenemos alertas, de puntillas todo el tiempo -dijo él-. Es más emocionante no saber detrás de cuál matorral se esconde la liebre, que portarnos como si lo conociéramos todo.

No dijo una palabra más durante un rato muy largo; acaso una hora transcurrió en completo silencio. Yo no sabía qué preguntar. Finalmente, se puso de pie y me pidió llevarlo al pueblo cercano.

Yo ignoraba el motivo, pero nuestra conversación me había agotado. Tenía ganas de dormir. Él me pidió parar en el camino y me dijo que, si deseaba descansar, debía trepar a la cima plana de una loma al lado de la carretera y acostarme bocabajo con la cabeza hacia el este.

Parecía tener un sentimiento de urgencia. Yo no quise discutir, o acaso me encontraba demasiado cansado hasta para hablar. Subí al cerro e hice lo que él me había indicado.

Dormí sólo dos o tres minutos, pero fueron suficientes para que mi energía se renovara.

Llegamos al centro del pueblo, donde quiso que lo dejase.

-Vuelve -dijo al bajar del coche-. Acuérdate de volver.



COMENTARIO PERSONAL SOBRE «NO CARGAR CON LA HISTORIA PERSONAL»

No cargar con la historia personal es todo un logro. ¿De qué sirve, realmente, estar aportando informes personales cada vez que uno se encuentra con alguien?

Informar qué sientes, qué piensas, cuál es tu opinión sobre aquello o esto, qué planes tienes, cuáles son tus deseos, qué opinas de la vida, qué hechos acaecieron.

No sé si alguna vez te ha pasado, una vez se me ocurrió comentar un hecho, que para mí era importante en ese momento. Gané un premio a base de esfuerzos, conseguí mediante sistema de puntos, un viaje en avión hasta Atenas para dos personas. Estaba feliz, pensar que por fín iba a visitar la tierra de mi abuelo paterno, pensar que iba a poder contemplar el Partenón o visitar los museos de Atenas, pasear por sus calles, comer en el barrio de Plaka, en fín, estaba muy ilusionado y lo comenté con toda persona con quien pude encontrarme, en señal de celebración.

Hasta que mi ex-mujer se enteró y dijo: «Ojalá te caigas en ese avión», fue tan terrible esa afirmación que sentí un profundo temor, pues no fueron palabras, sentí un vacío en el estómago y decidí perder ese vuelo.

La envidia echa abajo cualquier cosa buena que nos pase, es triste que existan «amigos» o «familiares» que no compartan tu alegría y secretamente te envidien, es una energía terminante, nefasta y muy negativa. 

Por eso, no hay que levantar envidia en nadie, y es necesario no compartir «historia personal». Si tienes un proyecto en mente, no lo difundas, ponlo en práctica, hazlo, pero sin difundir ni compartir con nadie.

Y es que, todo se basa finalmente en términos de energía. Las trazas son como unos haces de luz oscura, más oscura que el resto de las fibras que se observan en el ser humano que delatan que son energía ajena. Todos los seres humanos nos contaminamos de trazas, es como si el hecho de salir y encontrarse con gente, nos mancha nuestra estructura energética y cuando compartimos información (como contar nuestra historia personal, ponernos al día), la información es energía y ésta se comparte mediante trazas, trazas que dejamos en esa otra persona y trazas que esa otra persona nos deja.

La energía ajena tiene mala consecuencia, pues nos provoca enfermedades, por el hecho de que si su nivel energético es inferior al nuestro (tiene menos brillo o luz), finalmente acaba por realentizar las velocidades de los anillos de los chakras, si la traza es suficientemente densa y compacta ya se convierte en una cristalización y eso puede llegar a parar la velocidad de un campo energético local creando malformaciones energéticas y rompiendo el equilibrio salud/enfermedad/muerte.

Hablar de cosas inconsistentes y superficiales permite que las trazas que se formen, a través del sueño ordinario quedan eliminadas.

Hablar poco ayuda a la autoconservación del campo energético propio manteniendo sus características primordiales.

Cargar con la historia personal es como llevar infinidad de maletas de un lado para el otro, si nos libramos de esta tontería a la que llaman algunos «sociabilidad» tenemos avanzado gran parte del camino hacia la libertad personal y la satisfacción.

Borrar la historia personal es un proceso que realiza mediante la RECAPITULACIÓN, técnica explicada en varios libros de la saga castanediense. Cada vez que haya un evento que necesitemos borrar la historia personal, haremos una visualización lo más detallada posible del escenario (hay técnicas precisas para la meditación con visualización recreativa) torcemos la cabeza a la izquierda, imaginamos una pantalla gigante con los hechos y tomamos el aire, giramos hacia la derecha, expulsando y borrando esa escena y así sucesivamente para acabar con toda la historia personal ya compartida, así se recuperan nuestras trazas y eliminamos la energía ajena.







sábado, 3 de enero de 2026

[2] LAS CONSTELACIONES DEL CAN MAYOR Y CAN MENOR como nunca la has visto: LOCALIZACIÓN y GENERALIDADES

Estés donde estés, sea España, Argentina, India, Japón o Nueva Zelanda, las noches de enero, febrero y marzo de cada año nos brinda la oportunidad de observar esta prominente estrella blanco-azulada, cuyo nombre es SIRIO (o en latín, SIRIUS), tradicionalmente conocida como LA ESTRELLA DEL PERRO y que da nombre a la constelación del CAN MAYOR, destacada formación de estrellas brillantes situadas en la región al sudeste de Orión cuando está pasando por su meridiano y que es visible ampliamente desde cualquier latitud debido a su cercanía al ecuador celeste.

El Can Mayor pasa por el meridiano en estos días a primera hora de la noche y desde España es posible verla por completo si no hay obstáculos terrestres en el horizonte sur, desde las costas meridionales de España (Andalucía), el litoral mediterráneo levantino y desde las islas Canarias, podemos verla en toda su magnificencia, cuanto más al sur, más hermosa se nos presenta, pues es una constelación austral. La observé desde Venezuela a 7º escasos del ecuador y pasa muy alta por los bellos y despejados cielos venezolanos, con escasa luz artificial, ofreciendo un espectáculo maravilloso junto al resto de las guirnaldas del cielo invernal (veraniego para el hemisferio sur).

La constelación representa al perro grande que acompaña en sus cacerías al gigante Orión, hay un perro pequeño, es la constelación del Can Menor y su estrella representantiva de Procyon (Proción) «la que sigue al perro (grande) o Sirio» 

Internacionalmente, usamos (como la tradición manda) nombrar la constelación en latín, en dos casos: nominativo (El perro mayor) y genitivo (del perro mayor), el genitivo es usado para denominar a las estrellas, en la nomenclatura Bayer usamos una letra griega minúscula y en la nomenclatura Flamteed, un número.

LATÍN NOMINATIVO:   CANIS MAJOR  [CANIS MAIOR]

LATÍN GENITIVO:           CANIS MAJORIS [CANIS MAIORIS]

De ambas formas es correcto, pero tengan en cuenta que la letra J en latín clásico no existía, sino que era la I.

ABREVIATURA:                CMa

Y para la constelación del Can Menor, tenemos que:

LATÍN NOMINATIVO:   CANIS MINOR 

LATÍN GENITIVO:           CANIS MINORIS 

ABREVIATURA:                CMi

La superficie esférica del Can Mayor es de 380,11 º² (posición 43 de 88 constelaciones).

Por otro lado, la superficie esférica del Can Menor es de 183,4 º² (posición 71 de 88 constelaciones).




Tanto el Can mayor como el Can Menor son constelaciones clásicas pertenecientes a las 48 constelaciones cartografiadas por Tolomeo en su Almagesto hace dos milenios.

El invierno (boreal) se caracteriza por este triángulo formado por Proción, Betelgeuse y Sirio. En esta serie de entradas voy a tratar las constelaciones del Can Mayor y Can Menor, Orión ya fue explicado, busca el índice en el combo a la izquierda de la pantalla descendiendo hasta encontrarlo.


Cada una de estas tres constelaciones se caracterizan por tres brillantes estrellas:

Betelgeuse (alfa orionis). En español es Betelgeuse.
Procyon (alfa canis minoris). En español es Proción.
Sirius (alfa canis majoris). En español es Sirio.

Las tres forman un triángulo prácticamente equilátero y este asterismo es conocido como el TRIÁNGULO DE INVIERNO y es visible mirando hacia el Sur.

Entre Can Mayor y Can Menor hay una constelación débil que las separa, se trata de la constelación del Unicornio (Monoceros).

Sirio se localiza muy fácilmente a partir de las tres estrellas del cinturón de Orión (Alnitak, Alnilam y Mintaka) prolongando hacia el sudeste encontraremos inmediatamente esta brillante luminaria.

El triángulo de invierno lo componen las estrellas Betelgeuse (Orión), Proción (Can menor) y Sirio (Can mayor)

En el hemisferio sur deberán comprender que estas constelaciones son observables en el verano austral y son visibles mirando hacia desde el cénit y en dirección al norte.








[1] LAS CONSTELACIONES DEL CAN MAYOR Y CAN MENOR como nunca la has visto: MITOS Y LEYENDAS

Can Mayor y Can Menor


Desde tiempos remotos, en la prehistoria, el perro ha demostrado ser un fiel compañero del hombre, es inevitable, por tanto, que la tradición astrológica los tuviese en cuenta a la hora de configurar las constelaciones. Es por lo que hay una constelación dedicada a un gran perro (Can Major) y otra dedicada a un pequeño perro (Can Minor) en el cielo invernal y muy próximas a Orión.

Can Mayor (Canis Maior)

Mitología clásica



En la tradición grecorromana, Can Mayor es el perro de caza que lleva consigo Orión, el gran cazador. Existen varias versiones: en unas, es simplemente uno de sus perros de caza; en otras, se le identifica con Lélaps, un perro mítico destinado a capturar siempre a su presa. Esta condición de cazador infalible refuerza la asociación simbólica entre la constelación, la persecución y la potencia instintiva. 

El protagonismo absoluto de la constelación recae en Sirio, “la estrella del perro” (Seirios, “abrasador” o “ardiente”), cuyo brillo excepcional hizo que fuese percibida desde la Antigüedad como una presencia casi peligrosa en el cielo. Los sabios griegos consideraban que la conjunción del Sol con Sirio se reforzaba el calor de nuestra estrella hasta secar la tierra, son los días de la Canícula”.

En el cielo, el Can Mayor persigue a la liebre que se encuentra bajo Orión.

Simbolismo

Can Mayor encarna la fuerza primaria, el impulso vital y la energía desbordante, a veces benéfica y a veces destructiva. El perro no es aquí solo un compañero fiel, sino una criatura poderosa, asociada al calor extremo, la violencia del verano y las pasiones exacerbadas.

Esta dimensión simbólica se cristaliza en la idea de los “días caniculares”, el periodo más caluroso del año, que comienza con la salida helíaca de Sirio. Durante estos días se creía que aumentaban las enfermedades, la locura y los conflictos, pero también la fertilidad y la fuerza vital de la naturaleza.

Historia y tradición cultural

En el Antiguo Egipto, Sirio (Sopdet para los egipcios, Sothis para los griegos) tenía un valor extraordinario: su salida heliaca coincidía con la crecida anual del Nilo, fundamento de la vida agrícola. Así, Can Mayor quedó vinculado no solo al calor, sino al renacimiento, la regeneración y el orden cósmico. Sirio estaba asociado a Isis, diosa de la vida y la resurrección.

En el mundo grecorromano, en cambio, predominó una visión más ambivalente: Sirio traía tanto luz como calamidad. Esta dualidad convirtió a Can Mayor en símbolo de una energía cósmica excesiva, que debe ser dominada o encauzada.

Can Menor (Canis Minor)

Mitología clásica

El can menor aparece sobre la figura del unicornio, al sur está la antigua constelación de la máquina tipográfica, hoy inexistente, el can mayor figura a la derecha y abajo del unicornio (Monoceros).


Can Menor es el segundo perro de Orión, más pequeño y discreto. En algunas tradiciones se identifica con Mera, el perro del viticultor Icario, cuya muerte injusta provocó la desesperación de su hija Erígone. Zeus habría colocado al perro en el cielo como constelación, reforzando su carácter de testigo fiel del sufrimiento humano.

Su estrella principal, Proción (“quien antecede al perro”), sale antes que Sirio, como anunciando su llegada. Esto ya sugiere un simbolismo de anticipación y advertencia.

Simbolismo

Frente a la energía desbordante de Can Mayor, Can Menor representa una fidelidad silenciosa, una vigilancia constante pero menos agresiva. Es el perro atento, el que presiente antes que actúa.

Proción se asocia a la prudencia, a la inteligencia práctica y a la alerta temprana. No quema como Sirio, sino que avisa. En términos simbólicos, Can Menor encarna la razón instintiva, el equilibrio entre emoción y control.

Historia y tradición cultural

Can Menor tuvo siempre un papel secundario en la astronomía antigua, pero no por ello irrelevante. Su discreción reforzó su carácter simbólico: no es la constelación del exceso, sino de la moderación.

En la tradición helenística y medieval, Proción fue considerada una estrella de naturaleza mixta (Mercurio–Marte), asociada a la astucia, la capacidad de anticipación y, en ocasiones, a la inquietud mental.


Simbolismo conjunto: los dos perros celestes


Estos no son los únicos perros que hay en el cielo, la pequeña constelación de los Lebreles (Canes Venatici) situada bajo el carro de la Osa Mayor indica la existencia de otros dos perros de caza o lebreles.

Can Mayor y Can Menor forman una pareja simbólica profundamente coherente:

  • Can Mayor / Sirio: fuerza, fuego, exceso, vida y destrucción.

  • Can Menor / Proción: advertencia, mesura, fidelidad reflexiva.

Ambos siguen a Orión, figura del héroe trágico, lo que refuerza la lectura de los perros como instintos que acompañan al ser humano: uno impetuoso y peligroso, otro atento y protector.

En conjunto, representan una visión antigua pero muy sofisticada de la condición humana: la necesidad de dominar la energía vital sin apagarla, de escuchar tanto al impulso como a la advertencia.